Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
El concilio de Trento definió que los sacramentos propios y verdaderos de
la Nueva Alianza instituidos por Cristo son siete, ni más ni menos[1].
Pero esta conciencia del número septenario de los sacramentos sólo fue
madurando progresivamente en la teología, ya que la Biblia no nos ofrece ningún
criterio en este sentido ni conoce un concepto de sacramento que pueda
aplicarse a cada uno de los ritos designados luego con este nombre, aunque dé
suficientes indicaciones sobre cada uno de los siete sacramentos.
Los Padres de la Iglesia, a pesar de que tratan de todos los sacramentos,
ofrecen una lista completa del septenario.
Las listas empiezan a aparecer sobre todo a partir del siglo XI, cuando
comenzó a profundizarse en el concepto de sacramento sobre la base de las
definiciones dadas por san Agustín.
San Pedro Damiani en 1072, presenta una lista de doce sacramentos, en la
que no están presentes, sin embargo, la eucaristía ni el Orden Sacerdotal; pero
otros autores no esconden las dificultades de establecer el número preciso de
los sacramentos, oscilando entre dos, el bautismo y la eucaristía y un número
sin precisar, pero notable, como hace san Bernardo. Sería la escuela de
Abelardo la que ofreció una clave de solución a este problema, con la
distinción entre “sacramentos mayores” o “espirituales”, necesarios para la
salvación, y los demás sacramentos de menor importancia, destinados sólo a
incrementar la devoción de los fieles o a ofrecer los objetos necesarios para
el culto.
LOS SACRAMENTOS “MAYORES” Y LOS
SACRAMENTOS “MENORES”
Sería Pedro Lombardo[2]
en 1148 el que dio la enumeración de los siete sacramentos (los denominados
“Mayores”), distinguiéndolos de los otros ritos de la Iglesia y completando de
este modo las listas anteriores del cardenal Roberto Pull, donde faltaba la unción
de los enfermos y de la Summa sententiarum, de donde estaba ausente el Orden
Sacerdotal.
Sería en el
siglo XIII cuando la lista de Lombardo fue aceptada por todos los grandes
escolásticos, que expusieron detalladamente las conveniencias racionales del
número septenario de los sacramentos.
De igual
manera, sería en el concilio de Lyón, en 1274, cuando la Iglesia latina y la
griega confesaron de común acuerdo el dogma del número septenario[3].
Esta rapidez
en la difusión de esta doctrina sacramental sería inexplicable si hubiera sido
una invención de Pedro Lombardo, sin fundamento alguno en la tradición. Él no
hizo otra cosa más que formular de manera más clara que los teólogos
precedentes los datos de la tradición. Los sacramentos fueron siempre practicados
con fe en su eficacia, pero su forma sistemática tuvo progresos, por lo que la
afirmación de los siete sacramentos que producen la gracia ex opere operato no
era evidente hasta entonces por falta de precisión en el lenguaje teológico.
EXPLICACIÓN DEL NÚMERO SIETE PARA
LOS SACRAMENTOS.
Muchos teólogos han intentado responder a esta cuestión viendo sobre
todo los efectos de los sacramentos y los fines por los que fueron instituidos.
Alberto Magno, pensaba que los sacramentos son siete porque estaban instituidos
para combatir los siete vicios capitales.
Buenaventura, por el contrario, vio una correspondencia entre los
sacramentos, las siete virtudes cristianas[4]
y las siete enfermedades causadas por el pecado[5]
y que destruyen los sacramentos.
La explicación de santo Tomás de Aquino, aunque se sitúa en la misma
línea de solución, es más amplia y articulada. El principio fundamental de
santo Tomás es que el organismo sacramental abraza toda la vida cristiana,
tanto de los individuos como de la Iglesia.
Este
principio se basa en la analogía entre la armonía de la vida natural del hombre
y la de su vida sobrenatural, de manera que el desarrollo de la vida espiritual
del cristiano sigue un camino semejante al de la vida corporal, que pasa por
siete etapas, a fin de alcanzar la perfección respecto a la propia persona y
respecto a la sociedad en que vive[6].
La motivación antropológico-eclesial de santo Tomás fue recogida más tarde por
el Catecismo del concilio de Trento, por la encíclica Mystici Corporis, de Pío
XII, y por la Constitución Lumen Gentium 11, del Vaticano II.
