Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
¿Qué entendemos por Santa María del Carmen cuando nos referimos a la advocación de María?
Santa María del Monte Carmelo, referida comúnmente como Virgen del Carmen o Nuestra Señora del Carmen, es una de las diversas advocaciones de la Virgen María. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, un nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como 'jardín'. Existen hoy en activo órdenes carmelitas repartidas por todo el mundo, masculinas y femeninas, las cuales giran en torno a esta figura mariana.
En España, Puerto Rico y Costa Rica es patrona del mar, también es patrona de la Armada Española. Es considerada Reina y Patrona de Chile, de sus Fuerzas Armadas y de los Carabineros; es patrona de la Policía Nacional de los colombianos y de los conductores en Colombia; en Bolivia es la Patrona de la Nación y de sus Fuerzas Armadas; en el Perú es “Patrona del criollismo" y "Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de Lima, y en Venezuela es la patrona del Ejército y los conductores. Además, fue la patrona del Ejército de los Andes que, liderado por el general José de San Martín, gestó la independencia de Argentina y Chile.
Esta advocación da nombre a todas aquellas personas que se llaman Carmen, Carmela o Carmelo, celebrando su onomástica el día de la fiesta de esta Virgen, el 16 de julio.
La veneración cristiana se remonta al grupo de ermitaños que, inspirados en el profeta Elías, se retiraron a vivir en el Monte Carmelo, considerado el jardín de Israel ("Karmel" significa "jardín"). Estos devotos, después de las cruzadas, formaron en Europa la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas). El Monte Carmelo, situado en la actual Israel, ha sido un sitio de devoción religiosa desde la antigüedad. En la Biblia Hebrea se le menciona con el nombre de Hakkarmel (lugar del jardín), en el libro del profeta Isaías como un lugar de gran belleza y aparece también en relación al profeta Elías. No aparece, sin embargo, en el Nuevo Testamento.
Según la tradición carmelita, el 16 de julio de 1251, la imagen de la Virgen del Carmen se le habría aparecido, a San Simón Stock, superior general de la Orden, a quien le entregó sus hábitos y el escapulario, principal signo del culto mariano carmelita. Según esa tradición moderna, la Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida, el sábado siguiente a la muerte de la persona y llevarlos al cielo. Esta veneración recibió reconocimiento papal en 1587 y ha sido respaldada por los Pontífices posteriores, en especial lo referente al escapulario.
¿Y por Virgen del Rocío?
Bíblicamente, el rocío es símbolo de las bendiciones de Dios y de su acción creadora y vivificante, atribuida al Espíritu Santo, puesto de relieve en el pueblo judío ante la importancia del “rocío” en su vida agrícola, ya que los climas secos de Palestina hacían del agua una bendición de Dios. El pueblo hebreo, hizo del rocío símbolo de fecundidad y bendición.
En Isaías, veremos como el rocío pasará de ser un signo físico a un signo divino “Cielos, enviad rocío de lo alto, y las nubes lluevan al justo: ábrase la tierra y brote el Salvador” (Is. 45, 8). En el Nuevo Testamento, esta efusión será dada por el Espíritu Santo en el día de Pentecostés.
El pueblo Onubense de Almonte, cambió, el nombre a Santa María de las Rocinas, patrona de este municipio y la llamó desde 1653 del Rocío, con alusión al místico rocío del Espíritu Santo, dador de vida, respondiendo a los intensos cambios que por entonces se vivían en la Iglesia, celebrándose su fiesta en la pascua de Pentecostés.
Con este título se inserta la figura de María (Theotokos) en el contexto general de la historia de la salvación. María y la Iglesia, encontradas en ese lugar que es la fecundidad para la vida cristiana.
La imagen de la Virgen del Rocío es una interpretación abstracta, teológica, de la persona de María en la plenitud de su función maternal: respecto de Cristo-Salvador-Cabeza del Cuerpo Místico (San Pablo), y, consecuentemente, respecto de los cristianos, de la Iglesia, de los hombres.
Para el pueblo almonteño, aclama a la Virgen del Rocío como “Blanca Paloma”, nombre dado por los antepasados al Espíritu Santo. Desde que se le cambiara a la Virgen el nombre por el de Rocío, se puso en el camarín, sobre su cabeza, en el techo del palio o incluso en el bordado del centro de su manto.
Al Espíritu Santo, se dirigían esas aclamaciones. Bíblicamente, la paloma no es sólo figura y símbolo del Espíritu Santo, sino que significa y representa también al pueblo de Israel, al pueblo de Dios. Viene a ser en la devoción rociera signo de la vinculación del lazo existente entre el Espíritu Santo, María y la Iglesia.
En la ciudad de Sevilla, hay una hermandad de carácter penitencial que adoptará como Titular a la Virgen del Carmen: Hermandad Carmelita de las Maravillas de María y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Paz y Nuestra Señora del Carmen en Sus Misterios Dolorosos. Con carácter de gloria, serán cinco las que tendrán como Titular a la Virgen del Carmen: Ntra. Sra. del Carmen de Santa Catalina, San Gil, Calatrava, San Leandro y Triana.
Una hermandad de carácter penitencial en Sevilla adoptará como Titular a la Virgen del Rocío, la Hermandad conocida como la del “Beso de Judas” (Redención). Por ende, serán seis de Gloria las que tendrán como Titular a la Virgen del Rocío: El Salvador, Triana, Macarena, Cerro del Águila, Sevilla Sur y Castrense. En la actualidad la Hermandad Matriz se encuentra en Almonte y existen ciento diecisiete hermandades filiares con esta advocación. El carácter de la devoción rociera es internacional.
martes, 5 de julio de 2016
martes, 28 de junio de 2016
Y A LA MADRE DE DIOS LA LLAMAN REMEDIOS, VICTORIA Y DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS...
Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
¿Qué entendemos por Remedios cuando nos referimos a la advocación de María?
Por Remedios aludimos a la advocación mariana ligada desde sus orígenes a la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, conocidos como Trinitarios, fundada por San Juan de Mata y San Félix de Valois y aprobada por el Papa Inocencio III el 17 de diciembre de 1198; extendiéndose a partir del siglo XIV por Europa y América. El Papa Juan XXIII aprobó en 1959 el patronazgo de la Virgen de los Remedios para toda la Familia Trinitaria. Numerosas ciudades han tomado a esta advocación como su patrona, y muchas iglesias y templos están consagrados a su nombre. Otras derivaciones de la misma adveración son: Virgen del Remedio y Virgen del Buen Remedio. Remedios, es una advocación mariana, muy socorrida en la Edad Media para combatir las epidemias de peste que asolaban Europa
¿Y por Virgen de la Victoria?
Los Frailes Mínimos de San Francisco de Paula difundieron a través de sus conventos el culto a Santa María de la Victoria, una representación mariana vinculada a la conquista de Málaga por los Reyes Católicos, Estos religiosos no fueron los únicos que poseyeron en su santoral particular el culto a la Virgen de la victoria. En los últimos años se han estudiado distintos aspectos devocionales de esta advocación. Del análisis de los ejemplos conservados en España, consideramos que estas imágenes de la Victoria deben ser agrupadas en dos bloques: la patrona de Málaga, y las restantes que no responden a un arquetipo o iconografía concreta: la inclinación religiosa hacia el carácter providencialista de María, la Madre de Dios. Las imágenes de la virgen con la advocación de la Victoria son productos de la acción de gracias de los reyes o responsables militares con motivo de logar los triunfos bélicos.
¿Y por Divina Pastora de las Almas?
La Divina Pastora (también conocida como Divina Pastora de las Almas, Madre Divina Pastora o Madre del Buen Pastor) es una advocación mariana que representa a la Bienaventurada Virgen María como la pastora celestial.
Los orígenes de la devoción son imprecisos hasta el siglo XVIII. Existen referencias de la Virgen María como pastora en la vida y escritos de Juan el Geómetra (siglo X), San Juan de Dios, San Pedro de Alcántara, la venerable María Jesús de Ágreda, Santa María de las Cinco Llagas.
Sin embargo, la labor de darla a conocer fue concebida en Sevilla en el año 1703 en la mente de un sacerdote capuchino de gran devoción mariana conocido como Fray Isidoro de Sevilla. Este capuchino le encargó un lienzo con tal representación al artista Alonso Miguel de Tovar de la Escuela pictórica sevillana y escribió La Pastora Coronada (Sevilla, 1705) en la que expuso su idea predicable de la Virgen en traje de pastora.
El 8 de septiembre de 1703, durante la fiesta de La Natividad de la Virgen, se realiza la primera procesión en que es mostrado el lienzo a la feligresía. Posteriormente, Francisco Ruiz Gijón, esculpió la primera imagen tamaño natural de la Divina Pastora. Esta imagen es llevada en su primera procesión en octubre de 1705, con gran solemnidad, hasta la iglesia parroquial de Santa Marina, que para el momento constituía la novena sede de la Primitiva Hermandad del Rebaño de María. A partir de 1705, se comenzó a propagar por todos los territorios del reino de España y América esta advocación mariana. Un papel importante en esto tuvo el Beato Diego José de Cádiz.
Son muy populares las representaciones de esta advocación en Andalucía, por ser principalmente una devoción extendida desde Sevilla a todo el territorio andaluz, algunas cuentan con mucha antigüedad y tradición.
En la ciudad de Sevilla, hay cinco hermandades de carácter no penitencial que adoptan como Titular a la Divina Pastora de las Almas: la de Santa Marina (considerada como la “primitiva”), Capuchinos (coronada canónicamente), San Antonio, Triana y Padre Pío. En cuanto a la provincia de Sevilla, cabe destacar de manera especial la hermandad pastoreña constituida en Cantillana, también coronada canónicamente, por su especial relevancia y manifiesta devoción general.
En Sevilla, será la Titular de la hermandad de las Siete Palabras la que adopte la advocación de María Santísima de los Remedios.
De igual manera, la advocación mariana de Virgen de la Victoria será adoptada por la sevillana hermandad de las Cigarreras.
¿Qué entendemos por Remedios cuando nos referimos a la advocación de María?
Por Remedios aludimos a la advocación mariana ligada desde sus orígenes a la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, conocidos como Trinitarios, fundada por San Juan de Mata y San Félix de Valois y aprobada por el Papa Inocencio III el 17 de diciembre de 1198; extendiéndose a partir del siglo XIV por Europa y América. El Papa Juan XXIII aprobó en 1959 el patronazgo de la Virgen de los Remedios para toda la Familia Trinitaria. Numerosas ciudades han tomado a esta advocación como su patrona, y muchas iglesias y templos están consagrados a su nombre. Otras derivaciones de la misma adveración son: Virgen del Remedio y Virgen del Buen Remedio. Remedios, es una advocación mariana, muy socorrida en la Edad Media para combatir las epidemias de peste que asolaban Europa
¿Y por Virgen de la Victoria?
Los Frailes Mínimos de San Francisco de Paula difundieron a través de sus conventos el culto a Santa María de la Victoria, una representación mariana vinculada a la conquista de Málaga por los Reyes Católicos, Estos religiosos no fueron los únicos que poseyeron en su santoral particular el culto a la Virgen de la victoria. En los últimos años se han estudiado distintos aspectos devocionales de esta advocación. Del análisis de los ejemplos conservados en España, consideramos que estas imágenes de la Victoria deben ser agrupadas en dos bloques: la patrona de Málaga, y las restantes que no responden a un arquetipo o iconografía concreta: la inclinación religiosa hacia el carácter providencialista de María, la Madre de Dios. Las imágenes de la virgen con la advocación de la Victoria son productos de la acción de gracias de los reyes o responsables militares con motivo de logar los triunfos bélicos.
