lunes, 16 de mayo de 2016

El Año Litúrgico, ¿qué es y en qué consiste?

Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
  • Introducción. La Liturgia tras el Sacrosanctum Concilium
  • Esquema-Resumen Año Litúrgico
  • ¿Qué es el Año Litúrgico?
  • En la Iglesia católica
    • 1.1 Tiempo de Adviento
    • 1.2 Tiempo de Navidad
    • 1.3 Tiempo de Cuaresma
      • 1.3.1 Semana Santa
      • 1.3.2 Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
      • 1.3.3 Primeros días de Semana Santa
    • 1.4Tiempo de Pascua
      • 1.4.1Triduo Pascual
        • 1.4.1.1Jueves Santo de la Cena del Señor
        • 1.4.1.2Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor
        • 1.4.1.3Sábado Santo de la Sepultura del Señor
        • 1.4.1.4Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
      • 1.4.2Días del tiempo de Pascua
    • 1.5Tiempo ordinario o durante el año
    • 1.6Celebraciones de los santos durante el tiempo Ordinario
Introducción General.- El cincuenta aniversario de la constitución litúrgica

El día 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, el papa Francisco ha clausurado el Año de la fe. El papa Benedicto XVI lo había proclamado e iniciado el día 11 de octubre de 2012, en el quincuagésimo aniversario de la apertura del concilio ecuménico Vaticano II. El comienzo del Año de la fe coincidió con el recuerdo agradecido de dos grandes eventos, que han marcado el rostro de nuestra Iglesia de hoy: los cincuenta años pasados desde la apertura del concilio Vaticano II por voluntad de San Juan XXIII (11 de octubre de 1962) y los veinte años desde la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica, legado a la Iglesia por san Juan Pablo II

En diciembre de 2013 celebramos un nuevo aniversario. El día 4 de diciembre de 2013 se cumplieron cincuenta años de la promulgación de la constitución litúrgica Sacrosanctum Concilium. El aniversario encierra historia, reflexión y compromiso. El tiempo pasa veloz con sus meses, días y horas. Ha transcurrido medio siglo desde que el papa San Juan XXIII iniciara el concilio ecuménico Vaticano II (11 de octubre de 1962). Era casi ayer cuando la nave de la basílica de San Pedro se llenaba de obispos, procedentes de los cinco continentes, de toda raza, lengua y cultura. En todo el mundo se leían con interés las crónicas de los periodistas acreditados ante la Sede Apostólica, las intervenciones de los obispos y las anécdotas curiosas. Fue un acontecimiento seguido por todas las Iglesias particulares.

Al año siguiente, el día 4 de diciembre de 1963, se aprobaba en el aula, con 2147 votos favorables y 4 en contra, el primer documento conciliar, la constitución litúrgica Sacrosanctum Concilium. La unanimidad de la votación demostraba el interés por la liturgia. Los padres conciliares, antes de reflexionar y discutir sobre temas importantes para la vida y el bien de la Iglesia, quisieron iniciar sus tareas por la liturgia, por el culto que la Iglesia tributa a Dios Padre por Jesucristo y en el Espíritu Santo.

Hoy, la Iglesia conmemora los cincuenta años. Eleva sus manos al cielo y agradece a Dios Padre el don del Concilio y el paso del Espíritu Santo. Hace memoria del evento y se compromete a poner en práctica sus enseñanzas. Sea nuestra oración agradecida y sincera. La celebración de la Eucaristía nos una a esta acción de gracias y de súplica. La constitución conciliar Sacrosanctum Concilium y la reforma litúrgica posterior no han surgido improvisadamente con el Concilio. La constitución se ha fraguado desde el inicio del movimiento litúrgico, la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, en el XX. La constitución es considerada como el punto de llegada de un largo camino y un fruto maduro de estudios e investigaciones. No podemos olvidar que a todos los que han contribuido en el movimiento litúrgico les movía su gran amor a la liturgia y a la Iglesia.

Acompañaron al movimiento litúrgico otros tres, y todos se enriquecieron mutuamente. El movimiento patrístico se dedicó principalmente a la publicación de los textos de los Padres; el bíblico promovió el interés por la Biblia y, por último, el movimiento ecuménico abrió fronteras de hermandad.

San Pío X fue el primer papa que habló de la “participación activa” de los fieles en las celebraciones litúrgicas. No fue el concilio, sino -mucho antes en el motu proprio Tra le Sollecitudini (del 22 de noviembre de 1903). Por otro lado, el monje Lambert Beauduin es considerado como el padre del movimiento litúrgico por su famoso discurso en 1909 en Malinas, Bruselas. Pío XII realizó importantes reformas litúrgicas, casi inconcebibles en aquel tiempo. La reforma comenzó en el corazón mismo de la liturgia, cuando en 1951 restauró la Vigilia pascual, devolviéndole su espíritu primitivo y nocturno. En 1955 completó la reforma de toda la Semana Santa. Estableció nuevas leyes sobre el ayuno eucarístico y las misas vespertinas, etc. Se ha afirmado que el siglo XX es el siglo de la liturgia.

