lunes, 16 de mayo de 2016

Comentario a la obra "Los Sacramentos de la Vida" (Leodardo Boff, Sal Terrae Junio 2008)

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,

1.- Primera valoración de la obra.-

El autor en este libro, el hombre es el ser capaz de leer el mensaje del mundo. Vivir es leer e interpretar. Cuando las cosas comienzan a hablar y el hombre a escuchar sus voces, emerge el edificio sacramental: Todo lo real no es sino una señal. La vida en sí es un sacramento y lo cotidiano puede llegar a ser sacramental.

2.- Estructura.-

La obra se presenta dividida en catorce capítulos, siendo el último una conclusión de los trece primeros. Cada capítulo se encuentra a su vez subdivido en epígrafes, a modo de desarrollo temático.
En el primer capítulo, Boff utiliza una anáfora en el que nos dice que el Espíritu vive hoy en los “manantiales de nuestra experiencia cultural”, concluyendo que el hombre ha de ser capaz de poder “leer” ese mensaje que el mundo nos ofrece a diario. Si la señal ha de ser explicada, no es señal, ya que esta debe tener autonomía suficiente para ser entendida por el sujeto. Lo sacramental y lo simbólico, dirá Boff, constituye la realidad humana.

En el segundo y tercer capítulo, el autor usa un objeto cotidiano, un tanque de aluminio, para explicar al lector que hasta este objeto cotidiano puede llegar a ser un sacramento; siendo aquello que siempre había vivido y todos viven, ungido de una realidad diferente entre todos los objetos y captado de manera diferente por cada sujeto. Lo mismo ocurre cuando el recuerdo material de alguien, como era el caso de la colilla, adquiere una transcendencia que lo eleva al estatus de sacramento, porque según L. Boff, “estaba viva y hablaba de la vida”

En el capítulo cuarto, nuevamente un objeto de la vida diaria, adquiere la identidad de sacramento, el pan recién hecho por la madre por las mañanas. Para los hijos, ese pan adquiere la unción de sacramento, ya que por medios de los sentidos, el sujeto advierte esa realidad “diferente” a la ordinaria. El sacramento, dirá Boff, participa de dos mundos, del trascendente y del inmanente.
En el capítulo quinto, nos concluirá que el mundo es un gran sacramento, que Dios nunca es alcanzado en sí mismo. Que en él coexisten dos movimientos, uno que viene de Dios hacia la cosa y otro que va de la cosa hacia Dios, siendo Este captado en el objeto. La vocación del hombre consiste en convertirse en hombre sacramental.

En el capítulo sexto, séptimo, octavo y noveno, Boff nos dirá que la vida en la historia, va abriendo caminos, que la gente lee el sentido de la vida a partir de un pasado que culmina en un presente. Dirá que sacramento es todo cuando se contempla a partir y a la luz de Dios. Nos dirá que Jesús de Nazaret es llamado el sacramento por excelencia, presentado como sacramento frontal de Dios. La Iglesia es el sacramento de Cristo. Dirá igualmente, que la fe en el Señor que vivifica el credo, se encarna en las instituciones y vive en las tradiciones Por último, Boff nos dice, que en los principales nudos existenciales de la vida, se concretizan los principales sacramentos de la fe.

En el capítulo décimo, Boff explica en qué sentido es Jesucristo el autor de los sacramentos,  y el paso vertical de los sacramentos de Dios a los sacramentos de Cristo.

Prosigue el capítulo undécimo hasta el décimo cuarto, que la palabra es por excelencia el sacramento revelador y comunicador de cada persona. Así mismo actúan “ex opere operato”, visibiliza, una vez es realizado el rito, teniendo la garantía de que Dios y Jesucristo están ahí presentes. Solo la acogida humilde del fiel el sacramento se realiza plenamente. Que lo “sim-bólico” mal entendido puede ser degenerado en “dia-bólico”, esto es, que si el sacramento no es expresión de fe, se diluye su dimensión simbólica.

A modo de conclusión, en el capítulo décimo cuarto, el autor termina con dieciocho proposiciones, para resumir de alguna manera, el “universo sacramental”

3.- Valoración.-

Boff usa el método deductista para presentar la obra y su desarrollo, va desde lo universal (la sociedad general) a lo particular (el sacramento). Para ello, el autor estructura la obra desde los distintos aspectos sociológicos a tener en cuenta en una sociedad, realizando en muchos casos un paralelismo convexo, que en su origen va de la mano y en su desarrollo diverge de manera progresiva, hasta crear una distancia que puede ser yuxtapuesta en los distintos hitos y aspectos cotidianos.

El trabajo final de L. Boff, resulta muy recomendable para el unas primeras pinceladas del entendimiento general de sacramento.

4.- Juicio Global.-

Tras lo expuesto anteriormente, a mi juicio, la obra presenta exposición mediante anáforas y otros recursos literarios,  de la sacramentalidad de nuestra vida diaria, de la sacramentalidad del mundo en donde vivimos y de que somos parte sustancial de esa realidad, no reconocida por todos pero sí experimentada.

En dieciocho proposiciones, nos expone de una forma sencilla una realidad compleja, percibida por todos pero en ocasiones no interpretada, de ahí que el hombre para que pueda recibir la gracia del rito, deba estar con el corazón abierto y preparado. De no ser así, estos signos contenidos en los ritos, pueden convertirse en “antisignos”.

El sacramento, solo es sacramento en el horizonte de la fe […] Sacramento con conversión es salvación.