martes, 5 de julio de 2016

Y a la Madre la llaman Santa María del Carmen y Rocío.....

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,

¿Qué entendemos por Santa María del Carmen cuando nos referimos a la advocación de María?

Santa María del Monte Carmelo, referida comúnmente como Virgen del Carmen o Nuestra Señora del Carmen, es una de las diversas advocaciones de la Virgen María. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, un nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como 'jardín'. Existen hoy en activo órdenes carmelitas repartidas por todo el mundo, masculinas y femeninas, las cuales giran en torno a esta figura mariana.

En España, Puerto Rico y Costa Rica es patrona del mar, también es patrona de la Armada Española. Es considerada Reina y Patrona de Chile, de sus Fuerzas Armadas y de los Carabineros; es patrona de la Policía Nacional de los colombianos y de los conductores en Colombia; en Bolivia es la Patrona de la Nación y de sus Fuerzas Armadas; en el Perú es “Patrona del criollismo" y "Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de Lima, y en Venezuela es la patrona del Ejército y los conductores. Además, fue la patrona del Ejército de los Andes que, liderado por el general José de San Martín, gestó la independencia de Argentina y Chile.

Esta advocación da nombre a todas aquellas personas que se llaman Carmen, Carmela o Carmelo, celebrando su onomástica el día de la fiesta de esta Virgen, el 16 de julio.

La veneración cristiana se remonta al grupo de ermitaños que, inspirados en el profeta Elías, se retiraron a vivir en el Monte Carmelo, considerado el jardín de Israel ("Karmel" significa "jardín"). Estos devotos, después de las cruzadas, formaron en Europa la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas). El Monte Carmelo, situado en la actual Israel, ha sido un sitio de devoción religiosa desde la antigüedad. En la Biblia Hebrea se le menciona con el nombre de Hakkarmel (lugar del jardín), en el libro del profeta Isaías como un lugar de gran belleza y aparece también en relación al profeta Elías. No aparece, sin embargo, en el Nuevo Testamento.

Según la tradición carmelita, el 16 de julio de 1251, la imagen de la Virgen del Carmen se le habría aparecido, a San Simón Stock, superior general de la Orden, a quien le entregó sus hábitos y el escapulario, principal signo del culto mariano carmelita. Según esa tradición moderna, la Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida, el sábado siguiente a la muerte de la persona y llevarlos al cielo. Esta veneración recibió reconocimiento papal en 1587 y ha sido respaldada por los Pontífices posteriores, en especial lo referente al escapulario.

¿Y por Virgen del Rocío?

Bíblicamente, el rocío es símbolo de las bendiciones de Dios y de su acción creadora y vivificante, atribuida al Espíritu Santo, puesto de relieve en el pueblo judío ante la importancia del “rocío” en su vida agrícola, ya que los climas secos de Palestina hacían del agua una bendición de Dios. El pueblo hebreo, hizo del rocío símbolo de fecundidad y bendición.

En Isaías, veremos como el rocío pasará de ser un signo físico a un signo divino “Cielos, enviad rocío de lo alto, y las nubes lluevan al justo: ábrase la tierra y brote el Salvador” (Is. 45, 8). En el Nuevo Testamento, esta efusión será dada por el Espíritu Santo en el día de Pentecostés.

El pueblo Onubense de Almonte, cambió, el nombre a Santa María de las Rocinas, patrona de este municipio y la llamó desde 1653 del Rocío, con alusión al místico rocío del Espíritu Santo, dador de vida, respondiendo a los intensos cambios que por entonces se vivían en la Iglesia, celebrándose su fiesta en la pascua de Pentecostés.

Con este título se inserta la figura de María (Theotokos) en el contexto general de la historia de la salvación. María y la Iglesia, encontradas en ese lugar que es la fecundidad para la vida cristiana.

La imagen de la Virgen del Rocío es una interpretación abstracta, teológica, de la persona de María en la plenitud de su función maternal: respecto de Cristo-Salvador-Cabeza del Cuerpo Místico (San Pablo), y, consecuentemente, respecto de los cristianos, de la Iglesia, de los hombres.

Para el pueblo almonteño, aclama a la Virgen del Rocío como “Blanca Paloma”, nombre dado por los antepasados al Espíritu Santo. Desde que se le cambiara a la Virgen el nombre por el de Rocío, se puso en el camarín, sobre su cabeza, en el techo del palio o incluso en el bordado del centro de su manto.

Al Espíritu Santo, se dirigían esas aclamaciones. Bíblicamente, la paloma no es sólo figura y símbolo del Espíritu Santo, sino que significa y representa también al pueblo de Israel, al pueblo de Dios. Viene a ser en la devoción rociera signo de la vinculación del lazo existente entre el Espíritu Santo, María y la Iglesia.

En la ciudad de Sevilla, hay una hermandad de carácter penitencial que adoptará como Titular a la Virgen del Carmen: Hermandad Carmelita de las Maravillas de María y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Paz y Nuestra Señora del Carmen en Sus Misterios Dolorosos. Con carácter de gloria, serán cinco las que tendrán como Titular a la Virgen del Carmen: Ntra. Sra. del Carmen de Santa Catalina, San Gil, Calatrava, San Leandro y Triana.

Una hermandad de carácter penitencial en Sevilla adoptará como Titular a la Virgen del Rocío, la Hermandad conocida como la del “Beso de Judas” (Redención). Por ende, serán seis de Gloria las que tendrán como Titular a la Virgen del Rocío: El Salvador, Triana, Macarena, Cerro del Águila, Sevilla Sur y Castrense. En la actualidad la Hermandad Matriz se encuentra en Almonte y existen ciento diecisiete hermandades filiares con esta advocación. El carácter de la devoción rociera es internacional.

martes, 28 de junio de 2016

Y A LA MADRE DE DIOS LA LLAMAN REMEDIOS, VICTORIA Y DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS...

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,

¿Qué entendemos por Remedios cuando nos referimos a la advocación de María?

Por Remedios aludimos a la advocación mariana ligada desde sus orígenes a la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, conocidos como Trinitarios, fundada por San Juan de Mata y San Félix de Valois y aprobada por el Papa Inocencio III el 17 de diciembre de 1198; extendiéndose a partir del siglo XIV por Europa y América. El Papa Juan XXIII aprobó en 1959 el patronazgo de la Virgen de los Remedios para toda la Familia Trinitaria. Numerosas ciudades han tomado a esta advocación como su patrona, y muchas iglesias y templos están consagrados a su nombre. Otras derivaciones de la misma adveración son: Virgen del Remedio y Virgen del Buen Remedio. Remedios, es una advocación mariana, muy socorrida en la Edad Media para combatir las epidemias de peste que asolaban Europa

¿Y por Virgen de la Victoria?

Los Frailes Mínimos de San Francisco de Paula difundieron a través de sus conventos el culto a Santa María de la Victoria, una representación mariana vinculada a la conquista de Málaga por los Reyes Católicos, Estos religiosos no fueron los únicos que poseyeron en su santoral particular el culto a la Virgen de la victoria. En los últimos años se han estudiado distintos aspectos devocionales de esta advocación. Del análisis de los ejemplos conservados en España, consideramos que estas imágenes de la Victoria deben ser agrupadas en dos bloques: la patrona de Málaga, y las restantes que no responden a un arquetipo o iconografía concreta: la inclinación religiosa hacia el carácter providencialista de María, la Madre de Dios. Las imágenes de la virgen con la advocación de la Victoria son productos de la acción de gracias de los reyes o responsables militares con motivo de logar los triunfos bélicos.

¿Y por Divina Pastora de las Almas?

La Divina Pastora (también conocida como Divina Pastora de las Almas, Madre Divina Pastora o Madre del Buen Pastor) es una advocación mariana que representa a la Bienaventurada Virgen María como la pastora celestial.

Los orígenes de la devoción son imprecisos hasta el siglo XVIII. Existen referencias de la Virgen María como pastora en la vida y escritos de Juan el Geómetra (siglo X), San Juan de Dios, San Pedro de Alcántara, la venerable María Jesús de Ágreda, Santa María de las Cinco Llagas.

Sin embargo, la labor de darla a conocer fue concebida en Sevilla en el año 1703 en la mente de un sacerdote capuchino de gran devoción mariana conocido como Fray Isidoro de Sevilla. Este capuchino le encargó un lienzo con tal representación al artista Alonso Miguel de Tovar de la Escuela pictórica sevillana y escribió La Pastora Coronada (Sevilla, 1705) en la que expuso su idea predicable de la Virgen en traje de pastora.

El 8 de septiembre de 1703, durante la fiesta de La Natividad de la Virgen, se realiza la primera procesión en que es mostrado el lienzo a la feligresía. Posteriormente, Francisco Ruiz Gijón, esculpió la primera imagen tamaño natural de la Divina Pastora. Esta imagen es llevada en su primera procesión en octubre de 1705, con gran solemnidad, hasta la iglesia parroquial de Santa Marina, que para el momento constituía la novena sede de la Primitiva Hermandad del Rebaño de María. A partir de 1705, se comenzó a propagar por todos los territorios del reino de España y América esta advocación mariana. Un papel importante en esto tuvo el Beato Diego José de Cádiz.

Son muy populares las representaciones de esta advocación en Andalucía, por ser principalmente una devoción extendida desde Sevilla a todo el territorio andaluz, algunas cuentan con mucha antigüedad y tradición.

En la ciudad de Sevilla, hay cinco hermandades de carácter no penitencial que adoptan como Titular a la Divina Pastora de las Almas: la de Santa Marina (considerada como la “primitiva”), Capuchinos (coronada canónicamente), San Antonio, Triana y Padre Pío. En cuanto a la provincia de Sevilla, cabe destacar de manera especial la hermandad pastoreña constituida en Cantillana, también coronada canónicamente, por su especial relevancia y manifiesta devoción general.