El movimiento litúrgico, a las puertas del concilio Vaticano II, estaba en su momento álgido. Pío XII, en la encíclica Mediator Dei, había trazado los principios teológicos y pastorales y había rechazado como erróneas algunas definiciones de la liturgia. El terreno estaba preparado para la constitución conciliar e iniciar la reforma litúrgica. Las ideas del Proemio de la Sacrosanctum Concilium estaban entresacadas de las orientaciones dadas por el papa San Juan XXIII en su alocución Gaudet Mater Ecclesia. La constitución litúrgica recogía los objetivos del Vaticano II. El primero se fijó en el crecimiento de la vida cristiana, y para conseguirlo era preciso proveer a la reforma y al fomento de la liturgia (SC 1). La renovación de la Iglesia, el ecumenismo y la acción misionera estaban estrechamente ligadas entre sí y dependían en gran parte del modo en que la Iglesia celebraba y vivía la liturgia. La constitución litúrgica traza las líneas generales de la reforma litúrgica. Era imposible redactarla si antes no se hubiera reflexionado sobre las fuentes bíblicas y patrísticas, litúrgicas y teológicas. En el texto conciliar subyacen dos líneas claves: el fundamento doctrinal y las orientaciones pastorales. Entre los principios doctrinales se pueden indicar los siguientes: la liturgia se enmarca en la Historia de la Salvación, historia centrada en la Pascua de Cristo. En la celebración litúrgica se actualiza la historia salvífica y el misterio pascual de Cristo. El Espíritu Santo, el gran mistagogo, santifica los signos sacramentales. También se da gran relieve a la Palabra de Dios, casi olvidada durante muchos siglos.

La relación liturgia e Iglesia, presentada por el texto conciliar, ayudó y ayuda a superar el clericalismo y el individualismo. Se acentúa el concepto teológico de la Iglesia como sacramento de la unidad, pueblo santo, congregado en asamblea litúrgica, expresión de la Iglesia local. La liturgia hace la Iglesia y la Iglesia hace la liturgia. La Iglesia se manifiesta en la liturgia y se convierte en misionera porque la liturgia es la cumbre y la fuente de toda la actividad de la Iglesia. Los padres conciliares estaban preocupados por la formación litúrgica permanente y circunstancial. La reforma litúrgica que prescinda de la formación peligra caer en el vacío o el arbitrio. La constitución, además, de los principios doctrinales, indica los aspectos pastorales. La pastoral se fundamenta en la doctrina y la doctrina se proyecta a la pastoral. Las dos forman una unidad. Menciono solamente algunos puntos más sobresalientes de la pastoral o praxis. La adaptación de las oraciones y de los ritos fue un reto de la Iglesia para las Iglesias particulares. Merece mención especial el uso de la lengua vernácula. En algunas naciones europeas se introdujo antes del concilio la lengua vernácula en algunos momentos celebrativos.

Dos innovaciones han contribuido al ecumenismo y al acercamiento con nuestros hermanos ortodoxos. La concelebración y la comunión con el cáliz han ayudado a suavizar las relaciones con las Iglesias orientales. Ha transcurrido este tiempo entre luces y sombras, y ha sido un tiempo agitado por ideologías que han perjudicado a la reforma y a la renovación litúrgica.

Las ideologías eran de dentro y fuera de la Iglesia. El camino de la reforma ha sido difícil. No se han comprendido sus objetivos, se han suscitado ambigüedades y se ha creado confusionismo. En pocos años la Iglesia ha realizado un importante trabajo, la reforma litúrgica más importante de la historia. Ha sido un esfuerzo histórico y gigante. Se ha valorado el patrimonio litúrgico heredado y se ha enriquecido por el progreso.

Las fuentes litúrgicas han contribuido a que las comunidades cristianas se renovaran y profundizaran en el espíritu litúrgico. Nuestra mirada al pasado nos tiene que iluminar y animar para vivir nuestro futuro. Hemos recibido una herencia rica en fe y en eucología. El L aniversario de la constitución Sacrosanctum Concilium nos invita a conservar fielmente lo recibido, ofrecer con generosidad su gran riqueza a las generaciones presentes y futuras. La liturgia es de todos los siglos; da vida y renueva a la Iglesia; es la celebración del Misterio pascual de Cristo. La liturgia es el gran río en el que confluye toda la actividad de la Iglesia y la fuente en la que el fiel bebe siempre el agua viva.