¿Y por Divina Pastora de las Almas?
La Divina Pastora (también conocida como Divina Pastora de las Almas, Madre Divina Pastora o Madre del Buen Pastor) es una advocación mariana que representa a la Bienaventurada Virgen María como la pastora celestial.
Los orígenes de la devoción son imprecisos hasta el siglo XVIII. Existen referencias de la Virgen María como pastora en la vida y escritos de Juan el Geómetra (siglo X), San Juan de Dios, San Pedro de Alcántara, la venerable María Jesús de Ágreda, Santa María de las Cinco Llagas.
Sin embargo, la labor de darla a conocer fue concebida en Sevilla en el año 1703 en la mente de un sacerdote capuchino de gran devoción mariana conocido como Fray Isidoro de Sevilla. Este capuchino le encargó un lienzo con tal representación al artista Alonso Miguel de Tovar de la Escuela pictórica sevillana y escribió La Pastora Coronada (Sevilla, 1705) en la que expuso su idea predicable de la Virgen en traje de pastora.
El 8 de septiembre de 1703, durante la fiesta de La Natividad de la Virgen, se realiza la primera procesión en que es mostrado el lienzo a la feligresía. Posteriormente, Francisco Ruiz Gijón, esculpió la primera imagen tamaño natural de la Divina Pastora. Esta imagen es llevada en su primera procesión en octubre de 1705, con gran solemnidad, hasta la iglesia parroquial de Santa Marina, que para el momento constituía la novena sede de la Primitiva Hermandad del Rebaño de María. A partir de 1705, se comenzó a propagar por todos los territorios del reino de España y América esta advocación mariana. Un papel importante en esto tuvo el Beato Diego José de Cádiz.
Son muy populares las representaciones de esta advocación en Andalucía, por ser principalmente una devoción extendida desde Sevilla a todo el territorio andaluz, algunas cuentan con mucha antigüedad y tradición.
En la ciudad de Sevilla, hay cinco hermandades de carácter no penitencial que adoptan como Titular a la Divina Pastora de las Almas: la de Santa Marina (considerada como la “primitiva”), Capuchinos (coronada canónicamente), San Antonio, Triana y Padre Pío. En cuanto a la provincia de Sevilla, cabe destacar de manera especial la hermandad pastoreña constituida en Cantillana, también coronada canónicamente, por su especial relevancia y manifiesta devoción general.
En Sevilla, será la Titular de la hermandad de las Siete Palabras la que adopte la advocación de María Santísima de los Remedios.
De igual manera, la advocación mariana de Virgen de la Victoria será adoptada por la sevillana hermandad de las Cigarreras.
miércoles, 22 de junio de 2016
Y A LA MADRE DE DIOS LA LLAMAN ESPERANZA DE LA “O”, VISITACIÓN Y SEXTA ANGUSTIA
Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
¿Qué entendemos por Esperanza de la “O” y Visitación cuando nos referimos a la advocación de María?
Virgen de la “O” es una advocación mariana en la que se la asocia con el Adviento o espera de la Natividad de Cristo (además de con la virtud teologal de la esperanza); el período en que la Virgen María estaba embarazada.
La razón del nombre "O" es la exclamación admirativa "oh", que inicia las antífonas del cántico evangélico en la oración de Vísperas desde el 17 al 23 de diciembre, las llamadas Antífonas mayores o Antífonas de Adviento. Así, por ejemplo “Oh Sabiduría que brotaste de los labios del Altísimo (día 17)”. También se refiere como origen de la denominación el aspecto iconográfico de la Virgen de la Buena Esperanza representada frecuentemente con un círculo en el abdomen simulando la gestación, en el que en ocasiones se sitúa el feto de Jesús dibujado o esculpido, y cuyo borde semeja una O, aunque esta ha desaparecido en la iconografía moderna.
Por Visitación entenderemos el término con el que se designa en el cristianismo a la visita realizada por la Virgen María, embarazada de Jesús, a su pariente Isabel, embarazada a su vez de Juan el Bautista. Se trata de un pasaje único del Evangelio de Lucas (1, 39-56).
El pasaje contiene expresiones muy apreciadas por diferentes denominaciones cristianas. Entre ellas se cuentan las palabras de Isabel incluidas hoy en el
“Ave María”, oración mariana del catolicismo, y la respuesta de María a modo de cántico, conocida como el “Magníficat”: Proclama mi alma la grandeza del Señor….
Lucas (1, 39) refiere que María, luego de la Anunciación, fue “con prontitud” a una ciudad de Judá situada en la región montañosa. Hoy en día, esta ciudad se identificó con Ain Karim, a 6 km al oeste de Jerusalén.
La finalidad de la visita de María habría sido para asistirla y, al mismo tiempo, recibir consejo. La traducción del texto griego “meta spoudēs” puede significar “con prontitud”, “con prisa”, pero también “muy solícitamente” o “con impaciencia”. De allí que se suele interpretar la actitud de María como un ejemplo de servicio y entrega a los demás.
La fiesta de la Visitación se celebra el 31 de mayo. Hasta la reforma actual del Calendariam Romanum (decretada por Pablo VI el 14 de febrero de 1969) se celebraba el 2 de julio y en muchas localidades donde es su fiesta patronal se sigue celebrando en su antigua fecha. Pero como esa fecha es posterior a la del nacimiento de Juan el Bautista (24 de junio), en la reforma del calendario tras el Concilio Vaticano II se trasladó al 31 de mayo, con lo que también supone el cierre del mes de mayo, que la Iglesia tradicionalmente dedica a María.
En sus orígenes, la fiesta fue introducida en 1263 por San Buenaventura, general de la Orden Franciscana específicamente para su Orden. Con el crecimiento de ésta también la fiesta se fue divulgando y el Papa Pío V la introdujo en el calendario de la Iglesia universal.
¿Y por Sexta Angustia?
Los siete dolores de María son un conjunto de sucesos de la vida de la Virgen María que son una advocación popular. Se la invoca en latín como “Maria Virgo Perdolens” o “Mater Dolorosa” y es una de las numerosas advocaciones a través de las cuales la Iglesia Católica venera a la Virgen María. La advocación (Dolores) destaca el sentimiento de dolor de la madre ante el sufrimiento de su hijo. Los "siete dolores" hacen referencia a los siete episodios de la vida de Jesucristo, relatados por los evangelios, que hicieron sufrir a María, quien acompañaba a su hijo en su misión de Redentor.
La devoción a la Mater Dolorosa se desarrolla a partir de finales del siglo XI. En 1239, en la diócesis de Florencia, la Orden de los Servitas u Orden de frailes Siervos de María, cuya espiritualidad estaba muy ligada a la Santa Virgen, fijó la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre.
La “Sexta Angustia” de María, corresponde al pasaje evangélico en donde María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46) Jesús muerto en brazos de María.
La advocación “Visitación”, “O” y “Sexta Angustia” es también un tema menos frecuente en el arte y en la religiosidad popular, si en su advocación de origen, como es el caso de la Esperanza (O y Visitación) o Dolores de María (para el caso de la Sexta Angustia).
En la ciudad de Sevilla, hay tres hermandades de carácter penitencial (una de ellas extintas y recuperada por un grupo parroquial asentado en la Real Parroquia de Santa Ana) que tienen como titular mariana a la Virgen de la “O”, la Virgen de la Visitación o a la Sexta Angustia de María: Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno y María Stma. de la “O”, Hermandad de Santa María del Buen Aire y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de Pasión y Muerte, Resurrección de Nuestro Señor y Nuestra Señora del Desconsuelo y Visitación y la Asociación de Fieles de Ntro. Padre Jesús de la Salvación, Mª Santísima de la Sexta Angustia y Stmo. Cristo del Amor, San Joaquín y Santa Ana (Triana)
¿Qué entendemos por Esperanza de la “O” y Visitación cuando nos referimos a la advocación de María?
Virgen de la “O” es una advocación mariana en la que se la asocia con el Adviento o espera de la Natividad de Cristo (además de con la virtud teologal de la esperanza); el período en que la Virgen María estaba embarazada.
La razón del nombre "O" es la exclamación admirativa "oh", que inicia las antífonas del cántico evangélico en la oración de Vísperas desde el 17 al 23 de diciembre, las llamadas Antífonas mayores o Antífonas de Adviento. Así, por ejemplo “Oh Sabiduría que brotaste de los labios del Altísimo (día 17)”. También se refiere como origen de la denominación el aspecto iconográfico de la Virgen de la Buena Esperanza representada frecuentemente con un círculo en el abdomen simulando la gestación, en el que en ocasiones se sitúa el feto de Jesús dibujado o esculpido, y cuyo borde semeja una O, aunque esta ha desaparecido en la iconografía moderna.
Por Visitación entenderemos el término con el que se designa en el cristianismo a la visita realizada por la Virgen María, embarazada de Jesús, a su pariente Isabel, embarazada a su vez de Juan el Bautista. Se trata de un pasaje único del Evangelio de Lucas (1, 39-56).
El pasaje contiene expresiones muy apreciadas por diferentes denominaciones cristianas. Entre ellas se cuentan las palabras de Isabel incluidas hoy en el
“Ave María”, oración mariana del catolicismo, y la respuesta de María a modo de cántico, conocida como el “Magníficat”: Proclama mi alma la grandeza del Señor….
Lucas (1, 39) refiere que María, luego de la Anunciación, fue “con prontitud” a una ciudad de Judá situada en la región montañosa. Hoy en día, esta ciudad se identificó con Ain Karim, a 6 km al oeste de Jerusalén.
La finalidad de la visita de María habría sido para asistirla y, al mismo tiempo, recibir consejo. La traducción del texto griego “meta spoudēs” puede significar “con prontitud”, “con prisa”, pero también “muy solícitamente” o “con impaciencia”. De allí que se suele interpretar la actitud de María como un ejemplo de servicio y entrega a los demás.
La fiesta de la Visitación se celebra el 31 de mayo. Hasta la reforma actual del Calendariam Romanum (decretada por Pablo VI el 14 de febrero de 1969) se celebraba el 2 de julio y en muchas localidades donde es su fiesta patronal se sigue celebrando en su antigua fecha. Pero como esa fecha es posterior a la del nacimiento de Juan el Bautista (24 de junio), en la reforma del calendario tras el Concilio Vaticano II se trasladó al 31 de mayo, con lo que también supone el cierre del mes de mayo, que la Iglesia tradicionalmente dedica a María.
En sus orígenes, la fiesta fue introducida en 1263 por San Buenaventura, general de la Orden Franciscana específicamente para su Orden. Con el crecimiento de ésta también la fiesta se fue divulgando y el Papa Pío V la introdujo en el calendario de la Iglesia universal.
¿Y por Sexta Angustia?
Los siete dolores de María son un conjunto de sucesos de la vida de la Virgen María que son una advocación popular. Se la invoca en latín como “Maria Virgo Perdolens” o “Mater Dolorosa” y es una de las numerosas advocaciones a través de las cuales la Iglesia Católica venera a la Virgen María. La advocación (Dolores) destaca el sentimiento de dolor de la madre ante el sufrimiento de su hijo. Los "siete dolores" hacen referencia a los siete episodios de la vida de Jesucristo, relatados por los evangelios, que hicieron sufrir a María, quien acompañaba a su hijo en su misión de Redentor.
La devoción a la Mater Dolorosa se desarrolla a partir de finales del siglo XI. En 1239, en la diócesis de Florencia, la Orden de los Servitas u Orden de frailes Siervos de María, cuya espiritualidad estaba muy ligada a la Santa Virgen, fijó la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre.
La “Sexta Angustia” de María, corresponde al pasaje evangélico en donde María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46) Jesús muerto en brazos de María.