En Sevilla, será la Titular de la hermandad de las Siete Palabras la que adopte la advocación de María Santísima de los Remedios.

De igual manera, la advocación mariana de Virgen de la Victoria será adoptada por la sevillana hermandad de las Cigarreras.

miércoles, 22 de junio de 2016

Y A LA MADRE DE DIOS LA LLAMAN ESPERANZA DE LA “O”, VISITACIÓN Y SEXTA ANGUSTIA

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,

¿Qué entendemos por Esperanza de la “O” y Visitación cuando nos referimos a la advocación de María?

Virgen de la “O” es una advocación mariana en la que se la asocia con el Adviento o espera de la Natividad de Cristo (además de con la virtud teologal de la esperanza); el período en que la Virgen María estaba embarazada.

La razón del nombre "O" es la exclamación admirativa "oh", que inicia las antífonas del cántico evangélico en la oración de Vísperas desde el 17 al 23 de diciembre, las llamadas Antífonas mayores o Antífonas de Adviento. Así, por ejemplo “Oh Sabiduría que brotaste de los labios del Altísimo (día 17)”. También se refiere como origen de la denominación el aspecto iconográfico de la Virgen de la Buena Esperanza representada frecuentemente con un círculo en el abdomen simulando la gestación, en el que en ocasiones se sitúa el feto de Jesús dibujado o esculpido, y cuyo borde semeja una O, aunque esta ha desaparecido en la iconografía moderna.

Por Visitación entenderemos el término con el que se designa en el cristianismo a la visita realizada por la Virgen María, embarazada de Jesús, a su pariente Isabel, embarazada a su vez de Juan el Bautista. Se trata de un pasaje único del Evangelio de Lucas (1, 39-56).

El pasaje contiene expresiones muy apreciadas por diferentes denominaciones cristianas. Entre ellas se cuentan las palabras de Isabel incluidas hoy en el
“Ave María”, oración mariana del catolicismo, y la respuesta de María a modo de cántico, conocida como el “Magníficat”: Proclama mi alma la grandeza del Señor….

Lucas (1, 39) refiere que María, luego de la Anunciación, fue “con prontitud” a una ciudad de Judá situada en la región montañosa. Hoy en día, esta ciudad se identificó con Ain Karim, a 6 km al oeste de Jerusalén.

La finalidad de la visita de María habría sido para asistirla y, al mismo tiempo, recibir consejo. La traducción del texto griego “meta spoudēs” puede significar “con prontitud”, “con prisa”, pero también “muy solícitamente” o “con impaciencia”.  De allí que se suele interpretar la actitud de María como un ejemplo de servicio y entrega a los demás.

La fiesta de la Visitación se celebra el 31 de mayo. Hasta la reforma actual del Calendariam Romanum (decretada por Pablo VI el 14 de febrero de 1969) se celebraba el 2 de julio y en muchas localidades donde es su fiesta patronal se sigue celebrando en su antigua fecha. Pero como esa fecha es posterior a la del nacimiento de Juan el Bautista (24 de junio), en la reforma del calendario tras el Concilio Vaticano II se trasladó al 31 de mayo, con lo que también supone el cierre del mes de mayo, que la Iglesia tradicionalmente dedica a María.

En sus orígenes, la fiesta fue introducida en 1263 por San Buenaventura, general de la Orden Franciscana específicamente para su Orden. Con el crecimiento de ésta también la fiesta se fue divulgando y el Papa Pío V la introdujo en el calendario de la Iglesia universal.

¿Y por Sexta Angustia?

Los siete dolores de María son un conjunto de sucesos de la vida de la Virgen María que son una advocación popular. Se la invoca en latín como “Maria Virgo Perdolens” o “Mater Dolorosa” y es una de las numerosas advocaciones a través de las cuales la Iglesia Católica venera a la Virgen María. La advocación (Dolores) destaca el sentimiento de dolor de la madre ante el sufrimiento de su hijo. Los "siete dolores" hacen referencia a los siete episodios de la vida de Jesucristo, relatados por los evangelios, que hicieron sufrir a María, quien acompañaba a su hijo en su misión de Redentor.

La devoción a la Mater Dolorosa se desarrolla a partir de finales del siglo XI. En 1239, en la diócesis de Florencia, la Orden de los Servitas u Orden de frailes Siervos de María, cuya espiritualidad estaba muy ligada a la Santa Virgen, fijó la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre.

La “Sexta Angustia” de María, corresponde al pasaje evangélico en donde María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46) Jesús muerto en brazos de María.

La advocación “Visitación”, “O” y “Sexta Angustia” es también un tema menos frecuente en el arte y en la religiosidad popular, si en su advocación de origen, como es el caso de la Esperanza (O y Visitación) o Dolores de María (para el caso de la Sexta Angustia).

En la ciudad de Sevilla, hay tres hermandades de carácter penitencial (una de ellas extintas y recuperada por un grupo parroquial asentado en la Real Parroquia de Santa Ana) que tienen como titular mariana a la Virgen de la “O”, la Virgen de la Visitación o a la Sexta Angustia de María: Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno y María Stma. de la “O”, Hermandad de Santa María del Buen Aire y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de Pasión y Muerte, Resurrección de Nuestro Señor y Nuestra Señora del Desconsuelo y Visitación y la Asociación de Fieles de Ntro. Padre Jesús de la Salvación, Mª Santísima de la  Sexta Angustia y Stmo. Cristo del Amor, San Joaquín y Santa Ana (Triana)

jueves, 9 de junio de 2016

Y a la Madre de Dios la llaman Salud y Patrocinio...

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,

¿Qué entendemos por Patrocinio cuando nos referimos a la advocación de María?

En el Evangelio de San Juan, el evangelista nos cuenta cómo Jesús, cuando iba a morir, entrega a todos los cristianos, a María como Madre en la figura del discípulo "a quien amaba" (Jn 19,26) con estas palabras: "Ahí tienes a tu madre" (Jn 19,27).

Desde este momento estamos llamados, junto con San Juan, a acoger en nosotros a María, amándola e imitándola y experimentando su especial ternura materna. Por eso la filiación con María es camino privilegiado para encontrarnos con Jesús y vivir en plenitud la vida cristiana.

En la advocación de Patrocinio, se resalta especialmente esta maternidad espiritual de María. La madre de Dios (Theotokos) es nuestra madre, madre de la Iglesia y de todos sus miembros.

A esta maternidad espiritual corresponde una auténtica filiación mariana. Somos hijos de María que nos ha transmitido, a través de Cristo, la vida divina.

Patrocinio significa también protección y amparo. En María encontramos una madre que nos protege, nos da su gracia y amparo en vida y en muerte.

Ella es, pues, protección, amparo, auxilio mediador, abogada, modelo, estímulo, estrella, norte y guía: Patrocinio para cuantos se sienten necesitados.

¿Y por Salud?

La Virgen María ha sido invocada como protectora de la Salud desde los primeros siglos.

San Sabas, en el año 530 dirá que, en Oriente, la Virgen era llamada "Auxiliadora de los enfermos" porque junto a ella se obraban muchas curaciones. A partir del Siglo XIV y hasta el siglo XVII, cuando la peste se extendió por toda Europa y Asia provocando la muerte de gran parte de la población, que muchos pueblos se encomendaron a la protección de la Virgen María pidiendo por su intercesión a Dios, que librara de tan temible enfermedad. Al ser atendidas sus súplicas, y verse librados de la peste, en distintos lugares se erigieron en señal de agradecimiento, grutas y templos en dedicados a la Virgen, dándole a María los títulos de Virgen de la Salud, Santa María de la Salud y Nuestra Señora de la Salud.

En los más diversos rincones del mundo, hoy María es invocada con este título. En algunos lugares la representan coronada de estrellas, con un cetro en la mano y vestimenta bordada en oro; en otros rodeados de ángeles, parada sobre nubes; en otros simple y sencilla con un manto cubriéndole la cabeza y las manos cruzadas sobre el pecho; en otros con la cabeza descubierta y los brazos extendidos sosteniendo al Niños Jesús. De distintas maneras, en distintos idiomas, con distintos nombres, pero siempre la misma Virgen María, atenta como en las Bodas de Caná a las necesidades de sus hijos y dispuesta a pedir por nosotros una vez más a su Hijo Jesucristo.

La advocación “Salud” es también un tema frecuente en el arte y en la religiosidad popular, como es el caso entre las hermandades para sus Titulares Marianas. En la ciudad de Sevilla, hay tres hermandades que tienen como titular mariana a la Virgen de la Salud: Hermandad de San Gonzalo, Hermandad de la Salud de San Isidoro y la Hermandad de Nuestra Sra. del Sol (su reciente Titular de Gloria, la Inmaculada Virgen María y Salud de los Enfermos). La advocación de “Patrocinio” está menos extendida, pero conociendo ahora su sentido, sí entenderemos el porqué de la advocación de Nuestra Madre y Señora del Patrocinio como Titular de la Hermandad del Stmo. Cristo de la Expiración (El Cachorro) de Sevilla.

martes, 31 de mayo de 2016

Y a la Madre de Dios la llaman Esperanza...



Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,

¿Qué entendemos por esperanza cuando nos referimos a la advocación de María?

Para muchos la advocación de Esperanza es entendida como la virtud por la cual se puede llegar alcanzar una necesidad por medio de la confianza o por solicitud de intercesión, pero ¿estamos en lo cierto?

La advocación Mariana de Esperanza, es la más extendida dentro de la religiosidad popular, pero, conozcamos realmente a que nos referimos con esta “Esperanza”.