Esquema-Resumen General del Año Litúrgico
  Ciclo
Litúrgico
Tiempo /
Fiesta
Duración Colores
y Signos
Sentido
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Inicio del Año Litúrgico Adviento 4 domingos Morado
Corona de Adviento
El Tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre.

El tiempo de Adviento comienza con las primeras Vísperas del domingo que cae 30 de noviembre o es el más próximo a este día, y acaba antes de las Vísperas de Navidad.

Los domingos de este tiempo se denominan domingo I, II, III, IV de Adviento.

Las fiestas del 17 al 24 de diciembre tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad.
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25 diciembre - domingo después del 6 de enero Navidad 2 domingos Blanco Después de la celebración anual del misterio pascual la Iglesia tiene como más venerable el hacer memoria de la Natividad del Señor y de sus primeras manifestaciones: esto es lo que hace en el tiempo de Navidad.

El tiempo de Navidad va desde las primeras Vísperas de la Navidad del Señor hasta el domingo después de la Epifanía, o después del día 6 de enero inclusive.

La Misa de la Vigilia de Navidad es la que se celebra en la tarde del día 24 de diciembre, ya sea antes o después de las primeras Vísperas. El día de Navidad se puede celebrar tres Misas, según la antigua tradición romana, es decir, en la noche, en la aurora y en el día.
6 enero (o domingo entre
el 2 y el 8 de enero)
Epifanía 1 día Blanco "Hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad"
Domingo siguiente al 6 enero Bautismo de Jesús 1 domingo Blanco "Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste descender tu voz desde el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús, para que los hombres reconociesen en él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres."
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Día siguiente al
Bautismo del Señor
Tiempo Ordinario 5 a 9 semanas Verde Además de los tiempos que tienen un carácter propio, quedan 33 o 34 semanas en el curso del año, en las cuales no se celebra algún aspecto peculiar del misterio de Cristo; sino más bien se recuerda el mismo misterio de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos. Este período de tiempo recibe el nombre de tiempo ordinario.

El [primer período del] tiempo ordinario comienza el lunes que sigue al domingo posterior al 6 de enero y se extiende hasta el martes antes de la Cuaresma inclusive.
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  Miércoles de Ceniza Cuaresma 40 días Morado El tiempo de Cuaresma está ordenado a la preparación de la celebración de la Pascua: la liturgia cuaresmal prepara para la celebración del misterio pascual tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de la iniciación cristiana, como a los fieles que recuerdan el bautismo y hacen penitencia.

El tiempo de Cuaresma va desde el miércoles de ceniza hasta la misa de la cena del Señor exclusive. Desde el comienzo de Cuaresma hasta la Vigilia pascual no se dice Aleluya.

En el miércoles de Ceniza al comienzo de Cuaresma, que en todas partes es tenido como día de ayuno, se imponen las cenizas.

Los domingos de este tiempo reciben el nombre de domingo I, II, II, IV, V de cuaresma. 
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Domingo de Ramos o Palmas Semana Santa 1 domingo Rojo El domingo sexto, en que comienza la Semana Santa, es llamado domingo de Ramos en la Pasión del Señor.
Lunes, Martes y Miércoles Santo Semana Santa 3 días Morado La Semana Santa tiene la finalidad de recordar la Pasión de Cristo desde su entrada mesiánica en Jerusalén. El Jueves Santo por la mañana, el Obispo, que concelebra la misa con sus presbíteros, bendice los santos óleos y consagra el crisma.

Jueves Santo
Viernes Santo
Sábado Santo
Triduo Pascual 3 días Blanco
Rojo
Morado
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Centro del Año Litúrgico
Domingo de Resurrección
PASCUA 50 días Blanco Los cincuenta días que van desde el domingo de resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como "un gran domingo". Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya.

Los domingos de este tiempo son tenidos como domingos de Pascua  y, después del domingo de Resurrección, son denominados domingo II, III, IV, V, VI, VII de Pascua; el domingo de Pentecostés clausura este sagrado tiempo de cincuenta días.

Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la octava de Pascua y se celebran como solemnidades del Señor.
40 días después de Pascua
jueves o siguiente domingo
Ascensión 1 día Blanco A los cuarenta días de Pascua se celebra la Ascensión del Señor, a no ser que se haya trasladado al VII domingo de Pascua, donde no sea día de precepto.