La advocación “Visitación”, “O” y “Sexta Angustia” es también un tema menos frecuente en el arte y en la religiosidad popular, si en su advocación de origen, como es el caso de la Esperanza (O y Visitación) o Dolores de María (para el caso de la Sexta Angustia).
En la ciudad de Sevilla, hay tres hermandades de carácter penitencial (una de ellas extintas y recuperada por un grupo parroquial asentado en la Real Parroquia de Santa Ana) que tienen como titular mariana a la Virgen de la “O”, la Virgen de la Visitación o a la Sexta Angustia de María: Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno y María Stma. de la “O”, Hermandad de Santa María del Buen Aire y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de Pasión y Muerte, Resurrección de Nuestro Señor y Nuestra Señora del Desconsuelo y Visitación y la Asociación de Fieles de Ntro. Padre Jesús de la Salvación, Mª Santísima de la Sexta Angustia y Stmo. Cristo del Amor, San Joaquín y Santa Ana (Triana)
jueves, 9 de junio de 2016
Y a la Madre de Dios la llaman Salud y Patrocinio...
Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
¿Qué entendemos por Patrocinio cuando nos referimos a la advocación de María?
En el Evangelio de San Juan, el evangelista nos cuenta cómo Jesús, cuando iba a morir, entrega a todos los cristianos, a María como Madre en la figura del discípulo "a quien amaba" (Jn 19,26) con estas palabras: "Ahí tienes a tu madre" (Jn 19,27).
Desde este momento estamos llamados, junto con San Juan, a acoger en nosotros a María, amándola e imitándola y experimentando su especial ternura materna. Por eso la filiación con María es camino privilegiado para encontrarnos con Jesús y vivir en plenitud la vida cristiana.
En la advocación de Patrocinio, se resalta especialmente esta maternidad espiritual de María. La madre de Dios (Theotokos) es nuestra madre, madre de la Iglesia y de todos sus miembros.
A esta maternidad espiritual corresponde una auténtica filiación mariana. Somos hijos de María que nos ha transmitido, a través de Cristo, la vida divina.
Patrocinio significa también protección y amparo. En María encontramos una madre que nos protege, nos da su gracia y amparo en vida y en muerte.
Ella es, pues, protección, amparo, auxilio mediador, abogada, modelo, estímulo, estrella, norte y guía: Patrocinio para cuantos se sienten necesitados.
¿Y por Salud?
La Virgen María ha sido invocada como protectora de la Salud desde los primeros siglos.
San Sabas, en el año 530 dirá que, en Oriente, la Virgen era llamada "Auxiliadora de los enfermos" porque junto a ella se obraban muchas curaciones. A partir del Siglo XIV y hasta el siglo XVII, cuando la peste se extendió por toda Europa y Asia provocando la muerte de gran parte de la población, que muchos pueblos se encomendaron a la protección de la Virgen María pidiendo por su intercesión a Dios, que librara de tan temible enfermedad. Al ser atendidas sus súplicas, y verse librados de la peste, en distintos lugares se erigieron en señal de agradecimiento, grutas y templos en dedicados a la Virgen, dándole a María los títulos de Virgen de la Salud, Santa María de la Salud y Nuestra Señora de la Salud.
En los más diversos rincones del mundo, hoy María es invocada con este título. En algunos lugares la representan coronada de estrellas, con un cetro en la mano y vestimenta bordada en oro; en otros rodeados de ángeles, parada sobre nubes; en otros simple y sencilla con un manto cubriéndole la cabeza y las manos cruzadas sobre el pecho; en otros con la cabeza descubierta y los brazos extendidos sosteniendo al Niños Jesús. De distintas maneras, en distintos idiomas, con distintos nombres, pero siempre la misma Virgen María, atenta como en las Bodas de Caná a las necesidades de sus hijos y dispuesta a pedir por nosotros una vez más a su Hijo Jesucristo.
La advocación “Salud” es también un tema frecuente en el arte y en la religiosidad popular, como es el caso entre las hermandades para sus Titulares Marianas. En la ciudad de Sevilla, hay tres hermandades que tienen como titular mariana a la Virgen de la Salud: Hermandad de San Gonzalo, Hermandad de la Salud de San Isidoro y la Hermandad de Nuestra Sra. del Sol (su reciente Titular de Gloria, la Inmaculada Virgen María y Salud de los Enfermos). La advocación de “Patrocinio” está menos extendida, pero conociendo ahora su sentido, sí entenderemos el porqué de la advocación de Nuestra Madre y Señora del Patrocinio como Titular de la Hermandad del Stmo. Cristo de la Expiración (El Cachorro) de Sevilla.
¿Qué entendemos por Patrocinio cuando nos referimos a la advocación de María?
En el Evangelio de San Juan, el evangelista nos cuenta cómo Jesús, cuando iba a morir, entrega a todos los cristianos, a María como Madre en la figura del discípulo "a quien amaba" (Jn 19,26) con estas palabras: "Ahí tienes a tu madre" (Jn 19,27).
Desde este momento estamos llamados, junto con San Juan, a acoger en nosotros a María, amándola e imitándola y experimentando su especial ternura materna. Por eso la filiación con María es camino privilegiado para encontrarnos con Jesús y vivir en plenitud la vida cristiana.
En la advocación de Patrocinio, se resalta especialmente esta maternidad espiritual de María. La madre de Dios (Theotokos) es nuestra madre, madre de la Iglesia y de todos sus miembros.
A esta maternidad espiritual corresponde una auténtica filiación mariana. Somos hijos de María que nos ha transmitido, a través de Cristo, la vida divina.
Patrocinio significa también protección y amparo. En María encontramos una madre que nos protege, nos da su gracia y amparo en vida y en muerte.
Ella es, pues, protección, amparo, auxilio mediador, abogada, modelo, estímulo, estrella, norte y guía: Patrocinio para cuantos se sienten necesitados.
¿Y por Salud?
La Virgen María ha sido invocada como protectora de la Salud desde los primeros siglos.
San Sabas, en el año 530 dirá que, en Oriente, la Virgen era llamada "Auxiliadora de los enfermos" porque junto a ella se obraban muchas curaciones. A partir del Siglo XIV y hasta el siglo XVII, cuando la peste se extendió por toda Europa y Asia provocando la muerte de gran parte de la población, que muchos pueblos se encomendaron a la protección de la Virgen María pidiendo por su intercesión a Dios, que librara de tan temible enfermedad. Al ser atendidas sus súplicas, y verse librados de la peste, en distintos lugares se erigieron en señal de agradecimiento, grutas y templos en dedicados a la Virgen, dándole a María los títulos de Virgen de la Salud, Santa María de la Salud y Nuestra Señora de la Salud.
En los más diversos rincones del mundo, hoy María es invocada con este título. En algunos lugares la representan coronada de estrellas, con un cetro en la mano y vestimenta bordada en oro; en otros rodeados de ángeles, parada sobre nubes; en otros simple y sencilla con un manto cubriéndole la cabeza y las manos cruzadas sobre el pecho; en otros con la cabeza descubierta y los brazos extendidos sosteniendo al Niños Jesús. De distintas maneras, en distintos idiomas, con distintos nombres, pero siempre la misma Virgen María, atenta como en las Bodas de Caná a las necesidades de sus hijos y dispuesta a pedir por nosotros una vez más a su Hijo Jesucristo.
La advocación “Salud” es también un tema frecuente en el arte y en la religiosidad popular, como es el caso entre las hermandades para sus Titulares Marianas. En la ciudad de Sevilla, hay tres hermandades que tienen como titular mariana a la Virgen de la Salud: Hermandad de San Gonzalo, Hermandad de la Salud de San Isidoro y la Hermandad de Nuestra Sra. del Sol (su reciente Titular de Gloria, la Inmaculada Virgen María y Salud de los Enfermos). La advocación de “Patrocinio” está menos extendida, pero conociendo ahora su sentido, sí entenderemos el porqué de la advocación de Nuestra Madre y Señora del Patrocinio como Titular de la Hermandad del Stmo. Cristo de la Expiración (El Cachorro) de Sevilla.
martes, 31 de mayo de 2016
Y a la Madre de Dios la llaman Esperanza...
Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
¿Qué entendemos por esperanza cuando nos referimos a la advocación de María?
Para muchos la advocación de Esperanza es entendida como la virtud por la cual se puede llegar alcanzar una necesidad por medio de la confianza o por solicitud de intercesión, pero ¿estamos en lo cierto?
La advocación Mariana de Esperanza, es la más extendida dentro de la religiosidad popular, pero, conozcamos realmente a que nos referimos con esta “Esperanza”.
La esperanza es la virtud por la cual el hombre pasa de devenir a ser. Siguiendo a Santo Tomás de Aquino, ha sido definida como "virtud infusa que capacita al hombre para tener confianza y plena certeza de conseguir la vida eterna y los medios, tanto sobrenaturales como naturales, necesarios para alcanzarla, apoyado en el auxilio omnipotente de Dios".
En la Teología cristiana estas virtudes forman una unidad indisoluble con las virtudes cardinales o naturales: Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza y todas ellas en su conjunto describen la imagen cristiana del hombre.
Esperanza es el nombre de una de las tres virtudes teologales o sobrenaturales, junto con la fe y la caridad.
Pero, ¿es coincidente lo que nosotros entendemos con lo que realmente advocamos a María?
Virgen de la Esperanza, Virgen encinta, Virgen de la Divina Enfermera o Virgen de la O es una advocación mariana en la que se la asocia con el Adviento o espera de la Natividad de Cristo (además de con la virtud teologal de la esperanza); el período en que la Virgen María estaba embarazada (en latín Maria Gravida o Virgo Gestans).
María es Theotokos (en griego: Θεοτόκος; en latín: Deīpara o Deī genetrix) es una palabra griega que significa Madre de Dios (literalmente, 'la que dio a luz a Dios'). Su equivalente en español, vía latín, es Deípara. Es el título que la Iglesia cristiana temprana le dio a María en el Concilio de Éfeso de 431 en referencia a su maternidad divina.
La advocación de la Esperanza es celebrada el 18 de diciembre, fiesta de la “Expectación del parto de la Santísima Virgen María”, siendo este el sentido real de su advocación, además de la virtud teologal propia dirimente de la misma.
Entre los pasajes evangélicos que incluyen escenas del periodo de embarazo de la Virgen (desde la Anunciación hasta el viaje para censarse, primero a Jerusalén y finalmente a Belén) se encuentra el de la Visitación: el encuentro entre María y su prima Isabel, que también estaba embarazada (de Juan el Bautista).
Es un tema frecuente en el arte y en la religiosidad popular, como es el caso entre las hermandades de carácter penitencial, sobre todo en los de la ciudad de Sevilla, donde hay seis hermandades que tienen como titular mariana a la Virgen de la Esperanza. Estas son: Hermandad de la Esperanza Macarena, Hermandad de la Esperanza de Triana, Hermandad de San Roque (Gracia y Esperanza), Hermandad de La Trinidad y Hermandad de La O. No hay que olvidar a la Virgen de la Divina Enfermera, titular de la Hermandad de la Lanzada o María Santísima de la Esperanza, Reina de los Mártires de la Hermandad Sacramental del Juncal.
miércoles, 18 de mayo de 2016
Las advocaciones de María (Parte I)
Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
¿Qué es una advocación?
¿Qué es una advocación?
Para la
religión católica, una advocación
mariana es una alusión
mística relativa a apariciones, dones o atributos de la Virgen María.
La Iglesia católica admite innumerables
advocaciones que significan la figura de la María como Madre de Jesucristo o alguna de sus virtudes o cualidades,
a las que se rinde culto de diversas maneras.