La esperanza es la virtud por la cual el hombre pasa de devenir a ser. Siguiendo a Santo Tomás de Aquino, ha sido definida como "virtud infusa que capacita al hombre para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna y los medios, tanto sobrenaturales como naturales, necesarios para alcanzarla, apoyado en el auxilio omnipotente de Dios".

En la Teología cristiana estas virtudes forman una unidad indisoluble con las virtudes cardinales o naturales: Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza y todas ellas en su conjunto describen la imagen cristiana del hombre.

Esperanza es el nombre de una de las tres virtudes teologales o sobrenaturales, junto con la fe y la caridad.

Pero, ¿es coincidente lo que nosotros entendemos con lo que realmente advocamos a María?

Virgen de la Esperanza, Virgen encinta, Virgen de la Divina Enfermera o Virgen de la O es una advocación mariana en la que se la asocia con el Adviento o espera de la Natividad de Cristo (además de con la virtud teologal de la esperanza); el período en que la Virgen María estaba embarazada (en latín Maria Gravida o Virgo Gestans).

María es Theotokos (en griego: Θεοτόκος; en latín: Deīpara o Deī genetrix) es una palabra griega que significa Madre de Dios (literalmente, 'la que dio a luz a Dios'). Su equivalente en español, vía latín, es Deípara. Es el título que la Iglesia cristiana temprana le dio a María en el Concilio de Éfeso de 431 en referencia a su maternidad divina.

La advocación de la Esperanza es celebrada el 18 de diciembre, fiesta de la “Expectación del parto de la Santísima Virgen María”, siendo este el sentido real de su advocación, además de la virtud teologal propia dirimente de la misma.

Entre los pasajes evangélicos que incluyen escenas del periodo de embarazo de la Virgen (desde la Anunciación hasta el viaje para censarse, primero a Jerusalén y finalmente a Belén) se encuentra el de la Visitación: el encuentro entre María y su prima Isabel, que también estaba embarazada (de Juan el Bautista).

Es un tema frecuente en el arte y en la religiosidad popular, como es el caso entre las hermandades de carácter penitencial, sobre todo en los de la ciudad de Sevilla, donde hay seis hermandades que tienen como titular mariana a la Virgen de la Esperanza. Estas son: Hermandad de la Esperanza Macarena, Hermandad de la Esperanza de Triana, Hermandad de San Roque (Gracia y Esperanza), Hermandad de La Trinidad y Hermandad de La O. No hay que olvidar a la Virgen de la Divina Enfermera, titular de la Hermandad de la Lanzada o María Santísima de la Esperanza, Reina de los Mártires de la Hermandad Sacramental del Juncal.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Las advocaciones de María (Parte I)

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,

¿Qué es una advocación?

Para la religión católica, una advocación mariana es una alusión mística relativa a apariciones, dones o atributos de la Virgen María. 

La Iglesia católica admite innumerables advocaciones que significan la figura de la María como Madre de Jesucristo o alguna de sus virtudes o cualidades, a las que se rinde culto de diversas maneras.

Las advocaciones podremos clasificarlas en dos tipos: las de carácter místico, que serán las relativas a dones, misterios, actos sobrenaturales o fenómenos taumatúrgicos de la Virgen, como la Anunciación, la Asunción, la Presentación, etc; y las apariciones terrenales, que en muchos casos han dado lugar a la construcción de santuarios dedicados a la Virgen, como el del Pilar, el de Lourdes, el de Fátima, entre otras.

Estas advocaciones, a menudo, dan lugar a múltiples patrocinios (como "virgen protectora") de pueblos, ciudades o países, o de diversas entidades o cofradías.

Las advocaciones marianas se suelen nombrar con las fórmulas “Santa María de”, “Virgen de” o “Nuestra Señora de”. Pero también, las advocaciones suelen dar lugar en muchos casos a nombres propios femeninos, compuestos del nombreMaríay su advocación: María del Carmen, María de los Dolores, María de Lourdes, etc. Aunque el nombre sea diferente en cuanto al atributo relativo a la Virgen María siempre se refiere únicamente a Ella, así se haga mención de varios nombres en un mismo momento, la instancia es la misma, la Virgen María.

Su celebración, en la mayoría de los casos, se hace de forma conjunta el día 8 de septiembre o primer domingo de septiembre, el día que la Iglesia celebra las “Apariciones de la Santísima Virgen en los más célebres santuarios”.

Aunque históricamente en los primeros siglos del cristianismo existen registros que hablan de María como "Madre de Dios" (Theotokos), dicho título considerado pilar de advocaciones hacia su persona ha sido motivo de críticas. La misma es defendida tanto por la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa, y reafirmada inclusive por los iniciadores del Movimiento Protestante en el siglo XVI, propiciado por Lutero, y mantenida posteriormente por Calvino y Zwinglio.

La misma concepción teológica fue oficializada como “dogma de fe” en el Concilio de Éfeso hacia el año 431, esto por las ideas promulgadas por Nestorio quien afirmaba sobre María como Madre de" Jesús-Hombre" únicamente, y no Madre de"Jesús-Dios", dicha concepción no procedió y fue inmediatamente rechazada en el mismo, salvo el caso anterior, dentro de la doctrina cristiana no había surgido una negativa generalizada acerca de dicho dogma de fe, siendo mantenido este sin cuestionamiento.

Sin embargo, a medida que el proceso reformador avanzó a lo largo de los siglos, dentro de algunos movimientos post-reformantes que mantuvieron el cisma de Roma se originó un giro en la postura teológica de los mismos sobre el papel de María dentro de la doctrina cristiana. Desde entonces se ha producido una forma de "desacreditación histórica" en la Tradición de la Iglesia católica por parte de las diversas manifestaciones del protestantismo, que además influyó en la postura hacia la religión de varios eruditos e investigadores europeos del iluminismo racional del siglo XVIII y en el liberalismo teológicodel siglo XIX, incluyéndose en el caso lo referente a escritos patrísticos acerca de la Madre de Jesús, y sus consecuentes concepciones dentro del catolicismo romano en los primeros tres siglos del cristianismo, y las múltiples "manifestaciones" mariológicas aceptadas y proclamadas a lo largo de la historia.

De acuerdo con la doctrina de laIglesia católica, las advocaciones que se dirigen a María son única y exclusivamente modos de llamarla desde el punto de vista bíblico relacionados a Ella, acciones, lugares o mensajes que la identifican, nada más. Aclarando con ello que solo hay una Virgen María, siendo además estos representados a través de la pintura, arte y escultura pictórico-religioso.

Las mismas han adquirido variadas interpretaciones acerca de su verdadero valor doctrinal dentro del cristianismo, por lo que la mayoría de confesiones religiosas ajenas al catolicismo y por parte de algunos estudiosos bíblicos escépticos, han considerado a estas "formas de idolatría" o "actos de devoción anti-bíblicos para imponer la religión católica", relacionando bajo el campo socio-cultural similitudes con creencias que ha existido dentro de los pueblos "paganos" ahora cristianizados, obviándose la parte teológica cristiana que existe para comprender a las mismas.

También ocurre por otras causas entre ellas: el poco estudio de la verdadera concepción de la doctrina católica hace que el mismo se desfigure en muchas ocasiones por consecuencia de la “mala formación doctrinaria” o “poca profundización en la misma” por parte de algunos confesos al catolicismo, re-definiendo sin mala intención el verdadera significado que dichas advocaciones poseen, en forma variada y en muchas ocasiones incluso contradictoria a la explicación de laIglesia Católica, ocasionándose por ello disputas internas, que ha provocado cismas variados por considerarlas supersticiones.

lunes, 16 de mayo de 2016

Comentario a la obra "Los Sacramentos de la Vida" (Leodardo Boff, Sal Terrae Junio 2008)

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,

1.- Primera valoración de la obra.-

El autor en este libro, el hombre es el ser capaz de leer el mensaje del mundo. Vivir es leer e interpretar. Cuando las cosas comienzan a hablar y el hombre a escuchar sus voces, emerge el edificio sacramental: Todo lo real no es sino una señal. La vida en sí es un sacramento y lo cotidiano puede llegar a ser sacramental.

2.- Estructura.-

La obra se presenta dividida en catorce capítulos, siendo el último una conclusión de los trece primeros. Cada capítulo se encuentra a su vez subdivido en epígrafes, a modo de desarrollo temático.
En el primer capítulo, Boff utiliza una anáfora en el que nos dice que el Espíritu vive hoy en los “manantiales de nuestra experiencia cultural”, concluyendo que el hombre ha de ser capaz de poder “leer” ese mensaje que el mundo nos ofrece a diario. Si la señal ha de ser explicada, no es señal, ya que esta debe tener autonomía suficiente para ser entendida por el sujeto. Lo sacramental y lo simbólico, dirá Boff, constituye la realidad humana.

En el segundo y tercer capítulo, el autor usa un objeto cotidiano, un tanque de aluminio, para explicar al lector que hasta este objeto cotidiano puede llegar a ser un sacramento; siendo aquello que siempre había vivido y todos viven, ungido de una realidad diferente entre todos los objetos y captado de manera diferente por cada sujeto. Lo mismo ocurre cuando el recuerdo material de alguien, como era el caso de la colilla, adquiere una transcendencia que lo eleva al estatus de sacramento, porque según L. Boff, “estaba viva y hablaba de la vida”

En el capítulo cuarto, nuevamente un objeto de la vida diaria, adquiere la identidad de sacramento, el pan recién hecho por la madre por las mañanas. Para los hijos, ese pan adquiere la unción de sacramento, ya que por medios de los sentidos, el sujeto advierte esa realidad “diferente” a la ordinaria. El sacramento, dirá Boff, participa de dos mundos, del trascendente y del inmanente.
En el capítulo quinto, nos concluirá que el mundo es un gran sacramento, que Dios nunca es alcanzado en sí mismo. Que en él coexisten dos movimientos, uno que viene de Dios hacia la cosa y otro que va de la cosa hacia Dios, siendo Este captado en el objeto. La vocación del hombre consiste en convertirse en hombre sacramental.