Las ferias que van desde la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés inclusive preparan para la venida del Espíritu Santo.
"...Cristo, Señor nuestro que después de su resurrección se apareció visiblemente a todos sus discípulos y, ante sus ojos, fue elevado al cielo para hacernos compartir su divinidad"
Siguiente domingo Pentecostés 1 semana Rojo "Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre los que habías adoptado como hijos por su participación en Cristo. Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos; el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas."
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Siguiente
lunes
Tiempo Ordinario 21 a 25 semanas Verde [El segundo período del tiempo ordinario] de nuevo comienza el lunes después del domingo de Pentecostés y termina antes de las primeras Vísperas del domingo I de Adviento.
Siguiente domingo Santísima Trinidad 1 domingo Blanco "Con tu único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que, al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna Divinidad, adoramos tres Personas distintas de única naturaleza e iguales en su dignidad".
Siguiente jueves / domingo Corpus Christi 1 día Blanco "...Cristo, Señor nuestro. El cual, en la última cena con los apóstoles, para perpetuar su pasión salvadora, se entregó a sí mismo como Cordero inmaculado y Eucaristía perfecta. Con este sacramento alimentas y santificas a tus fieles, para que una misma fe ilumine y un mismo amor congregue a todos los hombres que habitan en un mismo mundo. Así, pues, nos reunimos en torno a la mesa de este sacramento admirable para que la abundancia de tu gracia nos lleve a poseer la vida celestial".
Último Domingo Ordinario Cristo Rey Término del Año Litúrgico Blanco "Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo a tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría para que ofreciéndose a sí mismo como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana, y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz."

¿Qué es el Año Litúrgico?

El Año litúrgico, (también llamado ciclo litúrgico, año cristiano o año del Señor), es el nombre que recibe la organización de los diversos tiempos y solemnidades durante el año en las Iglesias cristianas, como forma de celebrar la historia de la Salvación.

Enmarcados en el año litúrgico, se celebran distintos tiempos litúrgicos con los cuales se relacionan los pasajes de las Sagradas Escrituras que se proclaman en los actos de culto, las diferentes oraciones que se rezan, como así también los colores litúrgicos utilizados en la vestimenta del celebrante. Si bien las fechas de las celebraciones varían un poco entre las diferentes Iglesias cristianas, la secuencia y lógica utilizada para su planificación son en esencia las mismas. Tanto en Oriente como en Occidente, las fechas de muchas celebraciones varían de año en año, por lo general en línea con la modificación de la fecha de la Pascua (asociada en el cristianismo con la resurrección de Jesús y considerada la celebración central de la cristiandad) a la cual se asocia buena parte de las celebraciones móviles. En el concilio de Nicea I (325), todas las Iglesias acordaron la celebración de 
la Pascua cristiana el domingo siguiente al plenilunio (14 de Nisán) después del equinoccio de primavera. La reforma del calendario de Occidente por parte del papa Gregorio XIII (1582), con la introducción del calendario gregoriano en reemplazo del calendario juliano, produjo un desfase de varios días en la celebración de la Pascua respecto del calendario litúrgico oriental. En el presente, las Iglesias de Occidente y de Oriente buscan un nuevo acuerdo que posibilite unificar la celebración de la Pascua y conduzca progresivamente hacia la constitución de un calendario litúrgico común.

Otra diferencia entre los calendarios litúrgicos radica en el grado de participación que se otorga a las festividades asociadas a los santos. Las Iglesias católica, ortodoxa y anglicana presentan calendarios litúrgicos con una participación importante de celebraciones en honor de la Virgen María y de otros santos, lo que no se verifica en igual medida en los calendarios de las comunidades protestantes.

En la Iglesia Católica

La Iglesia católica denomina Año litúrgico al período cíclico anual durante el cual celebra la historia de la salvación hecha por Cristo y al que se distribuye en festividades y ciclos: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario. No se tratan de fechas exactas, sino simplemente una sacralización del curso anual de las estaciones del año y una composición cíclica para que en un periodo de tiempo pueda englobarse dicha historia de salvación.

Tiempo de Adviento

Es un período aproximado de cuatro semanas antes de la Navidad, en el que los latinos se preparan para celebrar la venida de Jesús en la Navidad. “Adviento” significa venida o llegada. Se celebra con una mirada puesta en la triple venida de Jesús, según indicaba San Bernardo: "Jesús vino" (nacido de la Virgen María), "viene" (hoy, en los signos de los tiempos), y "vendrá" (con gloria, al final de la historia).

El Adviento es un tiempo de alegre espera: la espera de la llegada del Señor. Por eso los cristianos escuchan en los textos y cantos palabras alusivas a la venida del Señor, en especial las profecías de Isaías.

Las grandes figuras que la liturgia presenta en este período son el profeta Isaías, San Juan Bautista, y la Virgen María.

Las fechas del Adviento se fijan entorno a las fechas que prepara, esto es, de la Navidad. Siempre cuenta con cuatro domingos, aunque las semanas no sean completas. Empieza el domingo cuarto anterior a la Navidad, que suele rondar desde el 27 de noviembre al 3 de diciembre. Solamente si Navidad (25 de diciembre) es domingo, contará con las cuatro semanas completas, pues siempre se cuentan los domingos anteriores a esta festividad.