También
es común la motivación simbólica del número siete para indicar la totalidad.
Algunos Padres ven en el número siete la suma de cuatro, que indica la inmanencia,
lo físico, el cosmos, y de tres que indica lo trascendente, es decir, se trata
de la síntesis de lo visible y lo invisible, del Verbo encarnado, de la
totalidad de Dios que pone ritmo a la totalidad de la existencia humana en la
economía histórico-salvífica de la encarnación.
JUSTIFICACION PARA LOS SIETE
SACRAMENTOS.
Ninguno
de los siete sacramentos resulta haber sido instituido por un concilio, por un
Romano Pontífice, por una comunidad o iglesia particular. Se trata de una
verdad de antigua tradición. Recordemos lo que enseña san Agustín: "Quod
universa tenet Ecclesia, nec Conciliis institutum est sed semper retentum est,
nonnisi auctoritate apostolica traditum rectissime creditur"[7].
La Iglesia ortodoxa admite y celebra los siete sacramentos
como lo muestran los libros litúrgicos, las declaraciones de los concilios
unionistas de Lyón y Florencia, las profesiones oficiales de fe y las
respuestas dadas a los protestantes con ocasión de los intentos de éstos por
atraer a los ortodoxos orientales a su propio ámbito.
El hecho es que a cuantos presentaron la versión griega de la "Confessio Augustana como base para intentos unionistas, el patriarca Jeremías II de Jerusalén, de acuerdo con Simeón de Tesalónica escribió en 1576: "Los misterios o sacramentos que se encuentran en la Iglesia católica de los cristianos ortodoxos son siete: Bautismo, Confirmación, Penitencia Eucaristía, Orden, Matrimonio y Unción de enfermos.
El hecho es que a cuantos presentaron la versión griega de la "Confessio Augustana como base para intentos unionistas, el patriarca Jeremías II de Jerusalén, de acuerdo con Simeón de Tesalónica escribió en 1576: "Los misterios o sacramentos que se encuentran en la Iglesia católica de los cristianos ortodoxos son siete: Bautismo, Confirmación, Penitencia Eucaristía, Orden, Matrimonio y Unción de enfermos.
Siete, de hecho son los dones del Espíritu divino, como dice
Isaías, y siete los misterios (palabra griega para "sacramento") de
la Iglesia que tienen eficacia por obra del Espíritu".
La Iglesia monofisita, cuya separación se remonta al S. V, a
una época posterior a la elaboración doctrinal del concepto de sacramento,
conserva el firme parecer del número septenario de los sacramentos, como está
escrito en el catecismo del obispo Barsaum: "Los sacramentos de la Iglesia
son bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, orden, unción de enfermos y
matrimonio"[8]
En conclusión, los siete
sacramentos entran en la constitución de la Iglesia como sacramento: son como
las actuaciones vitales, aunque no las únicas, de la Iglesia en el tiempo. Pero
algunos sacramentos ocupan un lugar primario respecto a los demás: el bautismo,
en cuanto constitutivo del pueblo de Dios, y la eucaristía, que contiene a
Cristo real y substancialmente, creando y expresando la comunión de los
cristianos en el único Cuerpo de Cristo resucitado.
BIBLIOGRAFÍA.-
El septenario sacramental y los sacramentales según los Salmanticenses (s. SVII). Un comentario al "Cursus Theologicus" (Dionisio Borobio, Salmanticensis, ISSN 0036-3537, Vol. 58, Fasc. 3, 2011, págs. 395-425)
J Auer, Los sacramentos de la Iglesia, Herder, Barcelona 1983;
G. Fourez, Los sacramentos y vida del hombre, Sal Terrae, Santander 1983;
J. M. Castillo, Símbolos de libertad, Teología de los sacramentos, sígueme, Salamanca 1980;
L. Maldonado, Iniciaciones a la teología de los sacramentos, Marova, Madrid 1977.
I. Barsaum, Pequeño catecismo de los sirios disidentes Der Zafran 1912
[1] cf. DS 1601
[2] IV Sent.
[3] cf. DS 860
[4] Las tres teologales y las cuatro cardinales
[5] Septiformis morbus
[6] S, Th. 111, q.65, a. 1
[7] De Baptismo IV, 24,13
[8] . I. Barsaum, Pequeño catecismo de los sirios disidentes Der Zafran 1912