En el capítulo sexto, séptimo, octavo y noveno, Boff nos dirá que la vida en la historia, va abriendo caminos, que la gente lee el sentido de la vida a partir de un pasado que culmina en un presente. Dirá que sacramento es todo cuando se contempla a partir y a la luz de Dios. Nos dirá que Jesús de Nazaret es llamado el sacramento por excelencia, presentado como sacramento frontal de Dios. La Iglesia es el sacramento de Cristo. Dirá igualmente, que la fe en el Señor que vivifica el credo, se encarna en las instituciones y vive en las tradiciones Por último, Boff nos dice, que en los principales nudos existenciales de la vida, se concretizan los principales sacramentos de la fe.

En el capítulo décimo, Boff explica en qué sentido es Jesucristo el autor de los sacramentos,  y el paso vertical de los sacramentos de Dios a los sacramentos de Cristo.

Prosigue el capítulo undécimo hasta el décimo cuarto, que la palabra es por excelencia el sacramento revelador y comunicador de cada persona. Así mismo actúan “ex opere operato”, visibiliza, una vez es realizado el rito, teniendo la garantía de que Dios y Jesucristo están ahí presentes. Solo la acogida humilde del fiel el sacramento se realiza plenamente. Que lo “sim-bólico” mal entendido puede ser degenerado en “dia-bólico”, esto es, que si el sacramento no es expresión de fe, se diluye su dimensión simbólica.

A modo de conclusión, en el capítulo décimo cuarto, el autor termina con dieciocho proposiciones, para resumir de alguna manera, el “universo sacramental”

3.- Valoración.-

Boff usa el método deductista para presentar la obra y su desarrollo, va desde lo universal (la sociedad general) a lo particular (el sacramento). Para ello, el autor estructura la obra desde los distintos aspectos sociológicos a tener en cuenta en una sociedad, realizando en muchos casos un paralelismo convexo, que en su origen va de la mano y en su desarrollo diverge de manera progresiva, hasta crear una distancia que puede ser yuxtapuesta en los distintos hitos y aspectos cotidianos.

El trabajo final de L. Boff, resulta muy recomendable para el unas primeras pinceladas del entendimiento general de sacramento.

4.- Juicio Global.-

Tras lo expuesto anteriormente, a mi juicio, la obra presenta exposición mediante anáforas y otros recursos literarios,  de la sacramentalidad de nuestra vida diaria, de la sacramentalidad del mundo en donde vivimos y de que somos parte sustancial de esa realidad, no reconocida por todos pero sí experimentada.

En dieciocho proposiciones, nos expone de una forma sencilla una realidad compleja, percibida por todos pero en ocasiones no interpretada, de ahí que el hombre para que pueda recibir la gracia del rito, deba estar con el corazón abierto y preparado. De no ser así, estos signos contenidos en los ritos, pueden convertirse en “antisignos”.

El sacramento, solo es sacramento en el horizonte de la fe […] Sacramento con conversión es salvación.

El Septenario Sacramental

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,

El concilio de Trento definió que los sacramentos propios y verdaderos de la Nueva Alianza instituidos por Cristo son siete, ni más ni menos[1].

Pero esta conciencia del número septenario de los sacramentos sólo fue madurando progresivamente en la teología, ya que la Biblia no nos ofrece ningún criterio en este sentido ni conoce un concepto de sacramento que pueda aplicarse a cada uno de los ritos designados luego con este nombre, aunque dé suficientes indicaciones sobre cada uno de los siete sacramentos.

Los Padres de la Iglesia, a pesar de que tratan de todos los sacramentos, ofrecen una lista completa del septenario.

Las listas empiezan a aparecer sobre todo a partir del siglo XI, cuando comenzó a profundizarse en el concepto de sacramento sobre la base de las definiciones dadas por san Agustín.

San Pedro Damiani en 1072, presenta una lista de doce sacramentos, en la que no están presentes, sin embargo, la eucaristía ni el Orden Sacerdotal; pero otros autores no esconden las dificultades de establecer el número preciso de los sacramentos, oscilando entre dos, el bautismo y la eucaristía y un número sin precisar, pero notable, como hace san Bernardo. Sería la escuela de Abelardo la que ofreció una clave de solución a este problema, con la distinción entre “sacramentos mayores” o “espirituales”, necesarios para la salvación, y los demás sacramentos de menor importancia, destinados sólo a incrementar la devoción de los fieles o a ofrecer los objetos necesarios para el culto.

LOS SACRAMENTOS “MAYORES” Y LOS SACRAMENTOS “MENORES”

Sería Pedro Lombardo[2] en 1148 el que dio la enumeración de los siete sacramentos (los denominados “Mayores”), distinguiéndolos de los otros ritos de la Iglesia y completando de este modo las listas anteriores del cardenal Roberto Pull, donde faltaba la unción de los enfermos y de la Summa sententiarum, de donde estaba ausente el Orden Sacerdotal.

Sería en el siglo XIII cuando la lista de Lombardo fue aceptada por todos los grandes escolásticos, que expusieron detalladamente las conveniencias racionales del número septenario de los sacramentos.

De igual manera, sería en el concilio de Lyón, en 1274, cuando la Iglesia latina y la griega confesaron de común acuerdo el dogma del número septenario[3].

Esta rapidez en la difusión de esta doctrina sacramental sería inexplicable si hubiera sido una invención de Pedro Lombardo, sin fundamento alguno en la tradición. Él no hizo otra cosa más que formular de manera más clara que los teólogos precedentes los datos de la tradición. Los sacramentos fueron siempre practicados con fe en su eficacia, pero su forma sistemática tuvo progresos, por lo que la afirmación de los siete sacramentos que producen la gracia ex opere operato no era evidente hasta entonces por falta de precisión en el lenguaje teológico.

EXPLICACIÓN DEL NÚMERO SIETE PARA LOS SACRAMENTOS.

Muchos teólogos han intentado responder a esta cuestión viendo sobre todo los efectos de los sacramentos y los fines por los que fueron instituidos. Alberto Magno, pensaba que los sacramentos son siete porque estaban instituidos para combatir los siete vicios capitales.

Buenaventura, por el contrario, vio una correspondencia entre los sacramentos, las siete virtudes cristianas[4] y las siete enfermedades causadas por el pecado[5] y que destruyen los sacramentos.

La explicación de santo Tomás de Aquino, aunque se sitúa en la misma línea de solución, es más amplia y articulada. El principio fundamental de santo Tomás es que el organismo sacramental abraza toda la vida cristiana, tanto de los individuos como de la Iglesia.

Este principio se basa en la analogía entre la armonía de la vida natural del hombre y la de su vida sobrenatural, de manera que el desarrollo de la vida espiritual del cristiano sigue un camino semejante al de la vida corporal, que pasa por siete etapas, a fin de alcanzar la perfección respecto a la propia persona y respecto a la sociedad en que vive[6]. La motivación antropológico-eclesial de santo Tomás fue recogida más tarde por el Catecismo del concilio de Trento, por la encíclica Mystici Corporis, de Pío XII, y por la Constitución Lumen Gentium 11, del Vaticano II.

También es común la motivación simbólica del número siete para indicar la totalidad. Algunos Padres ven en el número siete la suma de cuatro, que indica la inmanencia, lo físico, el cosmos, y de tres que indica lo trascendente, es decir, se trata de la síntesis de lo visible y lo invisible, del Verbo encarnado, de la totalidad de Dios que pone ritmo a la totalidad de la existencia humana en la economía histórico-salvífica de la encarnación.

JUSTIFICACION PARA LOS SIETE SACRAMENTOS.

Ninguno de los siete sacramentos resulta haber sido instituido por un concilio, por un Romano Pontífice, por una comunidad o iglesia particular. Se trata de una verdad de antigua tradición. Recordemos lo que enseña san Agustín: "Quod universa tenet Ecclesia, nec Conciliis institutum est sed semper retentum est, nonnisi auctoritate apostolica traditum rectissime creditur"[7].

La Iglesia ortodoxa admite y celebra los siete sacramentos como lo muestran los libros litúrgicos, las declaraciones de los concilios unionistas de Lyón y Florencia, las profesiones oficiales de fe y las respuestas dadas a los protestantes con ocasión de los intentos de éstos por atraer a los ortodoxos orientales a su propio ámbito.

El hecho es que a cuantos presentaron la versión griega de la "Confessio Augustana como base para intentos unionistas, el patriarca Jeremías II de Jerusalén, de acuerdo con Simeón de Tesalónica escribió en 1576: "Los misterios o sacramentos que se encuentran en la Iglesia católica de los cristianos ortodoxos son siete: Bautismo, Confirmación, Penitencia Eucaristía, Orden, Matrimonio y Unción de enfermos.

Siete, de hecho son los dones del Espíritu divino, como dice Isaías, y siete los misterios (palabra griega para "sacramento") de la Iglesia que tienen eficacia por obra del Espíritu".

La Iglesia monofisita, cuya separación se remonta al S. V, a una época posterior a la elaboración doctrinal del concepto de sacramento, conserva el firme parecer del número septenario de los sacramentos, como está escrito en el catecismo del obispo Barsaum: "Los sacramentos de la Iglesia son bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, orden, unción de enfermos y matrimonio"[8]
En conclusión, los siete sacramentos entran en la constitución de la Iglesia como sacramento: son como las actuaciones vitales, aunque no las únicas, de la Iglesia en el tiempo. Pero algunos sacramentos ocupan un lugar primario respecto a los demás: el bautismo, en cuanto constitutivo del pueblo de Dios, y la eucaristía, que contiene a Cristo real y substancialmente, creando y expresando la comunión de los cristianos en el único Cuerpo de Cristo resucitado.