Durante el tiempo de Adviento los sacerdotes utilizan vestiduras de color morado, como color de penitencia, mostrando así que este tiempo es de preparación a la fiesta de la Navidad, como también se hace en Cuaresma sobre la Pascua. Además, durante este tiempo no se dice ni se canta el Gloria, ni adornar el templo con flores, como en los demás días de penitencia, aunque sí se conserva el canto del Aleluya antes de la proclamación del Evangelio, omisión propia únicamente de la Cuaresma.
Sin embargo, llegados a la mitad del tiempo, en el tercer domingo, llamado antiguamente y aun nombrado como “Gaudete”, que significa "Gózate" (nombre tomado de la versión latina de la antífona de entrada propia de este día, Cf. Flp. 4, 4-5, "Estad alegres en el señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca"), se puede suavizar el color morado de las vestiduras con toques de blanco, utilizándose en este día vestiduras de color rosa, si bien no es obligatorio, indicando así la alegría al acercarse ya la festividad del nacimiento del Señor. También se puede adornar la iglesia con algunas flores.

Dentro de este tiempo, con propiedad considerado muy vinculado a la Virgen María, se celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción, patrona de España y de algunos países de América, y en América Latina, la solemnidad de su patrona, Nuestra Señora de Guadalupe. Durante las solemnidades se omite la supresión del Gloria y de los adornos florales.

Tiempo de Navidad

Pasadas las cuatro semanas de Adviento, la Iglesia católica apostólica romana celebra el Tiempo de Navidad, a partir de esta solemnidad, el 25 de diciembre. Éste tiempo se extiende desde las I Vísperas de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, al atardecer del día 24, hasta las II Vísperas de la Solemnidad del Bautismo del Señor, el domingo después de la Epifanía (6 de enero).

Durante estos días, la Iglesia conmemora la venida en carne mortal de Cristo a la tierra. A pesar de que muchos lo consideren así, no se trata de un cumpleaños ni de una fecha tomada como exacta de este hecho histórico, sino que la elección de la fecha es puramente simbólica, como todas las del año cristiano. De este modo, otras confesiones cristianas celebran esta fiesta en fechas distintas. Como tiempo de alegría, se emplean vestiduras blancas.

A pesar de que la Navidad es una fiesta de gran importancia, el tiempo de Navidad no es uno de los tiempos considerados "fuertes". Así, durante este tiempo, se celebran algunas fiestas que se entremezclan entre la celebración, cosa impensable en Cuaresma o Pascua, como San Esteban (26 de diciembre) o la Sagrada Familia, que ocupa un lugar fijo el domingo de la octava de la Navidad.
También es creencia popular que este tiempo termina el día de Reyes, sin embargo la Iglesia católica romana continua conmemorando el nacimiento de Cristo y su manifestación a las naciones (Epifanía) hasta el domingo siguiente, en que celebra la fiesta de su Bautismo y comienzo de la vida pública. Tras el tiempo de Navidad, sigue un periodo de Tiempo Ordinario.

Tiempo de Cuaresma

La Cuaresma comprende días de preparación para la Pascua de Resurrección, que aunque tradicionalmente han sido cuarenta, las reformas posteriores han hecho cambiar; actualmente empieza el Miércoles de Ceniza y termina al comenzar la Misa de la Cena del Señor en las primeras horas de la tarde del Jueves Santo, totalizando 43 días y medio.

La Cuaresma recuerda a cada cristiano su situación de pecado y la necesidad de convertirse. Están invitados a practicar especialmente las limosnas, la oración y el ayuno. Se trata de un tiempo de conversión. Simbólicamente también recuerda los cuarenta días que Jesús vivió en el desierto y su lucha contra las tentaciones.