Las
advocaciones podremos clasificarlas en dos tipos: las de carácter místico, que
serán las relativas a dones, misterios, actos sobrenaturales o fenómenos
taumatúrgicos de la Virgen, como la Anunciación,
la Asunción, la Presentación, etc; y las apariciones
terrenales, que en muchos casos han dado lugar a la construcción de santuarios
dedicados a la Virgen, como el del Pilar, el de Lourdes,
el de Fátima, entre otras.
Estas
advocaciones, a menudo, dan lugar a múltiples patrocinios (como "virgen
protectora") de pueblos, ciudades o países, o de diversas entidades o
cofradías.
Las advocaciones
marianas se suelen nombrar con las fórmulas “Santa María de”, “Virgen
de” o
“Nuestra Señora de”. Pero también, las advocaciones suelen dar lugar en
muchos
casos a nombres propios femeninos, compuestos del nombreMaríay su
advocación: María del Carmen,
María de los Dolores, María de Lourdes, etc. Aunque el nombre sea
diferente en
cuanto al atributo relativo a la Virgen María siempre se refiere
únicamente a Ella, así se haga mención de varios nombres en un mismo
momento, la instancia
es la misma, la Virgen María.
Su
celebración, en la mayoría de los casos, se hace de forma conjunta el día 8 de septiembre o primer domingo de septiembre, el día
que la Iglesia celebra las “Apariciones de la Santísima Virgen en los más
célebres santuarios”.
Aunque
históricamente en los primeros siglos del cristianismo
existen registros que hablan de María como "Madre de Dios"
(Theotokos), dicho título considerado pilar de advocaciones hacia su persona ha
sido motivo de críticas. La misma es defendida tanto por la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa, y reafirmada
inclusive por los iniciadores del Movimiento
Protestante en el siglo XVI,
propiciado por Lutero, y mantenida posteriormente por Calvino y Zwinglio.
La misma concepción teológica fue
oficializada como “dogma de fe” en el Concilio
de Éfeso hacia el año 431, esto
por las ideas promulgadas por Nestorio quien afirmaba sobre María como Madre
de" Jesús-Hombre" únicamente,
y no Madre de"Jesús-Dios",
dicha concepción no procedió y fue inmediatamente rechazada en el mismo, salvo
el caso anterior, dentro de la doctrina cristiana no había surgido una negativa
generalizada acerca de dicho dogma de fe, siendo mantenido este sin
cuestionamiento.
Sin embargo,
a medida que el proceso reformador avanzó a lo largo de los siglos, dentro de
algunos movimientos post-reformantes que mantuvieron el cisma de Roma se
originó un giro en la postura teológica de los mismos sobre el papel de María
dentro de la doctrina cristiana. Desde entonces se ha producido una forma de
"desacreditación histórica" en la Tradición de la Iglesia católica por parte de las diversas
manifestaciones del protestantismo, que además influyó en la postura hacia la
religión de varios eruditos e investigadores europeos del iluminismo racional del siglo XVIII y
en el liberalismo teológicodel siglo XIX, incluyéndose en el caso
lo referente a escritos patrísticos acerca de la Madre de Jesús, y sus consecuentes
concepciones dentro del catolicismo
romano en los primeros tres
siglos del cristianismo, y las múltiples "manifestaciones" mariológicas aceptadas y proclamadas a
lo largo de la historia.
De
acuerdo con la doctrina de laIglesia
católica, las advocaciones que se dirigen a María son única y exclusivamente
modos de llamarla desde el punto de vista bíblico relacionados a Ella,
acciones, lugares o mensajes que la identifican, nada más. Aclarando con ello
que solo hay una Virgen María, siendo
además estos representados a través de la pintura, arte y escultura pictórico-religioso.
Las
mismas han adquirido variadas interpretaciones acerca de su verdadero valor
doctrinal dentro del cristianismo, por lo que la mayoría de confesiones religiosas ajenas al catolicismo y por
parte de algunos estudiosos bíblicos escépticos, han considerado a estas "formas de idolatría" o "actos
de devoción anti-bíblicos para imponer la religión católica",
relacionando bajo el campo socio-cultural similitudes con creencias que ha
existido dentro de los pueblos "paganos" ahora cristianizados,
obviándose la parte teológica cristiana que existe para comprender a
las mismas.
También
ocurre por otras causas entre ellas: el poco estudio de la verdadera concepción
de la doctrina católica hace que el mismo se desfigure en muchas ocasiones por
consecuencia de la “mala formación
doctrinaria” o “poca profundización en la misma” por parte de algunos confesos al
catolicismo, re-definiendo sin mala intención el verdadera significado que
dichas advocaciones poseen, en forma variada y en muchas ocasiones incluso
contradictoria a la explicación de laIglesia
Católica, ocasionándose por ello disputas internas, que ha provocado cismas variados por considerarlas supersticiones.
lunes, 16 de mayo de 2016
Comentario a la obra "Los Sacramentos de la Vida" (Leodardo Boff, Sal Terrae Junio 2008)
Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
1.- Primera valoración de la obra.-
El autor en este libro, el
hombre es el ser capaz de leer el mensaje del mundo.
Vivir es leer e interpretar. Cuando las cosas comienzan a hablar y el hombre a
escuchar sus voces, emerge el edificio sacramental: Todo lo real no es sino una
señal. La vida en sí es un sacramento y lo cotidiano puede llegar a ser
sacramental.
2.- Estructura.-
La obra se presenta dividida en catorce capítulos,
siendo el último una conclusión de los trece primeros. Cada capítulo se
encuentra a su vez subdivido en epígrafes, a modo de desarrollo temático.
En el primer capítulo, Boff utiliza una anáfora en
el que nos dice que el Espíritu vive hoy en los “manantiales de nuestra
experiencia cultural”, concluyendo que el hombre ha de ser capaz de poder
“leer” ese mensaje que el mundo nos ofrece a diario. Si la señal ha de ser
explicada, no es señal, ya que esta debe tener autonomía suficiente para ser
entendida por el sujeto. Lo sacramental y lo simbólico, dirá Boff, constituye
la realidad humana.
En el segundo y tercer capítulo, el autor usa un
objeto cotidiano, un tanque de aluminio, para explicar al lector que hasta este
objeto cotidiano puede llegar a ser un sacramento; siendo aquello que siempre
había vivido y todos viven, ungido de una realidad diferente entre todos los
objetos y captado de manera diferente por cada sujeto. Lo mismo ocurre cuando
el recuerdo material de alguien, como era el caso de la colilla, adquiere una
transcendencia que lo eleva al estatus de sacramento, porque según L. Boff,
“estaba viva y hablaba de la vida”
En el capítulo cuarto, nuevamente un
objeto de la vida diaria, adquiere la identidad de sacramento, el pan recién
hecho por la madre por las mañanas. Para los hijos, ese pan adquiere la unción
de sacramento, ya que por medios de los sentidos, el sujeto advierte esa
realidad “diferente” a la ordinaria. El sacramento, dirá Boff, participa de dos
mundos, del trascendente y del inmanente.
En el capítulo quinto, nos concluirá
que el mundo es un gran sacramento, que Dios nunca es alcanzado en sí mismo.
Que en él coexisten dos movimientos, uno que viene de Dios hacia la cosa y otro
que va de la cosa hacia Dios, siendo Este captado en el objeto. La vocación del
hombre consiste en convertirse en hombre sacramental.
En el capítulo sexto, séptimo,
octavo y noveno, Boff nos dirá que la vida en la historia, va abriendo caminos,
que la gente lee el sentido de la vida a partir de un pasado que culmina en un
presente. Dirá que sacramento es todo cuando se contempla a partir y a la luz
de Dios. Nos dirá que Jesús de Nazaret es llamado el sacramento por excelencia,
presentado como sacramento frontal de Dios. La Iglesia es el sacramento de
Cristo. Dirá igualmente, que la fe en el Señor que vivifica el credo, se
encarna en las instituciones y vive en las tradiciones Por último, Boff nos
dice, que en los principales nudos existenciales de la vida, se concretizan los
principales sacramentos de la fe.
En el capítulo décimo, Boff explica
en qué sentido es Jesucristo el autor de los sacramentos, y el paso vertical de los sacramentos de Dios
a los sacramentos de Cristo.
Prosigue el capítulo undécimo hasta
el décimo cuarto, que la palabra es por excelencia el sacramento revelador y
comunicador de cada persona. Así mismo actúan “ex opere operato”, visibiliza, una
vez es realizado el rito, teniendo la garantía de que Dios y Jesucristo están
ahí presentes. Solo la acogida humilde del fiel el sacramento se realiza
plenamente. Que lo “sim-bólico” mal entendido puede ser degenerado en
“dia-bólico”, esto es, que si el sacramento no es expresión de fe, se diluye su
dimensión simbólica.
A modo de conclusión, en el capítulo décimo cuarto, el
autor termina con dieciocho proposiciones, para resumir de alguna manera, el
“universo sacramental”
3.- Valoración.-
Boff usa el método deductista para presentar la obra
y su desarrollo, va desde lo universal (la sociedad general) a lo particular (el
sacramento). Para ello, el autor estructura la obra desde los distintos
aspectos sociológicos a tener en cuenta en una sociedad, realizando en muchos
casos un paralelismo convexo, que en su origen va de la mano y en su desarrollo
diverge de manera progresiva, hasta crear una distancia que puede ser
yuxtapuesta en los distintos hitos y aspectos cotidianos.
El trabajo final de L. Boff, resulta muy
recomendable para el unas primeras pinceladas del entendimiento general de
sacramento.
4.- Juicio Global.-
Tras lo expuesto anteriormente, a mi juicio, la obra
presenta exposición mediante anáforas y otros recursos literarios, de la sacramentalidad de nuestra vida diaria,
de la sacramentalidad del mundo en donde vivimos y de que somos parte sustancial
de esa realidad, no reconocida por todos pero sí experimentada.
En dieciocho proposiciones, nos expone de una forma
sencilla una realidad compleja, percibida por todos pero en ocasiones no
interpretada, de ahí que el hombre para que pueda recibir la gracia del rito,
deba estar con el corazón abierto y preparado. De no ser así, estos signos
contenidos en los ritos, pueden convertirse en “antisignos”.
El sacramento, solo es
sacramento en el horizonte de la fe […] Sacramento con conversión es salvación.
El Septenario Sacramental
Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
El concilio de Trento definió que los sacramentos propios y verdaderos de
la Nueva Alianza instituidos por Cristo son siete, ni más ni menos[1].
Pero esta conciencia del número septenario de los sacramentos sólo fue
madurando progresivamente en la teología, ya que la Biblia no nos ofrece ningún
criterio en este sentido ni conoce un concepto de sacramento que pueda
aplicarse a cada uno de los ritos designados luego con este nombre, aunque dé
suficientes indicaciones sobre cada uno de los siete sacramentos.
Los Padres de la Iglesia, a pesar de que tratan de todos los sacramentos,
ofrecen una lista completa del septenario.
Las listas empiezan a aparecer sobre todo a partir del siglo XI, cuando
comenzó a profundizarse en el concepto de sacramento sobre la base de las
definiciones dadas por san Agustín.
San Pedro Damiani en 1072, presenta una lista de doce sacramentos, en la
que no están presentes, sin embargo, la eucaristía ni el Orden Sacerdotal; pero
otros autores no esconden las dificultades de establecer el número preciso de
los sacramentos, oscilando entre dos, el bautismo y la eucaristía y un número
sin precisar, pero notable, como hace san Bernardo. Sería la escuela de
Abelardo la que ofreció una clave de solución a este problema, con la
distinción entre “sacramentos mayores” o “espirituales”, necesarios para la
salvación, y los demás sacramentos de menor importancia, destinados sólo a
incrementar la devoción de los fieles o a ofrecer los objetos necesarios para
el culto.