BIBLIOGRAFÍA.-

El septenario sacramental y los sacramentales según los Salmanticenses (s. SVII). Un comentario al "Cursus Theologicus" (Dionisio Borobio, Salmanticensis, ISSN 0036-3537, Vol. 58, Fasc. 3, 2011, págs. 395-425)
J Auer, Los sacramentos de la Iglesia, Herder, Barcelona 1983;
G. Fourez, Los sacramentos y vida del hombre, Sal Terrae, Santander 1983;
J. M. Castillo, Símbolos de libertad, Teología de los sacramentos, sígueme, Salamanca 1980;
L. Maldonado, Iniciaciones a la teología de los sacramentos, Marova, Madrid 1977.
I. Barsaum, Pequeño catecismo de los sirios disidentes Der Zafran 1912

[1] cf. DS 1601
[2] IV Sent.
[3] cf. DS 860
[4] Las tres teologales y las cuatro cardinales
[5] Septiformis morbus
[6] S, Th. 111, q.65, a. 1
[7] De Baptismo IV, 24,13
[8] . I. Barsaum, Pequeño catecismo de los sirios disidentes Der Zafran 1912

El Año Litúrgico, ¿qué es y en qué consiste?

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
  • Introducción. La Liturgia tras el Sacrosanctum Concilium
  • Esquema-Resumen Año Litúrgico
  • ¿Qué es el Año Litúrgico?
  • En la Iglesia católica
    • 1.1 Tiempo de Adviento
    • 1.2 Tiempo de Navidad
    • 1.3 Tiempo de Cuaresma
      • 1.3.1 Semana Santa
      • 1.3.2 Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
      • 1.3.3 Primeros días de Semana Santa
    • 1.4Tiempo de Pascua
      • 1.4.1Triduo Pascual
        • 1.4.1.1Jueves Santo de la Cena del Señor
        • 1.4.1.2Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor
        • 1.4.1.3Sábado Santo de la Sepultura del Señor
        • 1.4.1.4Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
      • 1.4.2Días del tiempo de Pascua
    • 1.5Tiempo ordinario o durante el año
    • 1.6Celebraciones de los santos durante el tiempo Ordinario
Introducción General.- El cincuenta aniversario de la constitución litúrgica

El día 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, el papa Francisco ha clausurado el Año de la fe. El papa Benedicto XVI lo había proclamado e iniciado el día 11 de octubre de 2012, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del concilio ecuménico Vaticano II. El comienzo del Año de la fe coincidió con el recuerdo agradecido de dos grandes eventos, que han marcado el rostro de nuestra Iglesia de hoy: los cincuenta años pasados desde la apertura del concilio Vaticano II por voluntad de San Juan XXIII (11 de octubre de 1962) y los veinte años desde la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica, legado a la Iglesia por san Juan Pablo II

En diciembre de 2013 celebramos un nuevo aniversario. El día 4 de diciembre de 2013 se cumplieron cincuenta años de la promulgación de la constitución litúrgica Sacrosanctum Concilium. El aniversario encierra historia, reflexión y compromiso. El tiempo pasa veloz con sus meses, días y horas. Ha transcurrido medio siglo desde que el papa San Juan XXIII iniciara el concilio ecuménico Vaticano II (11 de octubre de 1962). Era casi ayer cuando la nave de la basílica de San Pedro se llenaba de obispos, procedentes de los cinco continentes, de toda raza, lengua y cultura. En todo el mundo se leían con interés las crónicas de los periodistas acreditados ante la Sede Apostólica, las intervenciones de los obispos y las anécdotas curiosas. Fue un acontecimiento seguido por todas las Iglesias particulares.

Al año siguiente, el día 4 de diciembre de 1963, se aprobaba en el aula, con 2147 votos favorables y 4 en contra, el primer documento conciliar, la constitución litúrgica Sacrosanctum Concilium. La unanimidad de la votación demostraba el interés por la liturgia. Los padres conciliares, antes de reflexionar y discutir sobre temas importantes para la vida y el bien de la Iglesia, quisieron iniciar sus tareas por la liturgia, por el culto que la Iglesia tributa a Dios Padre por Jesucristo y en el Espíritu Santo.

Hoy, la Iglesia conmemora los cincuenta años. Eleva sus manos al cielo y agradece a Dios Padre el don del Concilio y el paso del Espíritu Santo. Hace memoria del evento y se compromete a poner en práctica sus enseñanzas. Sea nuestra oración agradecida y sincera. La celebración de la Eucaristía nos una a esta acción de gracias y de súplica. La constitución conciliar Sacrosanctum Concilium y la reforma litúrgica posterior no han surgido improvisadamente con el Concilio. La constitución se ha fraguado desde el inicio del movimiento litúrgico, la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, en el XX. La constitución es considerada como el punto de llegada de un largo camino y un fruto maduro de estudios e investigaciones. No podemos olvidar que a todos los que han contribuido en el movimiento litúrgico les movía su gran amor a la liturgia y a la Iglesia.

Acompañaron al movimiento litúrgico otros tres, y todos se enriquecieron mutuamente. El movimiento patrístico se dedicó principalmente a la publicación de los textos de los Padres; el bíblico promovió el interés por la Biblia y, por último, el movimiento ecuménico abrió fronteras de hermandad.

San Pío X fue el primer papa que habló de la “participación activa” de los fieles en las celebraciones litúrgicas. No fue el concilio, sino -mucho antes en el motu proprio Tra le Sollecitudini (del 22 de noviembre de 1903). Por otro lado, el monje Lambert Beauduin es considerado como el padre del movimiento litúrgico por su famoso discurso en 1909 en Malinas, Bruselas. Pío XII realizó importantes reformas litúrgicas, casi inconcebibles en aquel tiempo. La reforma comenzó en el corazón mismo de la liturgia, cuando en 1951 restauró la Vigilia pascual, devolviéndole su espíritu primitivo y nocturno. En 1955 completó la reforma de toda la Semana Santa. Estableció nuevas leyes sobre el ayuno eucarístico y las misas vespertinas, etc. Se ha afirmado que el siglo XX es el siglo de la liturgia.

El movimiento litúrgico, a las puertas del concilio Vaticano II, estaba en su momento álgido. Pío XII, en la encíclica Mediator Dei, había trazado los principios teológicos y pastorales y había rechazado como erróneas algunas definiciones de la liturgia. El terreno estaba preparado para la constitución conciliar e iniciar la reforma litúrgica. Las ideas del Proemio de la Sacrosanctum Concilium estaban entresacadas de las orientaciones dadas por el papa San Juan XXIII en su alocución Gaudet Mater Ecclesia. La constitución litúrgica recogía los objetivos del Vaticano II. El primero se fijó en el crecimiento de la vida cristiana, y para conseguirlo era preciso proveer a la reforma y al fomento de la liturgia (SC 1). La renovación de la Iglesia, el ecumenismo y la acción misionera estaban estrechamente ligadas entre sí y dependían en gran parte del modo en que la Iglesia celebraba y vivía la liturgia. La constitución litúrgica traza las líneas generales de la reforma litúrgica. Era imposible redactarla si antes no se hubiera reflexionado sobre las fuentes bíblicas y patrísticas, litúrgicas y teológicas. En el texto conciliar subyacen dos líneas claves: el fundamento doctrinal y las orientaciones pastorales. Entre los principios doctrinales se pueden indicar los siguientes: la liturgia se enmarca en la Historia de la Salvación, historia centrada en la Pascua de Cristo. En la celebración litúrgica se actualiza la historia salvífica y el misterio pascual de Cristo. El Espíritu Santo, el gran mistagogo, santifica los signos sacramentales. También se da gran relieve a la Palabra de Dios, casi olvidada durante muchos siglos.

La relación liturgia e Iglesia, presentada por el texto conciliar, ayudó y ayuda a superar el clericalismo y el individualismo. Se acentúa el concepto teológico de la Iglesia como sacramento de la unidad, pueblo santo, congregado en asamblea litúrgica, expresión de la Iglesia local. La liturgia hace la Iglesia y la Iglesia hace la liturgia. La Iglesia se manifiesta en la liturgia y se convierte en misionera porque la liturgia es la cumbre y la fuente de toda la actividad de la Iglesia. Los padres conciliares estaban preocupados por la formación litúrgica permanente y circunstancial. La reforma litúrgica que prescinda de la formación peligra caer en el vacío o el arbitrio. La constitución, además, de los principios doctrinales, indica los aspectos pastorales. La pastoral se fundamenta en la doctrina y la doctrina se proyecta a la pastoral. Las dos forman una unidad. Menciono solamente algunos puntos más sobresalientes de la pastoral o praxis. La adaptación de las oraciones y de los ritos fue un reto de la Iglesia para las Iglesias particulares. Merece mención especial el uso de la lengua vernácula. En algunas naciones europeas se introdujo antes del concilio la lengua vernácula en algunos momentos celebrativos.

Dos innovaciones han contribuido al ecumenismo y al acercamiento con nuestros hermanos ortodoxos. La concelebración y la comunión con el cáliz han ayudado a suavizar las relaciones con las Iglesias orientales. Ha transcurrido este tiempo entre luces y sombras, y ha sido un tiempo agitado por ideologías que han perjudicado a la reforma y a la renovación litúrgica.