La Cuaresma incluye cinco domingos más el Domingo de Ramos y es un período de liturgia penitencial: se utiliza ornamentos morados, a excepción del Domingo de Ramos que es el rojo y las solemnidades más importantes que es el blanco, no se canta el Gloria ni tampoco el Aleluya, tampoco se adorna el templo con flores y el órgano y demás instrumentos callan, a no ser que sean para sostener básicamente el canto. Únicamente se exceptúa el cuarto domingo, tradicionalmente llamado "Laetare" en el que se puede cambiar de color al rosa (opcional, por la proximidad de la Pascua, mezcla entre el morado y el blanco), se pueden poner algunas flores y usar instrumentos, pero sigue callado el Gloria y por supuesto el Aleluya. También en las solemnidades y fiestas que coincidan -habitualmente son dos importantes: San José y la Encarnación del Señor- pueden quitarse estos signos penitenciales, empleando vestiduras blancas debido a la solemnidad de estas celebraciones, aunque nunca usar el Aleluya, que callará hasta la noche de Pascua.
Semana Santa
Estos días celebran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es la celebración más importante del año litúrgico. Comienza con el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección.
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor
El Domingo de Ramos, último domingo de Cuaresma y que abre la Semana Santa, llamado "de la Pasión del Señor", conmemora la Pasión de Cristo, usándose el color rojo debido a que se celebra la Pasión del Señor y leyendo los textos de la misma. Previamente se celebra la bendición de ramos, donde son bendecidos las palmas y ramos de olivo, que porta la gente en procesión rememorando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Una vez concluida la procesión, comienza la misa de Pasión. En la misma se lee el Evangelio de la Pasión del Señor, lo cual a veces corre a cargo de tres personas: los textos en los que habla Jesús corresponderían al sacerdote, otro lee como cronista, y los demás personajes por otro lector. Es tradicional que las palmas se ricen y se adornen para la procesión. La celebración del Domingo de Ramos comienza con la bendición de ramos, continúa con la procesión y culmina con la misa de Pasión, siendo una celebración de gloria y de pasión al mismo tiempo. Éste día tiene dos perspectivas que se unen en una sola, el Triunfo de Cristo. Por un lado, la entrada triunfal en Jerusalén donde es aclamado como rey. Por otro, al derramar su sangre y morir en la cruz triunfó sobre el pecado. Por lo tanto, éste es el significado del Domingo de Ramos.
Primeros días de Semana Santa
Los primeros días de la llamada "Semana Santa" siguen siendo tiempo de Cuaresma, por tanto, tanto el Lunes, Martes y Miércoles Santo se usa el color morado. Son los días "menores" dentro de la Semana Santa pero aun así son muy importantes. En la mañana del Jueves Santo, en una celebración únicamente conservada por motivos prácticos -se necesitan para la Vigilia Pascual-, se celebra la Misa Crismal, en que el obispo de la diócesis consagra el Óleo de los Enfermos, el Santo Crisma y el Óleo de los Catecúmenos. Aunque suele celebrarse el Jueves Santo por la mañana, las características funcionales de esta celebración permiten que sea trasladada a otros días del final de la Cuaresma. Toda la mañana de Jueves Santo sigue siendo tiempo de Cuaresma, como se transluce de los textos de la Liturgia de las Horas, que se recomienda encarecidamente celebrar con los fieles, en público. La Cuaresma finaliza en la tarde del Jueves Santo en torno a las tres, antes de la celebración de la misa vespertina de la cena del Señor.

Tiempo de Pascua

El tiempo de Pascua es el que conmemora la Resurrección del Señor: su paso de la muerte a la vida (de ahí proviene etimológicamente la palabra Pascua, que significa "pasar"). Comienza estrictamente con la fiesta de la Pascua de Resurrección, si bien se considera que ya el triduo Pascual, como celebración de este paso, forma ya parte de este tiempo, aunque algunos liturgistas discrepen al respecto.

La elección de la fecha de Pascua tiene como origen la consecución de las estaciones y de las fases lunares: así, se celebra en el rito romano el domingo posterior a la primera luna llena de primavera. Si ésta cae en domingo, siempre es al siguiente, con tal de no coincidir con la Pascua judía, que se celebra el mismo día de la luna, según su calendario lunar. Siempre se celebra en Domingo, según tradición apostólica, sin tener en cuenta si fue o no el día exacto en que resucitó históricamente Jesús. Así, puede tener lugar entre el 22 de marzo y el 25 de abril.