LOS SACRAMENTOS “MAYORES” Y LOS
SACRAMENTOS “MENORES”
Sería Pedro Lombardo[2]
en 1148 el que dio la enumeración de los siete sacramentos (los denominados
“Mayores”), distinguiéndolos de los otros ritos de la Iglesia y completando de
este modo las listas anteriores del cardenal Roberto Pull, donde faltaba la unción
de los enfermos y de la Summa sententiarum, de donde estaba ausente el Orden
Sacerdotal.
Sería en el
siglo XIII cuando la lista de Lombardo fue aceptada por todos los grandes
escolásticos, que expusieron detalladamente las conveniencias racionales del
número septenario de los sacramentos.
De igual
manera, sería en el concilio de Lyón, en 1274, cuando la Iglesia latina y la
griega confesaron de común acuerdo el dogma del número septenario[3].
Esta rapidez
en la difusión de esta doctrina sacramental sería inexplicable si hubiera sido
una invención de Pedro Lombardo, sin fundamento alguno en la tradición. Él no
hizo otra cosa más que formular de manera más clara que los teólogos
precedentes los datos de la tradición. Los sacramentos fueron siempre practicados
con fe en su eficacia, pero su forma sistemática tuvo progresos, por lo que la
afirmación de los siete sacramentos que producen la gracia ex opere operato no
era evidente hasta entonces por falta de precisión en el lenguaje teológico.
EXPLICACIÓN DEL NÚMERO SIETE PARA
LOS SACRAMENTOS.
Muchos teólogos han intentado responder a esta cuestión viendo sobre
todo los efectos de los sacramentos y los fines por los que fueron instituidos.
Alberto Magno, pensaba que los sacramentos son siete porque estaban instituidos
para combatir los siete vicios capitales.
Buenaventura, por el contrario, vio una correspondencia entre los
sacramentos, las siete virtudes cristianas[4]
y las siete enfermedades causadas por el pecado[5]
y que destruyen los sacramentos.
La explicación de santo Tomás de Aquino, aunque se sitúa en la misma
línea de solución, es más amplia y articulada. El principio fundamental de
santo Tomás es que el organismo sacramental abraza toda la vida cristiana,
tanto de los individuos como de la Iglesia.
Este
principio se basa en la analogía entre la armonía de la vida natural del hombre
y la de su vida sobrenatural, de manera que el desarrollo de la vida espiritual
del cristiano sigue un camino semejante al de la vida corporal, que pasa por
siete etapas, a fin de alcanzar la perfección respecto a la propia persona y
respecto a la sociedad en que vive[6].
La motivación antropológico-eclesial de santo Tomás fue recogida más tarde por
el Catecismo del concilio de Trento, por la encíclica Mystici Corporis, de Pío
XII, y por la Constitución Lumen Gentium 11, del Vaticano II.
También
es común la motivación simbólica del número siete para indicar la totalidad.
Algunos Padres ven en el número siete la suma de cuatro, que indica la inmanencia,
lo físico, el cosmos, y de tres que indica lo trascendente, es decir, se trata
de la síntesis de lo visible y lo invisible, del Verbo encarnado, de la
totalidad de Dios que pone ritmo a la totalidad de la existencia humana en la
economía histórico-salvífica de la encarnación.
JUSTIFICACION PARA LOS SIETE
SACRAMENTOS.
Ninguno
de los siete sacramentos resulta haber sido instituido por un concilio, por un
Romano Pontífice, por una comunidad o iglesia particular. Se trata de una
verdad de antigua tradición. Recordemos lo que enseña san Agustín: "Quod
universa tenet Ecclesia, nec Conciliis institutum est sed semper retentum est,
nonnisi auctoritate apostolica traditum rectissime creditur"[7].
La Iglesia ortodoxa admite y celebra los siete sacramentos
como lo muestran los libros litúrgicos, las declaraciones de los concilios
unionistas de Lyón y Florencia, las profesiones oficiales de fe y las
respuestas dadas a los protestantes con ocasión de los intentos de éstos por
atraer a los ortodoxos orientales a su propio ámbito.
El hecho es que a cuantos presentaron la versión griega de la "Confessio Augustana como base para intentos unionistas, el patriarca Jeremías II de Jerusalén, de acuerdo con Simeón de Tesalónica escribió en 1576: "Los misterios o sacramentos que se encuentran en la Iglesia católica de los cristianos ortodoxos son siete: Bautismo, Confirmación, Penitencia Eucaristía, Orden, Matrimonio y Unción de enfermos.
El hecho es que a cuantos presentaron la versión griega de la "Confessio Augustana como base para intentos unionistas, el patriarca Jeremías II de Jerusalén, de acuerdo con Simeón de Tesalónica escribió en 1576: "Los misterios o sacramentos que se encuentran en la Iglesia católica de los cristianos ortodoxos son siete: Bautismo, Confirmación, Penitencia Eucaristía, Orden, Matrimonio y Unción de enfermos.
Siete, de hecho son los dones del Espíritu divino, como dice
Isaías, y siete los misterios (palabra griega para "sacramento") de
la Iglesia que tienen eficacia por obra del Espíritu".
La Iglesia monofisita, cuya separación se remonta al S. V, a
una época posterior a la elaboración doctrinal del concepto de sacramento,
conserva el firme parecer del número septenario de los sacramentos, como está
escrito en el catecismo del obispo Barsaum: "Los sacramentos de la Iglesia
son bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, orden, unción de enfermos y
matrimonio"[8]
En conclusión, los siete
sacramentos entran en la constitución de la Iglesia como sacramento: son como
las actuaciones vitales, aunque no las únicas, de la Iglesia en el tiempo. Pero
algunos sacramentos ocupan un lugar primario respecto a los demás: el bautismo,
en cuanto constitutivo del pueblo de Dios, y la eucaristía, que contiene a
Cristo real y substancialmente, creando y expresando la comunión de los
cristianos en el único Cuerpo de Cristo resucitado.
BIBLIOGRAFÍA.-
El septenario sacramental y los sacramentales según los Salmanticenses (s. SVII). Un comentario al "Cursus Theologicus" (Dionisio Borobio, Salmanticensis, ISSN 0036-3537, Vol. 58, Fasc. 3, 2011, págs. 395-425)
J Auer, Los sacramentos de la Iglesia, Herder, Barcelona 1983;
G. Fourez, Los sacramentos y vida del hombre, Sal Terrae, Santander 1983;
J. M. Castillo, Símbolos de libertad, Teología de los sacramentos, sígueme, Salamanca 1980;
L. Maldonado, Iniciaciones a la teología de los sacramentos, Marova, Madrid 1977.
I. Barsaum, Pequeño catecismo de los sirios disidentes Der Zafran 1912
[1] cf. DS 1601
[2] IV Sent.
[3] cf. DS 860
[4] Las tres teologales y las cuatro cardinales
[5] Septiformis morbus
[6] S, Th. 111, q.65, a. 1
[7] De Baptismo IV, 24,13
[8] . I. Barsaum, Pequeño catecismo de los sirios disidentes Der Zafran 1912
El Año Litúrgico, ¿qué es y en qué consiste?
Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
- Introducción. La Liturgia tras el Sacrosanctum Concilium
- Esquema-Resumen Año Litúrgico
- ¿Qué es el Año Litúrgico?
- En la Iglesia católica
- 1.1 Tiempo de Adviento
- 1.2 Tiempo de Navidad
- 1.3 Tiempo de Cuaresma
- 1.3.1 Semana Santa
- 1.3.2 Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
- 1.3.3 Primeros días de Semana Santa
- 1.4Tiempo de Pascua
- 1.4.1Triduo Pascual
- 1.4.1.1Jueves Santo de la Cena del Señor
- 1.4.1.2Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor
- 1.4.1.3Sábado Santo de la Sepultura del Señor
- 1.4.1.4Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
- 1.4.2Días del tiempo de Pascua
- 1.5Tiempo ordinario o durante el año
- 1.6Celebraciones de los santos durante el tiempo Ordinario
Introducción
General.- El cincuenta aniversario de la constitución litúrgica
El día 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey
del Universo, el papa Francisco ha clausurado el Año de la fe. El papa
Benedicto XVI lo había proclamado e iniciado el día 11 de octubre de 2012, en
el quincuagésimo aniversario de la apertura del concilio ecuménico Vaticano II.
El comienzo del Año de la fe coincidió con el recuerdo agradecido de dos
grandes eventos, que han marcado el rostro de nuestra Iglesia de hoy: los
cincuenta años pasados desde la apertura del concilio Vaticano II por voluntad de
San Juan XXIII (11 de octubre de 1962) y los veinte años desde la promulgación
del Catecismo de la Iglesia Católica, legado a la Iglesia por san Juan Pablo II
En diciembre de 2013 celebramos un nuevo aniversario. El día 4 de diciembre
de 2013 se cumplieron cincuenta años de la promulgación de la constitución
litúrgica Sacrosanctum Concilium. El aniversario encierra historia, reflexión y
compromiso. El tiempo pasa veloz con sus meses, días y horas. Ha transcurrido
medio siglo desde que el papa San Juan XXIII iniciara el concilio ecuménico
Vaticano II (11 de octubre de 1962). Era casi ayer cuando la nave de la
basílica de San Pedro se llenaba de obispos, procedentes de los cinco
continentes, de toda raza, lengua y cultura. En todo el mundo se leían con
interés las crónicas de los periodistas acreditados ante la Sede Apostólica,
las intervenciones de los obispos y las anécdotas curiosas. Fue un
acontecimiento seguido por todas las Iglesias particulares.
Al año siguiente, el día 4 de diciembre de 1963, se aprobaba en el aula,
con 2147 votos favorables y 4 en contra, el primer documento conciliar, la
constitución litúrgica Sacrosanctum Concilium. La unanimidad de la votación
demostraba el interés por la liturgia. Los padres conciliares, antes de
reflexionar y discutir sobre temas importantes para la vida y el bien de la
Iglesia, quisieron iniciar sus tareas por la liturgia, por el culto que la
Iglesia tributa a Dios Padre por Jesucristo y en el Espíritu Santo.
Hoy, la Iglesia conmemora los cincuenta años. Eleva sus manos al cielo y
agradece a Dios Padre el don del Concilio y el paso del Espíritu Santo. Hace
memoria del evento y se compromete a poner en práctica sus enseñanzas. Sea
nuestra oración agradecida y sincera. La celebración de la Eucaristía nos una a
esta acción de gracias y de súplica. La constitución conciliar Sacrosanctum
Concilium y la reforma litúrgica posterior no han surgido improvisadamente con
el Concilio. La constitución se ha fraguado desde el inicio del movimiento
litúrgico, la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, en el XX. La
constitución es considerada como el punto de llegada de un largo camino y un
fruto maduro de estudios e investigaciones. No podemos olvidar que a todos los que
han contribuido en el movimiento litúrgico les movía su gran amor a la liturgia
y a la Iglesia.
Acompañaron al movimiento litúrgico otros tres, y todos se enriquecieron
mutuamente. El movimiento patrístico se dedicó principalmente a la publicación
de los textos de los Padres; el bíblico promovió el interés por la Biblia y,
por último, el movimiento ecuménico abrió fronteras de hermandad.