Las ideologías eran de dentro y fuera de la Iglesia. El camino de la reforma ha sido difícil. No se han comprendido sus objetivos, se han suscitado ambigüedades y se ha creado confusionismo. En pocos años la Iglesia ha realizado un importante trabajo, la reforma litúrgica más importante de la historia. Ha sido un esfuerzo histórico y gigante. Se ha valorado el patrimonio litúrgico heredado y se ha enriquecido por el progreso.

Las fuentes litúrgicas han contribuido a que las comunidades cristianas se renovaran y profundizaran en el espíritu litúrgico. Nuestra mirada al pasado nos tiene que iluminar y animar para vivir nuestro futuro. Hemos recibido una herencia rica en fe y en eucología. El L aniversario de la constitución Sacrosanctum Concilium nos invita a conservar fielmente lo recibido, ofrecer con generosidad su gran riqueza a las generaciones presentes y futuras. La liturgia es de todos los siglos; da vida y renueva a la Iglesia; es la celebración del Misterio pascual de Cristo. La liturgia es el gran río en el que confluye toda la actividad de la Iglesia y la fuente en la que el fiel bebe siempre el agua viva.

Esquema-Resumen General del Año Litúrgico
  Ciclo
Litúrgico
Tiempo /
Fiesta
Duración Colores
y Signos
Sentido
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Inicio del Año Litúrgico Adviento 4 domingos Morado
Corona de Adviento
El Tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre.

El tiempo de Adviento comienza con las primeras Vísperas del domingo que cae 30 de noviembre o es el más próximo a este día, y acaba antes de las Vísperas de Navidad.

Los domingos de este tiempo se denominan domingo I, II, III, IV de Adviento.

Las fiestas del 17 al 24 de diciembre tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad.
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25 diciembre - domingo después del 6 de enero Navidad 2 domingos Blanco Después de la celebración anual del misterio pascual la Iglesia tiene como más venerable el hacer memoria de la Natividad del Señor y de sus primeras manifestaciones: esto es lo que hace en el tiempo de Navidad.

El tiempo de Navidad va desde las primeras Vísperas de la Navidad del Señor hasta el domingo después de la Epifanía, o después del día 6 de enero inclusive.

La Misa de la Vigilia de Navidad es la que se celebra en la tarde del día 24 de diciembre, ya sea antes o después de las primeras Vísperas. El día de Navidad se puede celebrar tres Misas, según la antigua tradición romana, es decir, en la noche, en la aurora y en el día.
6 enero (o domingo entre
el 2 y el 8 de enero)
Epifanía 1 día Blanco "Hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad"
Domingo siguiente al 6 enero Bautismo de Jesús 1 domingo Blanco "Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste descender tu voz desde el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús, para que los hombres reconociesen en él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres."
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Día siguiente al
Bautismo del Señor
Tiempo Ordinario 5 a 9 semanas Verde Además de los tiempos que tienen un carácter propio, quedan 33 o 34 semanas en el curso del año, en las cuales no se celebra algún aspecto peculiar del misterio de Cristo; sino más bien se recuerda el mismo misterio de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos. Este período de tiempo recibe el nombre de tiempo ordinario.

El [primer período del] tiempo ordinario comienza el lunes que sigue al domingo posterior al 6 de enero y se extiende hasta el martes antes de la Cuaresma inclusive.
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  Miércoles de Ceniza Cuaresma 40 días Morado El tiempo de Cuaresma está ordenado a la preparación de la celebración de la Pascua: la liturgia cuaresmal prepara para la celebración del misterio pascual tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de la iniciación cristiana, como a los fieles que recuerdan el bautismo y hacen penitencia.

El tiempo de Cuaresma va desde el miércoles de ceniza hasta la misa de la cena del Señor exclusive. Desde el comienzo de Cuaresma hasta la Vigilia pascual no se dice Aleluya.

En el miércoles de Ceniza al comienzo de Cuaresma, que en todas partes es tenido como día de ayuno, se imponen las cenizas.

Los domingos de este tiempo reciben el nombre de domingo I, II, II, IV, V de cuaresma. 
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Domingo de Ramos o Palmas Semana Santa 1 domingo Rojo El domingo sexto, en que comienza la Semana Santa, es llamado domingo de Ramos en la Pasión del Señor.
Lunes, Martes y Miércoles Santo Semana Santa 3 días Morado La Semana Santa tiene la finalidad de recordar la Pasión de Cristo desde su entrada mesiánica en Jerusalén. El Jueves Santo por la mañana, el Obispo, que concelebra la misa con sus presbíteros, bendice los santos óleos y consagra el crisma.

Jueves Santo
Viernes Santo
Sábado Santo
Triduo Pascual 3 días Blanco
Rojo
Morado
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Centro del Año Litúrgico
Domingo de Resurrección
PASCUA 50 días Blanco Los cincuenta días que van desde el domingo de resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como "un gran domingo". Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya.

Los domingos de este tiempo son tenidos como domingos de Pascua  y, después del domingo de Resurrección, son denominados domingo II, III, IV, V, VI, VII de Pascua; el domingo de Pentecostés clausura este sagrado tiempo de cincuenta días.

Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la octava de Pascua y se celebran como solemnidades del Señor.
40 días después de Pascua
jueves o siguiente domingo
Ascensión 1 día Blanco A los cuarenta días de Pascua se celebra la Ascensión del Señor, a no ser que se haya trasladado al VII domingo de Pascua, donde no sea día de precepto.

Las ferias que van desde la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés inclusive preparan para la venida del Espíritu Santo.
"...Cristo, Señor nuestro que después de su resurrección se apareció visiblemente a todos sus discípulos y, ante sus ojos, fue elevado al cielo para hacernos compartir su divinidad"
Siguiente domingo Pentecostés 1 semana Rojo "Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo. Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas."
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Siguiente
lunes
Tiempo Ordinario 21 a 25 semanas Verde [El segundo período del tiempo ordinario] de nuevo comienza el lunes después del domingo de Pentecostés y termina antes de las primeras Vísperas del domingo I de Adviento.
Siguiente domingo Santísima Trinidad 1 domingo Blanco "Con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad, adoramos tres Personas distintas de única naturaleza e iguales en su dignidad".
Siguiente jueves / domingo Corpus Christi 1 día Blanco "...Cristo, Señor nuestro. El cual, en la última cena con los apóstoles, para perpetuar su pasión salvadora, se entregó a sí mismo como Cordero inmaculado y Eucaristía perfecta. Con este sacramento alimentas y santificas a tus fieles, para que una misma fe ilumine y un mismo amor congregue a todos los hombres que habitan en un mismo mundo. Así, pues, nos reunimos en torno a la mesa de este sacramento admirable para que la abundancia de tu gracia nos lleve a poseer la vida celestial".
Último Domingo Ordinario Cristo Rey Término del Año Litúrgico Blanco "Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo a tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría para que ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz."

¿Qué es el Año Litúrgico?

El Año litúrgico, (también llamado ciclo litúrgico, año cristiano o año del Señor), es el nombre que recibe la organización de los diversos tiempos y solemnidades durante el año en las Iglesias cristianas, como forma de celebrar la historia de la Salvación.

Enmarcados en el año litúrgico, se celebran distintos tiempos litúrgicos con los cuales se relacionan los pasajes de las Sagradas Escrituras que se proclaman en los actos de culto, las diferentes oraciones que se rezan, como así también los colores litúrgicos utilizados en la vestimenta del celebrante. Si bien las fechas de las celebraciones varían un poco entre las diferentes Iglesias cristianas, la secuencia y lógica utilizada para su planificación son en esencia las mismas. Tanto en Oriente como en Occidente, las fechas de muchas celebraciones varían de año en año, por lo general en línea con la modificación de la fecha de la Pascua (asociada en el cristianismo con la resurrección de Jesús y considerada la celebración central de la cristiandad) a la cual se asocia buena parte de las celebraciones móviles. En el concilio de Nicea I (325), todas las Iglesias acordaron la celebración de 
la Pascua cristiana el domingo siguiente al plenilunio (14 de Nisán) después del equinoccio de primavera. La reforma del calendario de Occidente por parte del papa Gregorio XIII (1582), con la introducción del calendario gregoriano en reemplazo del calendario juliano, produjo un desfase de varios días en la celebración de la Pascua respecto del calendario litúrgico oriental. En el presente, las Iglesias de Occidente y de Oriente buscan un nuevo acuerdo que posibilite unificar la celebración de la Pascua y conduzca progresivamente hacia la constitución de un calendario litúrgico común.

Otra diferencia entre los calendarios litúrgicos radica en el grado de participación que se otorga a las festividades asociadas a los santos. Las Iglesias católica, ortodoxa y anglicana presentan calendarios litúrgicos con una participación importante de celebraciones en honor de la Virgen María y de otros santos, lo que no se verifica en igual medida en los calendarios de las comunidades protestantes.

En la Iglesia Católica

La Iglesia católica denomina Año litúrgico al período cíclico anual durante el cual celebra la historia de la salvación hecha por Cristo y al que se distribuye en festividades y ciclos: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario. No se tratan de fechas exactas, sino simplemente una sacralización del curso anual de las estaciones del año y una composición cíclica para que en un periodo de tiempo pueda englobarse dicha historia de salvación.

Tiempo de Adviento

Es un período aproximado de cuatro semanas antes de la Navidad, en el que los latinos se preparan para celebrar la venida de Jesús en la Navidad. “Adviento” significa venida o llegada. Se celebra con una mirada puesta en la triple venida de Jesús, según indicaba San Bernardo: "Jesús vino" (nacido de la Virgen María), "viene" (hoy, en los signos de los tiempos), y "vendrá" (con gloria, al final de la historia).

El Adviento es un tiempo de alegre espera: la espera de la llegada del Señor. Por eso los cristianos escuchan en los textos y cantos palabras alusivas a la venida del Señor, en especial las profecías de Isaías.