Triduo Pascual

El Triduo Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo es el corazón del año litúrgico. Comprende los tres días desde las vísperas del Jueves Santo hasta las II Vísperas del Domingo de Resurrección. Prácticamente, ya es tiempo de Pascua, aunque tiene una consideración especial.
Jueves Santo de la Cena del Señor
El Jueves Santo, se celebra la misa vespertina de la cena del Señor, en la que Jesús instituyó la Eucaristía, el orden sacerdotal y el mandamiento del amor. No es la celebración ni mucho menos principal de estos días, sino la Introducción al Triduo Pascual, la introducción de lo que va a comenzar a partir de esa misma tarde de Jueves Santo, pero tradicionalmente se celebra con una gran solemnidad. Se vuelve a cantar Gloria, pero no el Aleluya. La iglesia no se debe adornar con muchas flores, y los cantos van enfocados a la institución de la Eucaristía. Se sustituye el color morado de la cuaresma de manera especial por el blanco eucarístico. Tradicionalmente, después del Gloria, todas las campanas dejan de sonar y no volverán a sonar hasta la Noche Santa. La liturgia del Jueves Santo se suele celebrar en una misa vespertina (por la tarde, después de la hora nona, aprox. al caer la tarde) que se caracteriza por la solemnidad y emotividad de la celebración, con un ambiente en parte festivo y de algún modo también de alegría, que culminaran con la reserva del Santísimo Sacramento en el Monumento. La celebración culmina de manera tajante a continuación de la reserva del Santísimo, donde se nos informa que la celebración ha concluido y se nos invita a la celebración que tendrá lugar al día siguiente. No se imparte la bendición, pues la celebración continúa el día siguiente. A partir de ahí, se impondrá la sobriedad y la tristeza que marcarán los próximos días hasta el Domingo de Resurrección.
Viernes Santo de la Pasión y Muerte del Señor
El Viernes Santo se recuerda la muerte de Jesús en la cruz para salvar a la humanidad. La liturgia de este día es de una sobriedad muy elocuente. Es el día de la Pasión y Muerte del Señor y no se celebra la Eucaristía. Se vuelve a usar el rojo en representación de la pasión y muerte de Jesús, color que ya se había usado en la celebración del Domingo de Ramos, y que en este día vuelve a ser característico, empleándose vestiduras rojas. Puntos culminantes de la liturgia de Viernes Santo son el relato de la Pasión según san Juan, la oración universal y la adoración de la Cruz. Este es un día de silencio y de recogimiento interno. Además, es día de ayuno y abstinencia de carne, en caso de necesidad. Tradicionalmente, las campanas no tocan desde la tarde del Jueves Santo, por lo que en muchos lugares se usaba una carraca para llamar a la gente a la celebración aunque su uso se ha reducido mucho, pero se mantiene la abstención del toque de campanas. La celebración de la muerte del Señor se suele celebrar en torno a las tres de la tarde del Viernes Santo, donde la iglesia queda despojada por completo de flores y adornos, quedando lo más sobria posible en señal de duelo por la muerte de Jesús. Tanto al entrar como al salir, los sacerdotes van en silencio. No hay canto alguno en ésta celebración a excepción del canto durante la adoración de la cruz. Se da la Comunión con las formas guardadas el día anterior (Jueves Santo) en el Monumento, ya que no se celebra la Eucaristía. De nuevo y como el Jueves Santo no se imparte la bendición, porque la celebración que se había iniciado en la misa de la cena del Señor culminará con la Vigilia Pascual, donde se impartirá la bendición final.
Sábado Santo de la Sepultura del Señor
El Sábado Santo es un día de silencio y de oración. Está prohibido, como el día anterior, celebrar la Eucaristía. En este día se suelen organizar retiros para profundizar el misterio pascual. Es conveniente celebrar en común la Liturgia de las Horas, u otras celebraciones en torno al sepulcro del Señor, a su cruz o a los dolores de la Virgen para las cuales el sacerdote se viste de morado en señal de duelo y luto por la muerte de Cristo, pero cabe recordar que no hay misa alguna éste día. El altar está despojado de todo tipo de ornato, el Sagrario queda totalmente abierto y suele colocarse a los pies del altar una imagen de Cristo en el sepulcro.
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
Terminado el sábado, la Iglesia celebra la Resurrección del Señor con una Vigilia Nocturna, considerada "Madre de todas las Vigilias" por San Agustín. Se celebra en la madrugada del Domingo de Resurrección (y no en la noche ni en la tarde del sábado). En esta noche de vela, la más solemne para los católicos, se rompen los lutos cuaresmales y se canta de nuevo el Aleluya. Esta es la noche santa, la noche que recuerda la victoria de Cristo sobre la muerte, la noche en que la Iglesia desde su comienzo se espera la segunda venida del Señor.
Los ritos de esta noche son los más largos y solemnes de toda la liturgia romana: primero, se enciende el cirio pascual, imagen de Cristo Resucitado, quien ilumina el mundo y los fieles, que vienen en procesión desde la calle con esta luz, se sientan a escuchar nueve lecturas de la Biblia que les recuerdan la historia de la salvación desde la creación hasta la resurrección de Jesús. Se sigue con la celebración de los sacramentos de la Pascua: el Bautismo, por el cual el hombre muere con Cristo para luego resucitar con Él a una vida nueva (Rom 6, 8), y la Eucaristía, en la cual los Apóstoles reconocen al Señor en la fracción del pan.
La Vigilia Pascual es la celebración más importante, y con diferencia, de todo el año cristiano y de toda la vida del cristiano, y debe celebrarse como tal. La mañana del domingo se celebra la solemne Misa de Pascua, la misa del día y en la tarde, las II Vísperas Bautismales, con procesión al baptisterio y aspersión del agua, con las que termina el Triduo de Pascua.

