Por Cristóbal Manuel Calvo Santiago,
Joseph Ratzinger (Benedicto XVI), comienza este capítulo con el
pasaje del arresto de Juan del Bautista: “... está cerca el Reino de Dios;
convertíos y creed la Buena Noticia”, en el que el evangelista Marcos describe
el comienzo de la vida pública de Jesús. Por ende, Mateo nos dice que “recorría
toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino
[…]. Ambos evangelistas definen el anuncio de Jesús como “Evangelio”.
La palabra evangelio es una transformación del mundo
hacia el bien. Se trata de un mensaje con autoridad que no es solo palabra,
sino también una realidad. Es un discurso operativo, acción, penetrante en el
mundo, salvándolo y transformándolo. Marcos habla del “Evangelio de Dios”.
El contenido central del evangelio es que “el Reino
de Dios está cerca”. La cristología es el centro de la predicación apostólica
después de la Pascua. Loisy diría que “Jesús anunció en Reino de Dios y ha
venido la Iglesia”.
También habla de la interpretación que se le ha dado
a la palabra “reino” en la historia de la Iglesia y en el especial en los
Santos Padres, dándole una triple dimensión:
a)
dimensión
cristológica (encubierta)
b)
idealista
(se encuentra en el interior del hombre)
c)
eclesiástica
(relación de Reino de Dios e Iglesia)
En la teología del siglo XIX y XX se habla de
Iglesia como Reino de Dios en la tierra, Reino de Dios en la historia. El obrar
moral de cada uno sería lo decisivo para entrar a formar parte del reino o
quedar fuera. El reino estaría más allá de la ética.
La teología liberal finalizó con la I Guerra
Mundial. El Reino de Dios se debía entender en sentido estrictamente
escatológico. Bloch desarrolló una teología de la esperanza: la fe como una
participación activa en la construcción del futuro.
Antes del concilio, dominaba el eclesiocentrismo,
después, cristocentrismo y posteriormente a un teocentrismo. Es necesario dar
el paso al reinocentrismo. “Reino” significaría un mundo en el que reinan la
paz, la justicia y la salvaguardia de la creación.
Nos dice también que el respeto por las tradiciones
religiosas es solo aparente. Se las considera como una serie de costumbres que
hay que dejar a la gente, aunque en el fondo no cuenten para nada.
Con la expresión “reino de los cielos” se habla de
Dios, que está tanto aquí como allá, que transciende infinitamente nuestro
mundo, pero también es íntimo a él.
Se habla de la soberanía de Dios sobre el mundo.
Jesús anuncia simplemente a Dios, nos dice: Dios existe y además Dios es
realmente Dios. Dios actúa ahora. Más que reino de Dios deberíamos hablar de
“ser soberano de Dios”
Nos anuncia una esperanza para el futuro. La figura
del “hijo del hombre” que es quien debe establecer la soberanía. Jesús fue un
israelita de verdad.
Hay una interpretación idealista: el Reino de Dios
es algo que se encuentra en el interior del hombre. El que está entre nosotros
es el “Reino de Dios”, solo que no lo conocemos, a través del amor que llega
hasta el extremo, hasta la cruz. Él mismo es el tesoro y la comunión con Él, la
perla preciosa (parábola del tesoro).
Finaliza diciendo que el “ethos” llega a ser
verdaderamente él mismo. El Reino de Dios solo podemos entenderlo desde la
totalidad de su mensaje.