San Pío X fue el primer papa que habló de la “participación activa” de los
fieles en las celebraciones litúrgicas. No fue el concilio, sino -mucho antes
en el motu proprio Tra le Sollecitudini (del 22 de noviembre de 1903). Por otro
lado, el monje Lambert Beauduin es considerado como el padre del movimiento
litúrgico por su famoso discurso en 1909 en Malinas, Bruselas. Pío XII realizó
importantes reformas litúrgicas, casi inconcebibles en aquel tiempo. La reforma
comenzó en el corazón mismo de la liturgia, cuando en 1951 restauró la Vigilia
pascual, devolviéndole su espíritu primitivo y nocturno. En 1955 completó la
reforma de toda la Semana Santa. Estableció nuevas leyes sobre el ayuno eucarístico
y las misas vespertinas, etc. Se ha afirmado que el siglo XX es el siglo de la
liturgia.
El movimiento litúrgico, a las puertas del concilio Vaticano II, estaba en
su momento álgido. Pío XII, en la encíclica Mediator Dei, había trazado los
principios teológicos y pastorales y había rechazado como erróneas algunas
definiciones de la liturgia. El terreno estaba preparado para la constitución
conciliar e iniciar la reforma litúrgica. Las ideas del Proemio de la
Sacrosanctum Concilium estaban entresacadas de las orientaciones dadas por el
papa San Juan XXIII en su alocución Gaudet Mater Ecclesia. La constitución
litúrgica recogía los objetivos del Vaticano II. El primero se fijó en el
crecimiento de la vida cristiana, y para conseguirlo era preciso proveer a la
reforma y al fomento de la liturgia (SC 1). La renovación de la Iglesia, el
ecumenismo y la acción misionera estaban estrechamente ligadas entre sí y
dependían en gran parte del modo en que la Iglesia celebraba y vivía la
liturgia. La constitución litúrgica traza las líneas generales de la reforma
litúrgica. Era imposible redactarla si antes no se hubiera reflexionado sobre
las fuentes bíblicas y patrísticas, litúrgicas y teológicas. En el texto
conciliar subyacen dos líneas claves: el fundamento doctrinal y las
orientaciones pastorales. Entre los principios doctrinales se pueden indicar
los siguientes: la liturgia se enmarca en la Historia de la Salvación, historia
centrada en la Pascua de Cristo. En la celebración litúrgica se actualiza la
historia salvífica y el misterio pascual de Cristo. El Espíritu Santo, el gran
mistagogo, santifica los signos sacramentales. También se da gran relieve a la
Palabra de Dios, casi olvidada durante muchos siglos.
La relación liturgia e Iglesia, presentada por el texto conciliar, ayudó y
ayuda a superar el clericalismo y el individualismo. Se acentúa el concepto
teológico de la Iglesia como sacramento de la unidad, pueblo santo, congregado
en asamblea litúrgica, expresión de la Iglesia local. La liturgia hace la Iglesia
y la Iglesia hace la liturgia. La Iglesia se manifiesta en la liturgia y se
convierte en misionera porque la liturgia es la cumbre y la fuente de toda la
actividad de la Iglesia. Los padres conciliares estaban preocupados por la
formación litúrgica permanente y circunstancial. La reforma litúrgica que
prescinda de la formación peligra caer en el vacío o el arbitrio. La
constitución, además, de los principios doctrinales, indica los aspectos
pastorales. La pastoral se fundamenta en la doctrina y la doctrina se proyecta
a la pastoral. Las dos forman una unidad. Menciono solamente algunos puntos más
sobresalientes de la pastoral o praxis. La adaptación de las oraciones y de los
ritos fue un reto de la Iglesia para las Iglesias particulares. Merece mención especial
el uso de la lengua vernácula. En algunas naciones europeas se introdujo antes
del concilio la lengua vernácula en algunos momentos celebrativos.
Dos innovaciones han contribuido al ecumenismo y al acercamiento con
nuestros hermanos ortodoxos. La concelebración y la comunión con el cáliz han
ayudado a suavizar las relaciones con las Iglesias orientales. Ha transcurrido
este tiempo entre luces y sombras, y ha sido un tiempo agitado por ideologías
que han perjudicado a la reforma y a la renovación litúrgica.
Las ideologías eran de dentro y fuera de la Iglesia. El camino de la
reforma ha sido difícil. No se han comprendido sus objetivos, se han suscitado
ambigüedades y se ha creado confusionismo. En pocos años la Iglesia ha
realizado un importante trabajo, la reforma litúrgica más importante de la
historia. Ha sido un esfuerzo histórico y gigante. Se ha valorado el patrimonio
litúrgico heredado y se ha enriquecido por el progreso.
Las fuentes litúrgicas han contribuido a que las comunidades cristianas se
renovaran y profundizaran en el espíritu litúrgico. Nuestra mirada al pasado
nos tiene que iluminar y animar para vivir nuestro futuro. Hemos recibido una
herencia rica en fe y en eucología. El L aniversario de la constitución Sacrosanctum
Concilium nos invita a conservar fielmente lo recibido, ofrecer con generosidad
su gran riqueza a las generaciones presentes y futuras. La liturgia es de todos
los siglos; da vida y renueva a la Iglesia; es la celebración del Misterio
pascual de Cristo. La liturgia es el gran río en el que confluye toda la
actividad de la Iglesia y la fuente en la que el fiel bebe siempre el agua
viva.
Esquema-Resumen General del Año Litúrgico
| Ciclo Litúrgico |
Tiempo / Fiesta |
Duración | Colores y Signos |
Sentido | |||
| A D V I E N T O |
Inicio del Año Litúrgico | Adviento | 4 domingos | Morado Corona de Adviento |
El Tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación
para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida
del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este
recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de
Cristo al fin de los tiempos. Por estas razones el Adviento se nos manifiesta
como tiempo de una expectación piadosa y alegre. El tiempo de Adviento comienza con las primeras Vísperas del domingo que cae 30 de noviembre o es el más próximo a este día, y acaba antes de las Vísperas de Navidad. Los domingos de este tiempo se denominan domingo I, II, III, IV de Adviento. Las fiestas del 17 al 24 de diciembre tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad. |
||
| N A V I D A D |
25 diciembre - domingo después del 6 de enero | Navidad | 2 domingos | Blanco | Después de la celebración anual del misterio pascual la Iglesia tiene como
más venerable el hacer memoria de la Natividad del Señor y de sus primeras
manifestaciones: esto es lo que hace en el tiempo de Navidad. El tiempo de Navidad va desde las primeras Vísperas de la Navidad del Señor hasta el domingo después de la Epifanía, o después del día 6 de enero inclusive. La Misa de la Vigilia de Navidad es la que se celebra en la tarde del día 24 de diciembre, ya sea antes o después de las primeras Vísperas. El día de Navidad se puede celebrar tres Misas, según la antigua tradición romana, es decir, en la noche, en la aurora y en el día. |
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| 6 enero (o
domingo entre el 2 y el 8 de enero) |
Epifanía | 1 día | Blanco | "Hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad" | |||
| Domingo siguiente al 6 enero | Bautismo de Jesús | 1 domingo | Blanco | "Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste descender tu voz desde el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús, para que los hombres reconociesen en él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres." | |||
| O R D I N A R I O |
Día siguiente al Bautismo del Señor |
Tiempo Ordinario | 5 a 9 semanas | Verde | Además de los tiempos que tienen un carácter propio, quedan 33 o 34
semanas en el curso del año, en las cuales no se celebra algún aspecto
peculiar del misterio de Cristo; sino más bien se recuerda el mismo misterio
de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos. Este período de tiempo
recibe el nombre de tiempo ordinario. El [primer período del] tiempo ordinario comienza el lunes que sigue al domingo posterior al 6 de enero y se extiende hasta el martes antes de la Cuaresma inclusive. |
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| C U A R E S M A |
Miércoles de Ceniza | Cuaresma | 40 días | Morado | El tiempo de Cuaresma está ordenado a la preparación de la celebración de
la Pascua: la liturgia cuaresmal prepara para la celebración del misterio
pascual tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de
la iniciación cristiana, como a los fieles que recuerdan el bautismo y hacen
penitencia. El tiempo de Cuaresma va desde el miércoles de ceniza hasta la misa de la cena del Señor exclusive. Desde el comienzo de Cuaresma hasta la Vigilia pascual no se dice Aleluya. En el miércoles de Ceniza al comienzo de Cuaresma, que en todas partes es tenido como día de ayuno, se imponen las cenizas. Los domingos de este tiempo reciben el nombre de domingo I, II, II, IV, V de cuaresma. |
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| S E M A N A S A N T A |
Domingo de Ramos o Palmas | Semana Santa | 1 domingo | Rojo | El domingo sexto, en que comienza la Semana Santa, es llamado domingo de Ramos en la Pasión del Señor. | ||
| Lunes, Martes y Miércoles Santo | Semana Santa | 3 días | Morado | La Semana Santa tiene la finalidad de recordar la Pasión de Cristo desde su entrada mesiánica en Jerusalén. El Jueves Santo por la mañana, el Obispo, que concelebra la misa con sus presbíteros, bendice los santos óleos y consagra el crisma. | |||
| Jueves Santo Viernes Santo Sábado Santo |
Triduo Pascual | 3 días | Blanco Rojo Morado |
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| P A S C U A |
Centro del Año Litúrgico Domingo de Resurrección |
PASCUA | 50 días | Blanco | Los cincuenta días que van desde el domingo de resurrección hasta el
domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si
se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como "un gran
domingo". Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya. Los domingos de este tiempo son tenidos como domingos de Pascua y, después del domingo de Resurrección, son denominados domingo II, III, IV, V, VI, VII de Pascua; el domingo de Pentecostés clausura este sagrado tiempo de cincuenta días. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la octava de Pascua y se celebran como solemnidades del Señor. |
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| 40 días
después de Pascua jueves o siguiente domingo |
Ascensión | 1 día | Blanco | A los cuarenta días de Pascua se celebra la Ascensión del Señor, a no ser
que se haya trasladado al VII domingo de Pascua, donde no sea día de
precepto. Las ferias que van desde la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés inclusive preparan para la venida del Espíritu Santo. "...Cristo, Señor nuestro que después de su resurrección se apareció visiblemente a todos sus discípulos y, ante sus ojos, fue elevado al cielo para hacernos compartir su divinidad" |
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| Siguiente domingo | Pentecostés | 1 semana | Rojo | "Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo. Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas." | |||
| O R D I N A R I O |
Siguiente lunes |
Tiempo Ordinario | 21 a 25 semanas | Verde | [El segundo período del tiempo ordinario] de nuevo comienza el lunes después del domingo de Pentecostés y termina antes de las primeras Vísperas del domingo I de Adviento. | ||
| Siguiente domingo | Santísima Trinidad | 1 domingo | Blanco | "Con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad, adoramos tres Personas distintas de única naturaleza e iguales en su dignidad". | |||
| Siguiente jueves / domingo | Corpus Christi | 1 día | Blanco | "...Cristo, Señor nuestro. El cual, en la última cena con los apóstoles, para perpetuar su pasión salvadora, se entregó a sí mismo como Cordero inmaculado y Eucaristía perfecta. Con este sacramento alimentas y santificas a tus fieles, para que una misma fe ilumine y un mismo amor congregue a todos los hombres que habitan en un mismo mundo. Así, pues, nos reunimos en torno a la mesa de este sacramento admirable para que la abundancia de tu gracia nos lleve a poseer la vida celestial". | |||
| Último Domingo Ordinario | Cristo Rey | Término del Año Litúrgico | Blanco | "Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo a tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría para que ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz." |
¿Qué es el Año Litúrgico?
El Año litúrgico, (también llamado ciclo litúrgico, año
cristiano o año del Señor), es el nombre que recibe la organización
de los diversos tiempos y solemnidades durante el año en las Iglesias
cristianas, como forma de celebrar la historia de la Salvación.