Días del tiempo de Pascua

El tiempo pascual o de Pascua se extenderá a lo largo de siete semanas (50 días). Los cincuenta días después de Pascua se prolongan como un solo día de fiesta, como un solo gran domingo. Durante todo este tiempo la Iglesia canta la alegría de Cristo Resucitado. Las celebraciones son como un eco de lo que fue la noche de Pascua: se usan vestiduras blancas, no se deja de cantar el Aleluya, se vuelve a usar el Gloria, durante la octava de Pascua -sus primeros ocho días- cada día, y después, cada domingo. Se adornan los templos con muchas flores, más que nunca, y se usa música y canto.
Hacia el final de este tiempo se celebrarán también la Ascensión y Pentecostés. La Ascensión celebra el regreso del Cristo Resucitado a la casa de su Padre. Así, abre para todos los cristianos el camino hacia el Padre Dios. Se confirma y manifiesta de manera solemne a Jesucristo como Señor del Universo. Tradicionalmente se ha celebrado cuarenta días después del Domingo de Resurrección, en jueves, si bien puede ser trasladada por motivos pastorales al domingo siguiente.
La solemnidad de Pentecostés (que significa, cincuentena) cierra el tiempo pascual. Celebra la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. La tradición rito romano afirma que Jesús no deja abandonados a los suyos; al contrario, les envía los dones necesarios. En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha. Según san Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, es el día en que nace la Iglesia. Se celebra cincuenta días después del domingo de resurrección (diez días después de la Ascensión), al octavo domingo de Pascua y con vestiduras rojas.

Tiempo ordinario o durante el año

El llamado «tiempo ordinario» o «tiempo durante el año» integra aquellos días en los que no se celebran acontecimientos centrales de la vida de Cristo. Ocupa la mayor parte del año, si bien en dos periodos separados entre sí. El primero inicia tras el tiempo de Navidad y termina antes del Miércoles de Ceniza; el segundo comienza después del tiempo de Pascua y llega hasta antes del primer domingo de Adviento. Abarca 33 o 34 semanas, según el año. Durante este tiempo se usan vestiduras de color verde, menos en las celebraciones (memorias, fiestas, solemnidades) que exigen otros colores.

En esas semanas, la Iglesia de Roma medita el Evangelio de Cristo, su predicación y ministerio previo a su Pasión. Durante los domingos, se leen, en un ciclo trienal, los Evangelios sinópticos: se sigue el Evangelio de Mateo en el ciclo A, el Evangelio de Marcos para el ciclo B, y el Evangelio de Lucas en el ciclo C. El Evangelio de Juan se suele reservar mayormente para los demás tiempos litúrgicos, en particular el Tiempo de Pascua. Sin embargo, existen excepciones: algunos pasajes de los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Juan se usan en el segundo domingo durante el año, y el capítulo 6 se incluye en el tiempo ordinario del ciclo B (domingos decimoséptimo al vigesimoprimero durante el año inclusive). En las misas entre semana (de lunes a sábado), a lo largo del año se sigue una lectura bastante completa de los tres evangelios sinópticos, empezando por el de Marcos, luego el de Mateo y terminando con el de Lucas.

En este tiempo hay espacio para otras fiestas y solemnidades del Señor y de los Santos: en primer lugar, algunas fijas como son la fiesta de la Santísima Trinidad, el domingo después de Pentecostés; la fiesta de Corpus Christi, tradicionalmente el jueves siguiente a la Trinidad, pero en la mayoría de los casos, trasladada al domingo; y la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que se celebra el viernes después de la antigua octava de Corpus, por tanto, la semana después de esta fiesta.
Otras fiestas se desarrollan en el tiempo ordinario, como la de San Juan Bautista, Santiago Apóstol o la Asunción de la Virgen, entre otras. En este tiempo, tienen mayor preferencia estas celebraciones sobre incluso los domingos, puesto que no se celebra en concreto ningún acontecimiento singular de la historia de Salvación, si bien, cada domingo sigue conmemorándose, desde tiempos apostólicos, la resurrección de Cristo.

El año litúrgico finaliza con la celebración de la solemnidad de Cristo Rey, con un sentido claramente escatológico, es decir, con la esperanza en la vida eterna.

Celebraciones de los santos durante el tiempo Ordinario

Durante las celebraciones de los santos, se usan vestiduras de color blanco para las fiestas de Santa María, las fiestas de Cristo que no tengan un enfoque hacia la Pasión y la de los demás santos que hayan muerto de forma natural o celebraciones no martiriales. Se usan vestiduras de color rojo para las fiestas referidas a la Pasión de Cristo (por ejemplo, la festividad de la Santa Cruz), y a las fiestas de los santos mártires, por tanto, asesinados por su fe en Cristo, entre los que se incluyen los apóstoles y evangelistas, a excepción de San Juan, apóstol y evangelista, que no murió martirizado. 

Conviene señalar que, si existe más de una fiesta de algún santo, solo se celebra de rojo la conmemoración de su martirio (San Juan Bautista, San Pablo, etc.)

Existe una tabla que rige el orden de preferencia de celebración en caso de coincidencia de alguna fiesta que se debe seguir en caso de duda.