Las grandes figuras que la liturgia presenta en este período son el profeta Isaías, San Juan Bautista, y la Virgen María.

Las fechas del Adviento se fijan entorno a las fechas que prepara, esto es, de la Navidad. Siempre cuenta con cuatro domingos, aunque las semanas no sean completas. Empieza el domingo cuarto anterior a la Navidad, que suele rondar desde el 27 de noviembre al 3 de diciembre. Solamente si Navidad (25 de diciembre) es domingo, contará con las cuatro semanas completas, pues siempre se cuentan los domingos anteriores a esta festividad.

Durante el tiempo de Adviento los sacerdotes utilizan vestiduras de color morado, como color de penitencia, mostrando así que este tiempo es de preparación a la fiesta de la Navidad, como también se hace en Cuaresma sobre la Pascua. Además, durante este tiempo no se dice ni se canta el Gloria, ni adornar el templo con flores, como en los demás días de penitencia, aunque sí se conserva el canto del Aleluya antes de la proclamación del Evangelio, omisión propia únicamente de la Cuaresma.
Sin embargo, llegados a la mitad del tiempo, en el tercer domingo, llamado antiguamente y aun nombrado como “Gaudete”, que significa "Gózate" (nombre tomado de la versión latina de la antífona de entrada propia de este día, Cf. Flp. 4, 4-5, "Estad alegres en el señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca"), se puede suavizar el color morado de las vestiduras con toques de blanco, utilizándose en este día vestiduras de color rosa, si bien no es obligatorio, indicando así la alegría al acercarse ya la festividad del nacimiento del Señor. También se puede adornar la iglesia con algunas flores.

Dentro de este tiempo, con propiedad considerado muy vinculado a la Virgen María, se celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción, patrona de España y de algunos países de América, y en América Latina, la solemnidad de su patrona, Nuestra Señora de Guadalupe. Durante las solemnidades se omite la supresión del Gloria y de los adornos florales.

Tiempo de Navidad

Pasadas las cuatro semanas de Adviento, la Iglesia católica apostólica romana celebra el Tiempo de Navidad, a partir de esta solemnidad, el 25 de diciembre. Éste tiempo se extiende desde las I Vísperas de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, al atardecer del día 24, hasta las II Vísperas de la Solemnidad del Bautismo del Señor, el domingo después de la Epifanía (6 de enero).

Durante estos días, la Iglesia conmemora la venida en carne mortal de Cristo a la tierra. A pesar de que muchos lo consideren así, no se trata de un cumpleaños ni de una fecha tomada como exacta de este hecho histórico, sino que la elección de la fecha es puramente simbólica, como todas las del año cristiano. De este modo, otras confesiones cristianas celebran esta fiesta en fechas distintas. Como tiempo de alegría, se emplean vestiduras blancas.

A pesar de que la Navidad es una fiesta de gran importancia, el tiempo de Navidad no es uno de los tiempos considerados "fuertes". Así, durante este tiempo, se celebran algunas fiestas que se entremezclan entre la celebración, cosa impensable en Cuaresma o Pascua, como San Esteban (26 de diciembre) o la Sagrada Familia, que ocupa un lugar fijo el domingo de la octava de la Navidad.
También es creencia popular que este tiempo termina el día de Reyes, sin embargo la Iglesia católica romana continua conmemorando el nacimiento de Cristo y su manifestación a las naciones (Epifanía) hasta el domingo siguiente, en que celebra la fiesta de su Bautismo y comienzo de la vida pública. Tras el tiempo de Navidad, sigue un periodo de Tiempo Ordinario.

Tiempo de Cuaresma

La Cuaresma comprende días de preparación para la Pascua de Resurrección, que aunque tradicionalmente han sido cuarenta, las reformas posteriores han hecho cambiar; actualmente empieza el Miércoles de Ceniza y termina al comenzar la Misa de la Cena del Señor en las primeras horas de la tarde del Jueves Santo, totalizando 43 días y medio.

La Cuaresma recuerda a cada cristiano su situación de pecado y la necesidad de convertirse. Están invitados a practicar especialmente las limosnas, la oración y el ayuno. Se trata de un tiempo de conversión. Simbólicamente también recuerda los cuarenta días que Jesús vivió en el desierto y su lucha contra las tentaciones.

La Cuaresma incluye cinco domingos más el Domingo de Ramos y es un período de liturgia penitencial: se utiliza ornamentos morados, a excepción del Domingo de Ramos que es el rojo y las solemnidades más importantes que es el blanco, no se canta el Gloria ni tampoco el Aleluya, tampoco se adorna el templo con flores y el órgano y demás instrumentos callan, a no ser que sean para sostener básicamente el canto. Únicamente se exceptúa el cuarto domingo, tradicionalmente llamado "Laetare" en el que se puede cambiar de color al rosa (opcional, por la proximidad de la Pascua, mezcla entre el morado y el blanco), se pueden poner algunas flores y usar instrumentos, pero sigue callado el Gloria y por supuesto el Aleluya. También en las solemnidades y fiestas que coincidan -habitualmente son dos importantes: San José y la Encarnación del Señor- pueden quitarse estos signos penitenciales, empleando vestiduras blancas debido a la solemnidad de estas celebraciones, aunque nunca usar el Aleluya, que callará hasta la noche de Pascua.
Semana Santa
Estos días celebran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es la celebración más importante del año litúrgico. Comienza con el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección.
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
El Domingo de Ramos, último domingo de Cuaresma y que abre la Semana Santa, llamado "de la Pasión del Señor", conmemora la Pasión de Cristo, usándose el color rojo debido a que se celebra la Pasión del Señor y leyendo los textos de la misma. Previamente se celebra la bendición de ramos, donde son bendecidos las palmas y ramos de olivo, que porta la gente en procesión rememorando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Una vez concluida la procesión, comienza la misa de Pasión. En la misma se lee el Evangelio de la Pasión del Señor, lo cual a veces corre a cargo de tres personas: los textos en los que habla Jesús corresponderían al sacerdote, otro lee como cronista, y los demás personajes por otro lector. Es tradicional que las palmas se ricen y se adornen para la procesión. La celebración del Domingo de Ramos comienza con la bendición de ramos, continúa con la procesión y culmina con la misa de Pasión, siendo una celebración de gloria y de pasión al mismo tiempo. Éste día tiene dos perspectivas que se unen en una sola, el Triunfo de Cristo. Por un lado, la entrada triunfal en Jerusalén donde es aclamado como rey. Por otro, al derramar su sangre y morir en la cruz triunfó sobre el pecado. Por lo tanto, éste es el significado del Domingo de Ramos.
Primeros días de Semana Santa
Los primeros días de la llamada "Semana Santa" siguen siendo tiempo de Cuaresma, por tanto, tanto el Lunes, Martes y Miércoles Santo se usa el color morado. Son los días "menores" dentro de la Semana Santa pero aun así son muy importantes. En la mañana del Jueves Santo, en una celebración únicamente conservada por motivos prácticos -se necesitan para la Vigilia Pascual-, se celebra la Misa Crismal, en que el obispo de la diócesis consagra el Óleo de los Enfermos, el Santo Crisma y el Óleo de los Catecúmenos. Aunque suele celebrarse el Jueves Santo por la mañana, las características funcionales de esta celebración permiten que sea trasladada a otros días del final de la Cuaresma. Toda la mañana de Jueves Santo sigue siendo tiempo de Cuaresma, como se transluce de los textos de la Liturgia de las Horas, que se recomienda encarecidamente celebrar con los fieles, en público. La Cuaresma finaliza en la tarde del Jueves Santo en torno a las tres, antes de la celebración de la misa vespertina de la cena del Señor.

Tiempo de Pascua

El tiempo de Pascua es el que conmemora la Resurrección del Señor: su paso de la muerte a la vida (de ahí proviene etimológicamente la palabra Pascua, que significa "pasar"). Comienza estrictamente con la fiesta de la Pascua de Resurrección, si bien se considera que ya el triduo Pascual, como celebración de este paso, forma ya parte de este tiempo, aunque algunos liturgistas discrepen al respecto.

La elección de la fecha de Pascua tiene como origen la consecución de las estaciones y de las fases lunares: así, se celebra en el rito romano el domingo posterior a la primera luna llena de primavera. Si ésta cae en domingo, siempre es al siguiente, con tal de no coincidir con la Pascua judía, que se celebra el mismo día de la luna, según su calendario lunar. Siempre se celebra en Domingo, según tradición apostólica, sin tener en cuenta si fue o no el día exacto en que resucitó históricamente Jesús. Así, puede tener lugar entre el 22 de marzo y el 25 de abril.