Enmarcados en el año litúrgico, se
celebran distintos tiempos litúrgicos con los cuales se
relacionan los
pasajes de las Sagradas Escrituras que se proclaman en los actos de
culto, las diferentes
oraciones que se rezan, como así también los colores litúrgicos
utilizados en la vestimenta del celebrante. Si bien las
fechas de las celebraciones varían un poco entre las diferentes Iglesias
cristianas, la secuencia y lógica utilizada para su planificación son en
esencia las mismas. Tanto en Oriente como en Occidente, las fechas de
muchas
celebraciones varían de año en año, por lo general en línea con la
modificación
de la fecha de la Pascua
(asociada en el cristianismo con la resurrección de Jesús y considerada
la celebración central de la cristiandad)
a la cual se asocia buena parte de las celebraciones móviles. En el
concilio de Nicea I (325), todas las Iglesias acordaron la celebración
de
la
Pascua cristiana el domingo siguiente al plenilunio (14 de Nisán)
después del equinoccio de primavera.
La reforma del calendario de Occidente por parte del papa Gregorio XIII
(1582), con la introducción del calendario gregoriano en reemplazo del
calendario juliano, produjo un desfase de varios días en la celebración
de
la Pascua respecto del calendario litúrgico oriental. En el presente,
las
Iglesias de Occidente y de Oriente buscan un nuevo acuerdo que
posibilite
unificar la celebración de la Pascua y conduzca progresivamente hacia la
constitución de un calendario litúrgico común.
Otra diferencia entre los calendarios
litúrgicos radica en el grado de participación que se otorga a las festividades
asociadas a los santos. Las Iglesias católica, ortodoxa y anglicana presentan
calendarios litúrgicos con una participación importante de celebraciones en
honor de la Virgen María y de otros santos, lo que no se verifica en igual medida
en los calendarios de las comunidades protestantes.
En la Iglesia Católica
La Iglesia católica denomina Año litúrgico al período cíclico
anual
durante el cual celebra la historia de la salvación hecha por Cristo y
al que se distribuye en festividades y ciclos: Adviento, Navidad,
Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario. No se tratan de fechas exactas,
sino
simplemente una sacralización del curso anual de las estaciones del año y
una
composición cíclica para que en un periodo de tiempo pueda englobarse
dicha
historia de salvación.
Tiempo de Adviento
Es un período aproximado de cuatro
semanas antes de la Navidad, en
el que los latinos se preparan para celebrar la venida de Jesús en la
Navidad. “Adviento” significa venida o llegada. Se celebra con una mirada
puesta en la triple venida de Jesús, según indicaba San Bernardo: "Jesús
vino" (nacido de la Virgen María), "viene" (hoy, en los signos
de los tiempos), y "vendrá" (con gloria, al final de la historia).
El Adviento es un tiempo de alegre
espera: la espera de la llegada del Señor. Por eso los cristianos escuchan en
los textos y cantos palabras alusivas a la venida del Señor, en especial las
profecías de Isaías.
Las grandes figuras que la liturgia
presenta en este período son el profeta Isaías, San Juan Bautista, y la
Virgen María.
Las fechas del Adviento se fijan
entorno a las fechas que prepara, esto es, de la Navidad. Siempre cuenta con
cuatro domingos, aunque las semanas no sean completas. Empieza el domingo
cuarto anterior a la Navidad, que suele rondar desde el 27 de noviembre al 3 de
diciembre. Solamente si Navidad (25 de diciembre) es domingo, contará con las
cuatro semanas completas, pues siempre se cuentan los domingos anteriores a
esta festividad.
Durante el tiempo de Adviento los sacerdotes utilizan vestiduras de
color morado, como color de penitencia, mostrando así que este tiempo es de
preparación a la fiesta de la Navidad, como también se hace en Cuaresma sobre
la Pascua. Además, durante este tiempo no se dice ni se canta el Gloria, ni adornar el templo con flores, como en los demás días
de penitencia, aunque sí se conserva el canto del Aleluya antes de la proclamación del
Evangelio, omisión propia únicamente de la Cuaresma.
Sin embargo, llegados a la mitad del
tiempo, en el tercer domingo, llamado antiguamente y aun nombrado como “Gaudete”,
que significa "Gózate" (nombre tomado de la versión latina de la
antífona de entrada propia de este día, Cf. Flp. 4, 4-5, "Estad alegres en
el señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el
mundo. El Señor está cerca"), se puede suavizar el color morado de las
vestiduras con toques de blanco, utilizándose en este día vestiduras de color
rosa, si bien no es obligatorio, indicando así la alegría al acercarse ya la
festividad del nacimiento del Señor. También se puede adornar la iglesia con
algunas flores.
Dentro de este tiempo, con propiedad
considerado muy vinculado a la Virgen María, se celebra la solemnidad de
la Inmaculada Concepción, patrona de España y de algunos países de
América, y en
América Latina, la solemnidad de su patrona, Nuestra Señora de
Guadalupe. Durante las solemnidades se omite la supresión del
Gloria y de los adornos florales.
Tiempo de Navidad
Pasadas las cuatro semanas de Adviento,
la Iglesia católica apostólica romana celebra el Tiempo de Navidad, a partir de esta
solemnidad, el 25 de diciembre. Éste tiempo se extiende desde las I Vísperas de
la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, al atardecer del día 24, hasta las II Vísperas de la
Solemnidad del Bautismo del Señor, el domingo después de la Epifanía (6 de enero).
Durante estos días, la Iglesia
conmemora la venida en carne mortal de Cristo a la tierra. A pesar de que
muchos lo consideren así, no se trata de un cumpleaños ni de una fecha tomada
como exacta de este hecho histórico, sino que la elección de la fecha es
puramente simbólica, como todas las del año cristiano. De este modo, otras
confesiones cristianas celebran esta fiesta en fechas distintas. Como tiempo de
alegría, se emplean vestiduras blancas.
A pesar de que la Navidad es una fiesta
de gran importancia, el tiempo de Navidad no es uno de los tiempos considerados
"fuertes". Así, durante este tiempo, se celebran algunas fiestas que
se entremezclan entre la celebración, cosa impensable en Cuaresma o Pascua,
como San Esteban (26 de diciembre) o la Sagrada Familia, que ocupa un lugar
fijo el domingo de la octava de la Navidad.
También es creencia popular que este
tiempo termina el día de Reyes, sin embargo la Iglesia católica romana continua
conmemorando el nacimiento de Cristo y su manifestación a las naciones
(Epifanía) hasta el domingo siguiente, en que celebra la fiesta de su Bautismo
y comienzo de la vida pública. Tras el tiempo de Navidad, sigue un periodo de Tiempo Ordinario.
Tiempo de Cuaresma
La Cuaresma comprende días de preparación para la
Pascua de Resurrección, que aunque tradicionalmente han sido cuarenta,
las
reformas posteriores han hecho cambiar; actualmente empieza el Miércoles
de Ceniza y termina al comenzar la Misa de la Cena del Señor en
las primeras horas de la tarde del Jueves Santo, totalizando 43 días y
medio.
La Cuaresma recuerda a cada cristiano
su situación de pecado y la necesidad de convertirse. Están invitados a
practicar especialmente las limosnas, la oración y el ayuno. Se trata de un
tiempo de conversión. Simbólicamente también recuerda los cuarenta días que
Jesús vivió en el desierto y su lucha contra las tentaciones.
La Cuaresma incluye cinco domingos más
el Domingo de Ramos y es un período de liturgia penitencial: se utiliza
ornamentos morados, a excepción del Domingo de Ramos que es el rojo
y las solemnidades más importantes que es el blanco, no se canta el
Gloria ni
tampoco el Aleluya, tampoco se adorna el templo con flores y el órgano y
demás
instrumentos callan, a no ser que sean para sostener básicamente el
canto.
Únicamente se exceptúa el cuarto domingo, tradicionalmente llamado
"Laetare" en el que se puede cambiar de color al rosa (opcional, por
la proximidad de la Pascua, mezcla entre el morado y el blanco), se
pueden
poner algunas flores y usar instrumentos, pero sigue callado el Gloria y
por
supuesto el Aleluya. También en las solemnidades y fiestas que coincidan
-habitualmente son dos importantes: San José y la Encarnación del Señor-
pueden quitarse estos signos penitenciales, empleando
vestiduras blancas debido a la solemnidad de estas celebraciones, aunque
nunca
usar el Aleluya, que callará hasta la noche de Pascua.
Semana Santa
Estos días celebran la Pasión, Muerte y
Resurrección de Jesús. Es la celebración más importante del año litúrgico.
Comienza con el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección.
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
El Domingo de Ramos, último domingo de Cuaresma y que abre
la Semana Santa, llamado "de la Pasión del Señor", conmemora
la Pasión de Cristo, usándose el color rojo debido a que se celebra la Pasión
del Señor y leyendo los textos de la misma. Previamente se celebra la bendición
de ramos, donde son bendecidos las palmas y ramos de olivo, que porta la gente
en procesión rememorando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Una vez
concluida la procesión, comienza la misa de Pasión. En la misma se lee el
Evangelio de la Pasión del Señor, lo cual a veces corre a cargo de tres
personas: los textos en los que habla Jesús corresponderían al sacerdote, otro
lee como cronista, y los demás personajes por otro lector. Es tradicional que
las palmas se ricen y se adornen para la procesión. La celebración del Domingo
de Ramos comienza con la bendición de ramos, continúa con la procesión y
culmina con la misa de Pasión, siendo una celebración de gloria y de pasión al
mismo tiempo. Éste día tiene dos perspectivas que se unen en una sola, el
Triunfo de Cristo. Por un lado, la entrada triunfal en Jerusalén donde es aclamado
como rey. Por otro, al derramar su sangre y morir en la cruz triunfó sobre el
pecado. Por lo tanto, éste es el significado del Domingo de Ramos.
Primeros días de Semana Santa
Los primeros días de la llamada
"Semana Santa" siguen siendo tiempo de Cuaresma, por tanto, tanto el
Lunes, Martes y Miércoles Santo se usa el color morado. Son los días
"menores" dentro de la Semana Santa pero aun así son muy importantes.
En la mañana del Jueves Santo, en una celebración únicamente conservada
por
motivos prácticos -se necesitan para la Vigilia Pascual-, se celebra la
Misa
Crismal, en que el obispo de la diócesis consagra el Óleo de los
Enfermos, el
Santo Crisma y el Óleo de los Catecúmenos. Aunque
suele celebrarse el Jueves Santo por la mañana, las características
funcionales
de esta celebración permiten que sea trasladada a otros días del final
de la
Cuaresma. Toda la mañana de Jueves Santo sigue siendo tiempo de
Cuaresma, como
se transluce de los textos de la Liturgia de las Horas, que se
recomienda
encarecidamente celebrar con los fieles, en público. La Cuaresma
finaliza en la tarde del Jueves Santo en torno a las tres, antes de la
celebración de la misa vespertina de la cena del Señor.
Tiempo de Pascua
El tiempo de Pascua es el que conmemora la Resurrección del Señor: su paso
de la muerte a la vida (de ahí proviene etimológicamente la palabra Pascua, que
significa "pasar"). Comienza estrictamente con la fiesta de la Pascua
de Resurrección, si bien se considera que ya el triduo Pascual, como
celebración de este paso, forma ya parte de este tiempo, aunque algunos
liturgistas discrepen al respecto.
La elección de la fecha de Pascua tiene
como origen la consecución de las estaciones y de las fases lunares: así, se
celebra en el rito romano el domingo posterior a la primera luna llena de
primavera. Si ésta cae en domingo, siempre es al siguiente, con tal de no
coincidir con la Pascua judía, que se celebra el mismo día de la luna, según su
calendario lunar. Siempre se celebra en Domingo, según tradición apostólica,
sin tener en cuenta si fue o no el día exacto en que resucitó históricamente
Jesús. Así, puede tener lugar entre el 22 de marzo y el 25 de abril.
Triduo Pascual
El Triduo Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de
Cristo es el corazón del año litúrgico. Comprende los tres días desde las
vísperas del Jueves Santo hasta las II Vísperas del Domingo de Resurrección.
Prácticamente, ya es tiempo de Pascua, aunque tiene una consideración especial.
Jueves Santo de la Cena del Señor
El Jueves Santo, se celebra la misa vespertina de la
cena del Señor, en la que Jesús instituyó la Eucaristía, el orden
sacerdotal y
el mandamiento del amor. No es la celebración ni mucho menos principal
de estos
días, sino la Introducción al Triduo Pascual, la introducción de lo que
va a
comenzar a partir de esa misma tarde de Jueves Santo, pero
tradicionalmente se
celebra con una gran solemnidad. Se vuelve a cantar Gloria, pero no el
Aleluya.
La iglesia no se debe adornar con muchas flores, y los cantos van
enfocados a la
institución de la Eucaristía. Se sustituye el color morado de la
cuaresma de manera
especial por el blanco eucarístico. Tradicionalmente, después del
Gloria, todas
las campanas dejan de sonar y no volverán a sonar hasta la Noche Santa.
La
liturgia del Jueves Santo se suele celebrar en una misa vespertina (por
la tarde,
después de la hora nona, aprox. al caer la tarde) que se caracteriza por
la
solemnidad y emotividad de la celebración, con un ambiente en parte
festivo y
de algún modo también de alegría, que culminaran con la reserva del
Santísimo Sacramento en el Monumento. La celebración culmina de manera
tajante a continuación de la reserva del Santísimo, donde se nos informa
que la
celebración ha concluido y se nos invita a la celebración que tendrá
lugar al día
siguiente. No se imparte la bendición, pues la celebración continúa el
día
siguiente. A partir de ahí, se impondrá la sobriedad y la tristeza que
marcarán
los próximos días hasta el Domingo de Resurrección.
Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor
El Viernes Santo se recuerda la muerte de Jesús en la
cruz para salvar a la humanidad. La liturgia de este día es de una sobriedad
muy elocuente. Es el día de la Pasión y Muerte del Señor y no se celebra la
Eucaristía. Se vuelve a usar el rojo en representación de la pasión y muerte de
Jesús, color que ya se había usado en la celebración del Domingo de Ramos, y
que en este día vuelve a ser característico, empleándose vestiduras rojas.
Puntos culminantes de la liturgia de Viernes Santo son el relato de la Pasión
según san Juan, la oración universal y la adoración de la Cruz. Este es un día
de silencio y de recogimiento interno. Además, es día de ayuno y abstinencia de carne, en caso de necesidad. Tradicionalmente,
las campanas no tocan desde la tarde del Jueves Santo, por lo que en muchos
lugares se usaba una carraca para
llamar a la gente a la celebración aunque su uso se ha reducido mucho, pero se
mantiene la abstención del toque de campanas. La celebración de la muerte del
Señor se suele celebrar en torno a las tres de la tarde del Viernes Santo,
donde la iglesia queda despojada por completo de flores y adornos, quedando lo
más sobria posible en señal de duelo por la muerte de Jesús. Tanto al entrar
como al salir, los sacerdotes van en silencio. No hay canto alguno en ésta
celebración a excepción del canto durante la adoración de la cruz. Se da la
Comunión con las formas guardadas el día anterior (Jueves Santo) en el
Monumento, ya que no se celebra la Eucaristía. De nuevo y como el Jueves Santo
no se imparte la bendición, porque la celebración que se había iniciado en la
misa de la cena del Señor culminará con la Vigilia Pascual, donde se impartirá
la bendición final.
Sábado Santo de la Sepultura del Señor
El Sábado Santo es un día de silencio y de oración.
Está prohibido, como el día anterior, celebrar la Eucaristía. En este día se
suelen organizar retiros para profundizar el misterio pascual. Es conveniente
celebrar en común la Liturgia de las Horas, u otras celebraciones en torno al sepulcro del Señor, a
su cruz o a los dolores de la Virgen para las cuales el sacerdote se viste de
morado en señal de duelo y luto por la muerte de Cristo, pero cabe recordar que
no hay misa alguna éste día. El altar está despojado de todo tipo de ornato, el
Sagrario queda totalmente abierto y suele colocarse a los pies del altar una
imagen de Cristo en el sepulcro.
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Terminado el sábado, la Iglesia celebra
la Resurrección del Señor con una Vigilia Nocturna, considerada "Madre
de
todas las Vigilias" por San Agustín. Se celebra en la madrugada del
Domingo de Resurrección (y no en la noche ni en la tarde del sábado). En
esta
noche de vela, la más solemne para los católicos, se rompen los lutos
cuaresmales y se canta de nuevo el Aleluya. Esta es la noche santa, la
noche
que recuerda la victoria de Cristo sobre la muerte, la noche en que la
Iglesia
desde su comienzo se espera la segunda venida del Señor.
Los ritos de esta noche son los más
largos y solemnes de toda la liturgia romana: primero, se enciende el cirio
pascual, imagen de Cristo Resucitado, quien ilumina el mundo y los fieles, que
vienen en procesión desde la calle con esta luz, se sientan a escuchar nueve
lecturas de la Biblia que les recuerdan la historia de la salvación desde la
creación hasta la resurrección de Jesús. Se sigue con la celebración de los
sacramentos de la Pascua: el Bautismo, por el cual el hombre muere con
Cristo para luego resucitar con Él a una vida nueva (Rom 6, 8), y la Eucaristía, en la cual los Apóstoles reconocen al
Señor en la fracción del pan.
La Vigilia Pascual es la celebración
más importante, y con diferencia, de todo el año cristiano y de toda la vida
del cristiano, y debe celebrarse como tal. La mañana del domingo se celebra la
solemne Misa de Pascua, la misa del día y en la tarde, las II Vísperas
Bautismales, con procesión al baptisterio y aspersión del agua, con las que
termina el Triduo de Pascua.
Días del tiempo de Pascua
El tiempo pascual o de Pascua se
extenderá a lo largo de siete semanas (50 días). Los cincuenta días después de
Pascua se prolongan como un solo día de fiesta, como un solo gran domingo.
Durante todo este tiempo la Iglesia canta la alegría de Cristo Resucitado. Las
celebraciones son como un eco de lo que fue la noche de Pascua: se usan
vestiduras blancas, no se deja de cantar el Aleluya, se vuelve a usar el
Gloria, durante la octava de Pascua -sus primeros ocho días- cada día, y
después, cada domingo. Se adornan los templos con muchas flores, más que nunca,
y se usa música y canto.
Hacia el final de este tiempo se
celebrarán también la Ascensión y Pentecostés. La Ascensión celebra el regreso del Cristo Resucitado a la casa de su
Padre. Así, abre para todos los cristianos el camino hacia el Padre Dios. Se
confirma y manifiesta de manera solemne a Jesucristo como Señor del Universo.
Tradicionalmente se ha celebrado cuarenta días después del Domingo de
Resurrección, en jueves, si bien puede ser trasladada por motivos pastorales al
domingo siguiente.
La solemnidad de Pentecostés (que significa, cincuentena)
cierra el tiempo pascual. Celebra la venida del Espíritu Santo sobre los
Apóstoles. La tradición rito romano afirma que Jesús no deja abandonados a los suyos; al
contrario, les envía los dones necesarios. En el Antiguo Testamento era la
fiesta de la cosecha. Según san Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, es el
día en que nace la Iglesia. Se celebra cincuenta días después del domingo de
resurrección (diez días después de la Ascensión), al octavo domingo de Pascua y
con vestiduras rojas.
Tiempo ordinario o durante el año
El llamado «tiempo ordinario» o «tiempo
durante el año» integra aquellos días en los que no se celebran acontecimientos
centrales de la vida de Cristo. Ocupa la mayor parte del año, si bien en dos
periodos separados entre sí. El primero inicia tras el tiempo de Navidad y
termina antes del Miércoles de Ceniza; el segundo comienza después del tiempo de Pascua y
llega hasta antes del primer domingo de Adviento. Abarca 33 o 34 semanas, según el año.
Durante este tiempo se usan vestiduras de color verde, menos en las
celebraciones (memorias, fiestas, solemnidades) que exigen otros colores.
En esas semanas, la Iglesia de Roma
medita el Evangelio de Cristo, su predicación y ministerio previo a su Pasión.
Durante los domingos, se leen, en un ciclo trienal, los Evangelios sinópticos: se sigue el Evangelio de Mateo en el ciclo A, el Evangelio de Marcos para el ciclo B, y el Evangelio de Lucas en el ciclo C. El Evangelio de Juan se
suele reservar mayormente para los demás tiempos litúrgicos, en particular el
Tiempo de Pascua. Sin embargo, existen excepciones: algunos pasajes de los
capítulos 1 y 2 del Evangelio de Juan se usan en el segundo domingo
durante el año, y el capítulo 6 se incluye en el tiempo ordinario del ciclo B
(domingos decimoséptimo al vigesimoprimero durante el año inclusive). En las
misas entre semana (de lunes a sábado), a lo largo del año se sigue una lectura
bastante completa de los tres evangelios sinópticos, empezando por el de
Marcos, luego el de Mateo y terminando con el de Lucas.
En este tiempo hay espacio para otras
fiestas y solemnidades del Señor y de los Santos: en primer lugar,
algunas
fijas como son la fiesta de la Santísima Trinidad, el domingo después de
Pentecostés; la fiesta de Corpus Christi, tradicionalmente el jueves
siguiente
a la Trinidad, pero en la mayoría de los casos, trasladada al domingo; y
la
fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que se celebra el viernes después
de la antigua octava
de Corpus, por tanto, la semana después de esta fiesta.
Otras fiestas se desarrollan en el
tiempo ordinario, como la de San Juan Bautista,
Santiago Apóstol o la Asunción de la Virgen, entre otras. En este tiempo,
tienen mayor preferencia estas celebraciones sobre incluso los domingos, puesto
que no se celebra en concreto ningún acontecimiento singular de la historia de
Salvación, si bien, cada domingo sigue conmemorándose, desde tiempos
apostólicos, la resurrección de Cristo.
El año litúrgico finaliza con la
celebración de la solemnidad de Cristo Rey, con un sentido claramente escatológico, es decir, con la esperanza en la vida eterna.
Celebraciones de los santos durante el tiempo Ordinario
Durante las celebraciones de los
santos, se usan vestiduras de color blanco para las fiestas de Santa
María, las fiestas de Cristo que no tengan un enfoque hacia la Pasión y
la de los
demás santos que hayan muerto de forma natural o celebraciones no
martiriales.
Se usan vestiduras de color rojo para las fiestas referidas a la Pasión
de Cristo (por ejemplo, la festividad de la Santa Cruz), y a las fiestas
de los santos mártires, por
tanto, asesinados por su fe en Cristo, entre los que se incluyen los
apóstoles y evangelistas, a excepción de San Juan, apóstol y
evangelista, que no murió martirizado.
Conviene señalar que, si
existe más de una fiesta de algún santo, solo se celebra de rojo la
conmemoración de su martirio (San Juan Bautista, San Pablo, etc.)
Existe una tabla que rige el orden de
preferencia de celebración en caso de coincidencia de alguna fiesta que se debe
seguir en caso de duda.
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