Triduo Pascual

El Triduo Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo es el corazón del año litúrgico. Comprende los tres días desde las vísperas del Jueves Santo hasta las II Vísperas del Domingo de Resurrección. Prácticamente, ya es tiempo de Pascua, aunque tiene una consideración especial.
Jueves Santo de la Cena del Señor
El Jueves Santo, se celebra la misa vespertina de la cena del Señor, en la que Jesús instituyó la Eucaristía, el orden sacerdotal y el mandamiento del amor. No es la celebración ni mucho menos principal de estos días, sino la Introducción al Triduo Pascual, la introducción de lo que va a comenzar a partir de esa misma tarde de Jueves Santo, pero tradicionalmente se celebra con una gran solemnidad. Se vuelve a cantar Gloria, pero no el Aleluya. La iglesia no se debe adornar con muchas flores, y los cantos van enfocados a la institución de la Eucaristía. Se sustituye el color morado de la cuaresma de manera especial por el blanco eucarístico. Tradicionalmente, después del Gloria, todas las campanas dejan de sonar y no volverán a sonar hasta la Noche Santa. La liturgia del Jueves Santo se suele celebrar en una misa vespertina (por la tarde, después de la hora nona, aprox. al caer la tarde) que se caracteriza por la solemnidad y emotividad de la celebración, con un ambiente en parte festivo y de algún modo también de alegría, que culminaran con la reserva del Santísimo Sacramento en el Monumento. La celebración culmina de manera tajante a continuación de la reserva del Santísimo, donde se nos informa que la celebración ha concluido y se nos invita a la celebración que tendrá lugar al día siguiente. No se imparte la bendición, pues la celebración continúa el día siguiente. A partir de ahí, se impondrá la sobriedad y la tristeza que marcarán los próximos días hasta el Domingo de Resurrección.
Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor
El Viernes Santo se recuerda la muerte de Jesús en la cruz para salvar a la humanidad. La liturgia de este día es de una sobriedad muy elocuente. Es el día de la Pasión y Muerte del Señor y no se celebra la Eucaristía. Se vuelve a usar el rojo en representación de la pasión y muerte de Jesús, color que ya se había usado en la celebración del Domingo de Ramos, y que en este día vuelve a ser característico, empleándose vestiduras rojas. Puntos culminantes de la liturgia de Viernes Santo son el relato de la Pasión según san Juan, la oración universal y la adoración de la Cruz. Este es un día de silencio y de recogimiento interno. Además, es día de ayuno y abstinencia de carne, en caso de necesidad. Tradicionalmente, las campanas no tocan desde la tarde del Jueves Santo, por lo que en muchos lugares se usaba una carraca para llamar a la gente a la celebración aunque su uso se ha reducido mucho, pero se mantiene la abstención del toque de campanas. La celebración de la muerte del Señor se suele celebrar en torno a las tres de la tarde del Viernes Santo, donde la iglesia queda despojada por completo de flores y adornos, quedando lo más sobria posible en señal de duelo por la muerte de Jesús. Tanto al entrar como al salir, los sacerdotes van en silencio. No hay canto alguno en ésta celebración a excepción del canto durante la adoración de la cruz. Se da la Comunión con las formas guardadas el día anterior (Jueves Santo) en el Monumento, ya que no se celebra la Eucaristía. De nuevo y como el Jueves Santo no se imparte la bendición, porque la celebración que se había iniciado en la misa de la cena del Señor culminará con la Vigilia Pascual, donde se impartirá la bendición final.
Sábado Santo de la Sepultura del Señor
El Sábado Santo es un día de silencio y de oración. Está prohibido, como el día anterior, celebrar la Eucaristía. En este día se suelen organizar retiros para profundizar el misterio pascual. Es conveniente celebrar en común la Liturgia de las Horas, u otras celebraciones en torno al sepulcro del Señor, a su cruz o a los dolores de la Virgen para las cuales el sacerdote se viste de morado en señal de duelo y luto por la muerte de Cristo, pero cabe recordar que no hay misa alguna éste día. El altar está despojado de todo tipo de ornato, el Sagrario queda totalmente abierto y suele colocarse a los pies del altar una imagen de Cristo en el sepulcro.
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Terminado el sábado, la Iglesia celebra la Resurrección del Señor con una Vigilia Nocturna, considerada "Madre de todas las Vigilias" por San Agustín. Se celebra en la madrugada del Domingo de Resurrección (y no en la noche ni en la tarde del sábado). En esta noche de vela, la más solemne para los católicos, se rompen los lutos cuaresmales y se canta de nuevo el Aleluya. Esta es la noche santa, la noche que recuerda la victoria de Cristo sobre la muerte, la noche en que la Iglesia desde su comienzo se espera la segunda venida del Señor.
Los ritos de esta noche son los más largos y solemnes de toda la liturgia romana: primero, se enciende el cirio pascual, imagen de Cristo Resucitado, quien ilumina el mundo y los fieles, que vienen en procesión desde la calle con esta luz, se sientan a escuchar nueve lecturas de la Biblia que les recuerdan la historia de la salvación desde la creación hasta la resurrección de Jesús. Se sigue con la celebración de los sacramentos de la Pascua: el Bautismo, por el cual el hombre muere con Cristo para luego resucitar con Él a una vida nueva (Rom 6, 8), y la Eucaristía, en la cual los Apóstoles reconocen al Señor en la fracción del pan.
La Vigilia Pascual es la celebración más importante, y con diferencia, de todo el año cristiano y de toda la vida del cristiano, y debe celebrarse como tal. La mañana del domingo se celebra la solemne Misa de Pascua, la misa del día y en la tarde, las II Vísperas Bautismales, con procesión al baptisterio y aspersión del agua, con las que termina el Triduo de Pascua.

Días del tiempo de Pascua

El tiempo pascual o de Pascua se extenderá a lo largo de siete semanas (50 días). Los cincuenta días después de Pascua se prolongan como un solo día de fiesta, como un solo gran domingo. Durante todo este tiempo la Iglesia canta la alegría de Cristo Resucitado. Las celebraciones son como un eco de lo que fue la noche de Pascua: se usan vestiduras blancas, no se deja de cantar el Aleluya, se vuelve a usar el Gloria, durante la octava de Pascua -sus primeros ocho días- cada día, y después, cada domingo. Se adornan los templos con muchas flores, más que nunca, y se usa música y canto.
Hacia el final de este tiempo se celebrarán también la Ascensión y Pentecostés. La Ascensión celebra el regreso del Cristo Resucitado a la casa de su Padre. Así, abre para todos los cristianos el camino hacia el Padre Dios. Se confirma y manifiesta de manera solemne a Jesucristo como Señor del Universo. Tradicionalmente se ha celebrado cuarenta días después del Domingo de Resurrección, en jueves, si bien puede ser trasladada por motivos pastorales al domingo siguiente.
La solemnidad de Pentecostés (que significa, cincuentena) cierra el tiempo pascual. Celebra la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. La tradición rito romano afirma que Jesús no deja abandonados a los suyos; al contrario, les envía los dones necesarios. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha. Según san Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, es el día en que nace la Iglesia. Se celebra cincuenta días después del domingo de resurrección (diez días después de la Ascensión), al octavo domingo de Pascua y con vestiduras rojas.

Tiempo ordinario o durante el año

El llamado «tiempo ordinario» o «tiempo durante el año» integra aquellos días en los que no se celebran acontecimientos centrales de la vida de Cristo. Ocupa la mayor parte del año, si bien en dos periodos separados entre sí. El primero inicia tras el tiempo de Navidad y termina antes del Miércoles de Ceniza; el segundo comienza después del tiempo de Pascua y llega hasta antes del primer domingo de Adviento. Abarca 33 o 34 semanas, según el año. Durante este tiempo se usan vestiduras de color verde, menos en las celebraciones (memorias, fiestas, solemnidades) que exigen otros colores.

En esas semanas, la Iglesia de Roma medita el Evangelio de Cristo, su predicación y ministerio previo a su Pasión. Durante los domingos, se leen, en un ciclo trienal, los Evangelios sinópticos: se sigue el Evangelio de Mateo en el ciclo A, el Evangelio de Marcos para el ciclo B, y el Evangelio de Lucas en el ciclo C. El Evangelio de Juan se suele reservar mayormente para los demás tiempos litúrgicos, en particular el Tiempo de Pascua. Sin embargo, existen excepciones: algunos pasajes de los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Juan se usan en el segundo domingo durante el año, y el capítulo 6 se incluye en el tiempo ordinario del ciclo B (domingos decimoséptimo al vigesimoprimero durante el año inclusive). En las misas entre semana (de lunes a sábado), a lo largo del año se sigue una lectura bastante completa de los tres evangelios sinópticos, empezando por el de Marcos, luego el de Mateo y terminando con el de Lucas.

En este tiempo hay espacio para otras fiestas y solemnidades del Señor y de los Santos: en primer lugar, algunas fijas como son la fiesta de la Santísima Trinidad, el domingo después de Pentecostés; la fiesta de Corpus Christi, tradicionalmente el jueves siguiente a la Trinidad, pero en la mayoría de los casos, trasladada al domingo; y la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que se celebra el viernes después de la antigua octava de Corpus, por tanto, la semana después de esta fiesta.
Otras fiestas se desarrollan en el tiempo ordinario, como la de San Juan Bautista, Santiago Apóstol o la Asunción de la Virgen, entre otras. En este tiempo, tienen mayor preferencia estas celebraciones sobre incluso los domingos, puesto que no se celebra en concreto ningún acontecimiento singular de la historia de Salvación, si bien, cada domingo sigue conmemorándose, desde tiempos apostólicos, la resurrección de Cristo.

El año litúrgico finaliza con la celebración de la solemnidad de Cristo Rey, con un sentido claramente escatológico, es decir, con la esperanza en la vida eterna.

Celebraciones de los santos durante el tiempo Ordinario

Durante las celebraciones de los santos, se usan vestiduras de color blanco para las fiestas de Santa María, las fiestas de Cristo que no tengan un enfoque hacia la Pasión y la de los demás santos que hayan muerto de forma natural o celebraciones no martiriales. Se usan vestiduras de color rojo para las fiestas referidas a la Pasión de Cristo (por ejemplo, la festividad de la Santa Cruz), y a las fiestas de los santos mártires, por tanto, asesinados por su fe en Cristo, entre los que se incluyen los apóstoles y evangelistas, a excepción de San Juan, apóstol y evangelista, que no murió martirizado. 

Conviene señalar que, si existe más de una fiesta de algún santo, solo se celebra de rojo la conmemoración de su martirio (San Juan Bautista, San Pablo, etc.)

Existe una tabla que rige el orden de preferencia de celebración en caso de coincidencia de alguna fiesta que se debe seguir en caso de duda.